Poemario

Publicado: julio 8, 2017 en Poemario

 

 

 

COMO ACORDAMOS (1)

 

Hasta el último renglón de esta calavera,

De corazón abrumado por donde pisas

Desde la tinta roja del juicio que perdí,

A Miami, Estocolmo o las griegas islitas,

Pegado a tu grupa con el alma te seguí.

 

Es cierto estuve aquí, fantasma de día,

vampiro de la noche que nunca termina,

excusándome ante un policía o de codeína,

hasta ver nacer el sol mirando donde estás.

 

Mientras, tú alunizabas en el hall del Prat,

de Tesalónica, que dirán cuando les cuente,

con un amor nuevo en el cristal, insondable

de unas Ray-Ban, graduadas para no verme.

 

Y vuelta a hacerse cargo del Rubí aquél,

De los tendederos y los patios de luces,

De las reyertas, los altramuces y el anaquel,

De la alacena donde buscar a fondo una ley,

Que te absuelva del tedio, como hacer café.

 

Del cafetín de la plaza Lesseps, a la Bonanova,

Si no mola Barcelona, sondeas el Corte Inglés,

Y apilar otra vez y morderte las uñas,

Y a acuñar sin saberlo, hojas de literatura.

 

Que nos va a quedar si todo es confitura,

Más que darte un beso en el fondo del alma,

si no te llamo, acuérdate, me llamas,

como tarde a los treinta, como acordamos.

 

 

ANUNCIO CLASIFICADO (2)

 

Como al docto Gabo, a mi también,

El olor de las almendras amargas,

me evoca el amor contrariado

cual magdalenas Proustianas.

 

Una reminiscencia que vaga,

Cascarrilea mis venas errante,

aquel primer amor  doliente

aún lo llevo arenando el alma.

 

Luego a los amores corrientes,

Por desasistidos los saludaba,

Al pasar raudos como aviones,

Apenas verlos, ya no los miraba

 

Alguna me acusó de cadáver,

Otra, de alevosa indiferencia,

Una tercera buscaba otra cosa,

La visa correhuela de inocencia.

 

Que indecencia lo del dinero

Pero el poder es lo que apremia,

En el reino de los poderosos,

Los osos van buscando miel.

 

Hay también seres perfectos

Tanto mas levantan peso,

Tanto menos seso traigan,

Ay mujeres, ustedes verán.

 

Un coloso orgullo espiritual

Me lleva el coche abollado,

Desaliñado el cabello,

Anacrónico el gusto musical,

 

La capa vieja, la barba poblada,

Yo no soy ningún moderno,

Mal que os agrade es cierto,

no llevo rastas, no rapeo,

 

Ni las llantas tan pulgadas,

Ni enzarcillo mis orejas

Por miedo a perder oído,

Y no quiero tener un titulo.

 

No voto ningún partido

Al tenerme por honesto,

Ni el gesto hago del mandito

De bajarme un Politono.

 

Ay mujeres, que les digo,

No puedo ofertarles nada,

Mis músculos son huesos

Mis camisas de once varas.

 

Valga saberme un extraño

Rara Avis, Gregorio, bicho raro,

Si algún año extraordinario,

Me encuentro una extraña

Que abriendo un diccionario,

 

Al inquirir la voz Amor,

No se sirva de un antónimo

Que ejerza lo contrario, pues,

Ya  tuve un amor despiadado.

 

Que ya anduve aletargado

Hibernando los veranos,

Que ya no quiero ser pasto,

De la desalmada vocacional,

 

De la correccional ,oiga,

De los trajes a medida,

Servida queda la bebida,

De absenta item de rutina,

 

De la comú verge Moreneta,

De teta respingona y seria,

Que ni es verge ni morena,

Pero quiere que la quieran.

 

Líbreme el alto centinela,

De la vela medio encendida,

Que se viene cual se vuelve,

Que no se parte la camisa,

 

Líbreme de la risa y el llanto

Plastificado, oropel o de recreo,

Más la que apueste con su vida,

A sus pies, ocioso, me tiene el primero.

 

 

EL DOBLE (3)

 

* A propósito del libro del mismo título de F. Dostoievski

 

Derrelicto marqués de cabra,

Dueño absoluto de ni un comino,

Doble de sí mismo sr.Goliadkín

¿Es usted o soy yo los que nos miran?

 

¿Duda acaso del habitante que le habita?

Pero eso son todo soflamas baladí,

Casos absurdos, quien lo ignora,

Llegada la hora será usted entero y resuelto.

 

Las neuropatías son máquinas de tabaco,

El temblor del metro, el color del semáforo,

El viento…, tales intrigas un hombre en blanco

 

Teniéndose al lado habla consigo;

“- Que befas intrigará mi enemigo, umm…

Hasta me ha robado mis propios zapatos…-”.

 

 

DE MABELES Y FEDERICOS (4)

 

Para huir de Mabeles y Federicos,

De sus salmos y escapularios por montera,

Urgué litúrgica cera de uno de mis oídos

Y atasqué la cerradura de la puerta.

 

Desamortizando erarios de castilla,

Amortizó el abuelo la Gris camisa

Con charrateras cobrizas de general,

Sin mas jaez que saberse posicionar

A la sombra del árbol más fuerte.

Luego transmite el transunto aprendido

De desdeñar frijoles en aras de chorizo,

Testamentando inter vivos sus diamantes

Al primogénito de catorce lozanos hijos,

Abonado vip a un círculo de feas artes,

Que es petimetre y facsímile del padre ,

Y reclinado orador del rosario sin una errata.

Su mayor utilidad pública; si dios lo avala

pasto de los exquisitos metres Tupinawa

 

Hasta el hocico de Mabeles y Federicos

De sus arreos y executorias por montera,

De la alta estofa que los mantiene vivos,

Les personé al verdadero Cristo

De la mano de María Lagartera

 

Desde chinorris mi afición ha sido,

Pisotear con zanco de madera

A los señores su chaqué de lino,

Vituperando, sometiendo a patíbulo,

Escupiendo por el zurdo colmillo,

En sus panegíricos en pos de la guerra.

Llevan carne y hueso bajo el anillo,

Ceden sus niños aun imberbes a la Obra,

Zozobran en doble vida de busconas de acera,

Cambalaches sus cuentas allende el Pacífico,

Y paseito al  negro tílburi en los  días de fiesta,

Que son todos, en virtud del noble oficio,

De robar al pobre para darle al rico.

 

 

DAMA FRANCESA EN LA PUERTA DE UN CLUB  (5)

 

Indomable potra albina,

Afrancesada y pingo

Ligera y amateur,

Odalisca de arén

Axila de algodón,

Etérea como gas

Labios de ocasión

Minifalda de cristal.

 

Putón te dicen,

Las que encelas,

Por puta y por guapa

Se las cae la baba.

 

Dadora de vida

Conejera sin truco,

Heredípeta  de músicos

Numen de mis pajas

Mujer mundana,

Casquivana y perdida

Publica y en pelotas,

O con ropa.

 

Putón te dicen,

Mi madamoiselle,

Cuando en el cruze

Pides pasaje.

 

Artista de sensualidad,

Lumpen del barrio bajo,

Quinientos más propina

Por que rozara el badajo,

Bajo la bombilla mate

De tu cuarto leonera,

bajo tu cabellera preso

Sosteniéndome la mirada

 

Putón te dicen,

Rodeado de éter,

Tu colchón de farfolla

Tan caminado.

 

Camisa de cretona,

La novia del mundo,

tetamen pedrascoso

pro bono público,

pues das cuanto eres

carcañal huesudo,

sol de piel, miel en vena,

irradiación y efluvio agrio,

la quijada raspa

y tu, virgen santa,

te contraes mordisqueando

tu carnoso labio.

 

Putón te dicen

Más yo te nombro,

Por demérito impropio

Santa y alma virgen,

Del desperfecto,

Del desahuciado

Del dado de la oca.

Bendita sea tu boca,

De entre todas las bocas,

Benditos tus besos ahora,

Y en la hora de mi muerte,

Cuando claudique el corazón,

O reviente de soledad,

Quiera Alá que sea en tu catre,

A horcajadas, mi putón.

 

 

PIÉLAGOS DE PIEL (6)

 

La piel  nombrada daguerrotipo del alma,

La piel de leche; la piel ninfomaníaca,

La piel sumariada y olvidada aún chismea,

En  los juzgados de farfolla y cuatro patas.

 

El piélago de piel albina de la lesbiana,

La piel que emana Martini y monises,

La sangrante piel de la tórrida mulata,

El pellejo a la carta de las ínclitas actrices.

 

La piel de ocasión a loncha por billete,

Membrete de sobre con  pecas de sol,

Sin sanción, sin sello ni lugar de remite,

Que repite en el alma como un ajo triste.

 

Dermis apiadada que lame mis cicatrices,

La piel body cream, salada y escurridiza,

En los hoteles de putas y tristes felatríces,

Hay tres suites reales por cada luna postiza.

 

La piel es quien firma los tratos de carne,

La parte contratante, sentencia en firme,

La piel juez y gobernante, decreto, plebiscito,

De un amore mio bon jorno; de un triste adío.

 

 

A UNA HOJA CUYA RAMA NO EXISTE  (7)

 

Dama y cocotte, Dadá y paisajista de interiores,

Maltratada por el seso, condenada a ser icono

Del próvido y el grosero, la panadera, los viticultores,

echan el resto mirándote sólo por el rabillo del coño.

 

En el mentidero provincial la gente bien mira mal,

La gente común no ve y todos se conducen peor

Cruzas el bazar cual Edén surge del hormigón,

Con el chic de lo francés, con el pulso suburbial,

 

La mirada casi material que toca como un dedo,

El hipocampo navegando allá en el ángulo diédrico,

Diz veneno lento?… no tengo prisa y sabe a caramelo.

 

Bajo la ociosa divisa de no prohibirme lo prohibido,

Estoy fuera de mí cuando no estoy adentro tuyo,

Marilyn del subdesarrollo tengo mono del anís de tu risa.

 

 

EVITA (8)

 

Pagué, sin soltura ni concesión,

solté primero el fajo

y con la pereza del deslucido

subí el primer escalón:

-Sos vos el primero,

ignorando a un quinceañero

que no me dio ni un empujón,

-Buenas noches señorita,

que bonita noche hoy,

no pretendo ser un Lord

pero gracias por la cita

La conocían como Evita

y el mercado ardía

cuando al sol de mediodía

ufana y coqueta

se quitaba la levita.

Y justo eso hice yo

tal que Aníbal en Cartago

espabilado por un joint,

tomé a la deidad

para después más animado

conquistar la ciudad.

Jesús que muslos

Yahvé nos salve

comadrona de los impulsos de la carne,

pábulo del miserable,

pulso del cadáver,

luz del olvidado,

hado de virgen de Israel

y sin embargo,

trasegada cada día

cada hora desmembrada

de ablución en ablución,

limpiándose las manchas

miserables de la vida.

Entre muelles estridentes

de su cuello columpiaba

agitado por la monta

un rabo de Beduíno

totem de buena agüera,

no había equívoco alguno,

y supe que era ella.

 

Pero la luz de la luna

entró en la habitación

pude ver la cicatriz

en el alma de cholula,

y que cosa tan oscura,

y que miedo lo que vi,

y que pobre criatura,

dios se apiade de mi.

Salté del colchón

cual liebre furtiva,

sin soltura ni concesión

como quien ha visto a dios,

con la avidez del perseguido

sorteé el último escalón

y corrí calle arriba.

Siglos pasé

sin saber de Evita,

visitando cantinas

que no eran la suya

para eludir la noticia.

Pero esta mañana,

día gris donde los haya

mientras echaba un trago

en la fuente de la plaza

un gaucho me ha contado

afligido y cabizbajo,

que de nada le ha servido

a la risueña Evita

la cola de Beduíno…

el virus se la ha llevado.

De madrugada la encontraron

bajo el puente del río vida,

hundida por la corriente,

con la rueca aún inserta

colgando de su mano.

 

 

TRATADO DE REFLEXIÓN (9)

 

La imaginación es la herramienta

Portentosa del ingenio

Vacua en el hombre llano

Condenado al sepelio

De lo tangible y nada más.

Mientras el hombre sensible

En quien esta virtud se encarna

Es dado a construir imperios

Con un astil de costilla

Y un corazón de manzana.

Sin embargo el sufrimiento

Es Indeleble en su alma

El miedo absoluto

Es el precio que paga.

TRATADO DE REFLEXIÓN (10)

 

Fe empirista; ni somos ni seremos

El devenir es un camelo

Nada trajimos, nada llevaremos.

 

 

ALTER EGO (11)

 

Me vi cruzando la finca del horizonte;

Ahora todas las nubes están en mi cabeza

Soy la lluvia que cae sobre la arena

Soy tu brújula desquiciada sin norte

 

Cuando es de día soy tu noche

Soy la angustia que te priva de certeza

Soy el yo que habita tu conciencia

Y si te hundes seré tu resorte

 

El trocito de vida que te saque a flote

Cuando tu mundo pierda su color

Cuando  la perfidia clave sus uñas en tu corazón

Y sucumbas a la hipocresía del hombre

 

Soy tu dolor tras el puñal de esa mirada

También soy tu falta de valor

El recuerdo cuando sales al balcón

Y evita que rompas tu alma contra la calzada,

Cerrando ventanas.

 

Soy tú frío y tú calor, tu llanto y tu alegría

El consejo sabio que nunca te sabes dar

Cuando lo necesitas soy tu disfraz

Y si te pierdes la luz de guía.

 

Cuando despunte el último suspiro del amanecer,

Y atrapado en el tiempo inmortal

Te veas flotando sólo en la inmensidad;

De tu mano allí estaré.

 

 

CHICA DE LA SEGUNDA FILA (12)

 

Corazón de melón, ojos de cereza

Certeza de amor, sangre alterada

Taconea tacón con esa gracia

Andares altivos de musa

De la blusa azul apretada

Crecen dos fresones con azúcar

 

De la fruta del pubis rasurada

Mermelada con canela en rama

Las lianas intrincadas de su pelo

Llaman a mis dedos

No lo puedo evitar

Y si me lanza una mirada

Con efecto, cruzada

Me cago de miedo

Me he vuelto a enamorar.

 

 

DISQUISICIÓN ENTRE LO BUSCADO Y LO ENCONTRADO (13)

 

Sujeto al vacío

Con notas que brotan

Alrededor mío.

Aliviado el gaznate

Evoco del tronco raído

Petulante escarcha

Y aromado vino,

Traes en tinajas

Sin embargo

Cien puñados

De grasiento pez

Que han

Si es menester

De darme muerte

Y en el tártaro aquél

Del pensamiento lóbrego

Encontrarte,

De nuevo encontrarte,

Oh mujer!

 

 

OCCIDENTE SANGRIENTO (14)

 

Los vientos que soplan del sur

Traen gritos y sollozos cálidos

A nuestro respirar fresco de Abedul

 

Que confort de vida aquí

Donde no falta ni un pábulo

Llenando cada barrica.

 

Cuando llega ese Simún

Trae resuellos intranquilos

Y gruñidos de famélicos niños

Con las tripas henchidas de aire

Del continente rojo baja la sangre

Que riega nuestros frutos

Quiera dios que el alma ecuánime

Les devuelva sus tributos.

 

Y no caigan más en vano

Que el brutal asesinato

Abra paso a la conciencia

Del hombre para el hombre

Igual a sus coetáneos.

 

 

MEZZOTINT CON ECCEMA EN EL PÓMULO (15)

 

Vuelven las calcificaciones a mi alma

Los celos de nuevo enmarañan

El intestino grueso, el delgado, el bazo,

El vino rancio, el pulgar, el ánimo desanimado.

Cuando el  mundo se vuelve inmundo

Mi hado de gran viajero disoluto

De porte altivo y estúpido hedonista

Se embute en un chaqué de luto;

No hay un año que acabe bien

Mi triste esqueleto al lado del tuyo.

 

De vuelta a las tabernas bucaneras

Donde a la Bucán la carne se cuece

Convenzo a esa pantera con un soneto.

Ella me peina la raya a un lado

Y tenemos algunos excesos,

Excesos en un excusado

(Unos chicos beben agua en el baño)

Accede por la cremallera, me baja la piel

Y no estaba mal y bailaba con alegría.

 

Pero despierto dormido, tirado mal,

Y con el hambre del que no ha comido nada;

Y a nada me saben los besos

Si no pienso, cerrando los ojos con fuerza,

Que son aquellos los tuyos y estos míos

Los labios que ahora se besan,

Y aunque me pese es la única puerta

Para huir de ti sin concurrir la fría celda,

Ni degustar el cianuro, ni incurrir en reyerta,

No hay un año que acabe bien

Mi triste esqueleto al lado del tuyo.

 

Subyugado a la catástrofe inminente

De vivir el hoy como el último día

No puedo saciar esta sed inacabable

Si tengo las entrañas perforadas

Y Busco en la estela de la vida;

¿Porque?, ¿Por qué?, ¿Por qué?,

Una explicación a tu marcha

Y sólo hay manchas resecas,

Confusión y botellas vacías,

La postiza criatura que fingimos

A lomos de mi espinazo ha puesto un yugo

No hay un daño que acabe bien

Mi triste esqueleto al lado del tuyo.

 

 

TIERRA (ocno) (16)

 

Lo que la tierra un día te quiso dar

Mañana temprano te lo quitará

Y será tierra que sobre tu cuerpo arrojarán

Y será la tierra la que te llamará

 

Como llamó a otros que en ella ahora están,

Quien sabe quien hay en tu maceta

Quien sabe, misterios de la tierra.

 

La tierra da vida y quita vida,

Tierra axioma por determinar

Tierra cobriza, cuantos secretos ocultarás.

 

A cuantos como yo has visto pasar

Muda y silenciosa

Cuanta sabiduría has de llevar

Tierra; sueño de eternidad.

 

Tierra que has visto crecer

Al hombre desde su ancestral niñez

Tierra pleistocena, tierra medieval

Tierra infinita, tierra inmortal.

 

Ayer todos adoraban dioses

Los pintaban y colgaban de un altar

A ellos debían su existencia

Y en agradecimiento les ofrecían su bondad

 

Ahora conocemos nuestra historia

Borrascosa y entamada, incierta y viva,

Árida y seca, fecunda y morena,

Oh! Madre tierra!

 

Cuantas contiendas has visto librar?

Cuantos desengaños ocultarás?

Ay! si contigo pudiera hablar

Como lo hace Fito con el mar.

 

 

EL RÍO DE TUS OJOS (17)

 

El río manso de tus ojos

Tristes de necesidad

Ya no arrastra abrojos

Sabe donde mirar

 

El río manso de tus ojos

No quiere dar a la mar

Requiebra el silencio roto

De un corazón sin palpitar

 

El río manso de tus ojos

Ya no nace en mi jardín

Se marchitaron las flores

Todo oscurece sin ti.

 

El río manso de tus ojos

En su corriente me llevó

Por cinturones sin salida

Y cremalleras sin pasión.

 

El río manso de tus ojos

Bebe de otro manantial

Cansado de mi saliva

Y filosofía de diván.

 

El río manso de tus ojos

De mi charco se escurrió

Me dejaste sólo el barro

Y te llevaste el amor.

 

 

 DAFNE (18)

(A Silvia)

 

Dafne hija del río

Envidia de la Luna

Piel tersa y blanquecina

Suave contoneo

De mar y de espuma.

Carne de avena

Se mueve sobre mí

Me mira fijamente

Inunda mi sentir.

 

Y cuando me mira

No se que decir

“son tan verdes tus ojos

capaces de teñir

de verde la luna,

mi alma de gris”

efímera como un soplo

de humo blanco de hachís.

 

Su piel me conmueve

No parece de aquí,

Es blanca muy blanca

Como el cielo del Cadí.

No siente amor

Pero algo ha de sentir

A palmos de su alma

Estalla una guerra incivil.

 

En el mapa de tu espalda

Que es el cielo añil

Cascaraja de naranja

Esta carta te escribí

Con la sierra de los dientes

Y el corazón en la boca

Esta carta que escribí

¿A quien se la doy yo ahora?

 

 

SUEÑO DE UNA NOCHE DE OCTUBRE (19)

 

Con el rabo del ojo pude verte,

Y tocarte, en mi fábula nocturna.

Me mirabas y disimulabas

Disimulabas y bebías

Cocías mi corazón

Y reías con tus amigas.

De pronto tu sonrisa,

Con ejércitos de nubes

Pululantes como cielos,

Llegó hasta mi vista,

Y el camelo de tu risa

Y la arista de tus ojos

Rodearon mi corazón,

Y sentí aquello que dicen

Se parece al salto libre

A volar desde un avión.

 

Jengibre y Ron eran tus besos

Cálidos como almohadas,

Mojados y cosquilleantes,

Y tu lengua sabia encontraba

Con soltura mis puntos turgentes,

Y alicientes no faltaban

Pues tu falda se libraba

De esas piernas por ventura,

Mi mano firme buscaba

Lentamente la hendidura,

Y abriste los ojos

Como un dos de oros

Y coros de gospel

Sonaron a la palmada de mis manos,

Y enanos con boina

Salieron de sus redomas,

Y pequeños diablos quevedianos

Blandiendo extraños aparatos

Recitaban viejos poemarios

Ya olvidados.

 

Las flores siempre mustias,

Salvajes treparon

Por las blancas paredes,

Con las cuencas

Olvidadas por sus laureles.

La delicada sábana

Henchida como por un fantasma,

Revelaba la pinga vertical,

Que adquiría en su mutación

Un tamaño descomunal.

Y Tú, hembra pícara,

Alcanzabas cotas de calor

Casi tropicales,

Y en desparrame aquoso

Brotó de tus manantiales

Saladísima agua y un olor,

Tan infame como excitante.

Y resolví como el avestruz

Meter mi cabeza en la cálida tierra,

Execrando los secretos

Por coquetos e ignotos,

Más reservados de tu estirpe,

Y la sin hueso que insiste

Escudriñando cada rincón,

Con fuerza y pasión

De tus paredes biológicas,

Y en la cuerda floja

Gimes y aúllas, gata loca,

Como si dolor te inflingiese,

Pero sé que no lo hago

Por que casi sin reparo

Agarras mi testuz

Y la inmovilizas con fuerza

Justo en medio de tu cruz,

Meridiano de los meridianos

Que cruzan la tierra,

Puerta de Troya de la entrepierna.

 

El periplo submarino

Agotó sus divinos frutos

Y salí al aire limpio

Tras la última cascada,

Tú, agotada y avergonzada,

De tí por tus gruñidos,

Yacías tendida en la cama.

Tras un breve descanso

De un salto te incorporas

En posición fetal invertida,

De modo que tu cara

Quedó ante mis rodillas,

Y en circular ondanada

Alegres nos devoramos.

Nos amamos por doquier,

Por cada salmo y epíteto

Por cada rincón muerto,

Una elegía carnal,

Un carnaval de besos,

Una bacanal de aprehestos

De esos que cuesta olvidar.

 

Pero los dos,

Criaturas inocentes

Dejadas de la mano de dios,

Jinetes alados

En el edén del amor,

Sin riendas ni engaños

Desnudos de calor,

Alegres nos montamos

En nuestros corceles,

E incesantes cabalgamos

Sin movernos del cuarto,

Hasta que la ciencia y naturaleza

Conspiraron en contra nuestra,

Y que tristeza el saberlo

Pero el magma del volcán,

Es magma sólo por serlo

Y tiende por condensación

A salir al exterior,

Y que cotidiana eventualidad

Que después de esto siempre ocurra;

La gravedad.

 

Al salir del portón

La calle gris

Hoy no lo es,

Y entono al aire

“In troibo ad altare dei”

 

 

PRECISO URGENTE (20)

 

Ya no queda nada

En un ataque de amnesia

Rompí todas tus cartas

A tus recuerdos hago autopsia

 

Mi alma fue mesa

Apoyada sobre nada

Trato de levantarla

Por tierra cae tirada

Preciso urgente clavo o pata

 

Que pobres los objetos

Que pueblan esta casa

Te llevaste la bombilla

Y bajaste las persianas

 

Mi alma fue nuez

Con visos de ser chafada

Tan cómodo el mortero

No vi venir la vara

Preciso urgente pegamento o ensalada

 

Bramó el banquero con lisonja

Pues bajé ayer a la caja

Tu chica ha dejado los fondos

A cotas siberianas

 

Mi alma fue fortín

Con almenas y blindada

Que fácil te fue abrir

Carmín, trencitas y falda.

Preciso urgente instalador de alarmas.

 

Ojos rojo-vidriosos sin parpadeo

Hendido el metal en la carne

Suelo ausentarme antes

De que me mate la tarde

 

Mi alma fue reo

Ante tribunal ciudadano

Me diste la eximente

Por estar intoxicado

Preciso clínica con suelo acolchado.

 

 

POR LO QUE MÁS QUIERAS (21)

 

Me prometí no ahogarme

Y arrastrándome me encuentro cada día

El sueño es que llegue la noche

por soñar con el principio

verte en cada resquicio de la ciudad

en cada lugar nuestro

me está haciendo mucho mal

 

Que triste esta vida

Cuando buscas unicornios

Y encuentras balas

Que encañonan tus costillas

Y en la mirilla el mundo

Como un depredador

Viniéndose encima tuyo

 

Al pozo al que he caído

no hay soga que me alcance

ni luz que penetre al filo

pues la lucha es conmigo mismo

de verte aunque no estés

y teñirme de tristeza

y abrumarme con la bruma

que envuelve mi cabeza

y  pedirle a la luna

tráela de vuelta

por lo que más quieras.

 

 

LETI (22)

 

Quien dijo Soria es Machado

Me pica…que Soria es Leticia

Desde el manantial ajado

Por años de bocas sedientas

A la cuesta añeja… todo es ella.

De la cabaña del río que los niños

Destablamos en primavera

A la hilera de juncos del puerto piqueras

Todo es ella…

 

Cuantas veces en su casa

La visité sin estar ella

Y grité su nombre con fuerza

Sin más respuesta que la estela

De la luna que asustada

Me miraba con tristeza

 

Las cárdenas roquedas del poeta

Son tretas para guarecerme

Del cobalto-azul de sus ojeras

Entamadas por la niebla

Al volver de la verbena

Todo es ella…

 

Otras veces en la arena

A la vereda del río seco

En tiempos tan repleto

De amor y algarabía

Gravé sus siete letras

Esperando que las viera

Pero debo de ser fuerte:

Todo mengua, nada queda.

 

 

TRATADO DE REFLEXIÓN III (23)

 

Reivindicación contra el mes de Marzo

 

¿Quién fué? ¿Quién puso a Marzo en medio de nuestros días? ¿Fuiste tu Cronos, furioso en tu trono de arena fina quien dispuso el calendario de lunas, o fue la misma espuma del mar en su beso eterno a las playas Etruscas la que decidió importunarnos de esta manera, o tal vez quien afirma ser sangre de cordero y transustancia proteica –inter corpore- con su vara de Fresno, recia y majestuosa, quien ordenó tallar en dos tablas acaso, entre los microsurcos y corpúsculos de las piedras y con escritura micénica anterior a él mismo, el ideario del tiempo incluyendo a Marzo?.

Las cortezas de los árboles están negras en Marzo, las espaldas de los escorpiones negros siguen aún debajo de las rocas campeando el invierno. Muy astutamente nadie apuesta por la primavera por que Marzo es gris. No es el blanco de los tejados colmados de nieve cálida ni el tostado ambarino de la piel en primavera, ni frío ni calor, ni carne ni pescado, ni odio ni amor, ni monárquico ni republicano, ni silencio ni estruendo, el justo punto de equilibrio en el segmento medio de la demanda de estufas mantas y petucos, y la comezón sudorosa e incipiente oferta de toallas disparatadas de colores y cubos y castillos de playa. Eso es Marzo; falta de decisión, y es que este mes no tiene idiosincrasia ni carácter, no se moja nunca…y esto trae al orbe y al panal de abejarrucos que lo sobreabundan lóbregas consecuencias:

  • Quién llamó en Marzo?
  • Nadie llamó.
  • ¿Se firmó en Marzo acaso, de aquél año seis del segundo milenio después del alumbramiento del profeta cuyos huesos son dos sextercios de santísima trinidad, ponderados a peso según la diáspora del libro viejo, por fin el estatuto de autonomía del mundo?
  • Me consta que no.
  • ¿Quizá tuvimos noticia en Marzo, compañera alma, de aquella muchacha sonrojada y coqueta, bella como el espejo de las sirenas, que llenó de luz cuatro años de nuestras vidas entamadas y cuya éjira culminó en la región boscosa de los Fiordos, en la Costa Sueca?
  • Sin noticia.

 

De que el tercero de los meses es el peor de cuantos haya no cabe duda, de que marzo es el funesto y aburrido de todos los hermanos que pueblan infinitos calendarios a lo ancho de la bóveda celeste no hay quien lo discuta, para prenda un botón y si tengo que probarlo diré que en marzo nací, tal día como hoy  hace veintitrés años.

Sin embargo comienza a inquietarme la idea de que todo lo malo del marzo presente sea esta ausencia de acontecimientos, que el vicio supremo sea la ausencia de cosas, esto es, la nada, por que en definitiva cada vez que mis pies de suela de cuero han sido alcanzados, año tras año, por la ola de viento de Marzo me ha sobrevenido alguna terrible desgracia; el mejor de los Marzos algún pobre hombre ha querido convidarme al banquete de su idea genial que había de reportarnos pingües beneficios y que no me reportó más que la quiebra, o aquél otro en que mi olfato de perro viejo me hizo apostar hasta los calcetines en las      1

carreras de caballos olvidando que estaba constipado y mi olfato podía fallar, o el  Marzo terrible en que una mujer me dijo que me quería.

Expirando está el ultimo suspiro de marzo y no alcanzo a creer que no haya de ocurrirme un tropezón., alguna desventura o mal de ojo, algún cristal roto o despeñarme cabeza abajo desde algún mueble, así que decido enclaustrarme en casa hasta que abril llegue. El computo de los días marciales, encarnado el mito del dios beligerante en mi persona, ultimando estaba su aliento, era día treinta. El reloj de la sala con todas sus puntas y esferas de bronce, regateado en el mercado de Salónica a un hombre sin alma, marcaba aquella noche las veintitrés horas y trece minutos, andaba yo incrédulo por la casa casi frotándome las manos de alegría al no haber sucumbido a la desdicha habitual en estas fechas…”esta vez no podrás destrozarme, esta vez he sido más listo que tú, tu hechicería no traspasará estos muros, esta vez no me darás caza mes maldito” y después resolví de antemano quedarme también hacinado el marzo que viene, sirviéndome de precedente la victoria de este.

Celebrando estaba mi triunfo sobre el destino, descorchando el laurel de un Oporto del 79´, embebido en mi mismo, recitando a Espronceda,  brincando como un corzo en la ceremonia de la berrea, en pleno soliloquio cuando con un aullido de aguja sonó el teléfono, sólo entonces reconocí que Marzo estaba aquí, probablemente agrandada la desdicha que me reservaba por haber esperado tanto ,la bola de nieve que había de aplastarme y sepultarme  había ido retroalimentándose de si misma hasta tornarse en gran alud, Marzo quería reír el último, la manera de aparecer era inconfundible, tan estridente y pérfido.

Yo inmóvil contemplaba temblar el aparato muerto de miedo, una paloma negra con grácil gesto se posa en la ventana, amarré el plástico..

 

– “Marzo insértame de una vez en tu daga fría, bríndame el último y mortal estoque, estoy preparado, habla…”

 

Pero el orden del cosmos, con ánimo alevoso y de ensañamiento, había preparado para mis funerales la más bella de las formas, la lengua bífida de la serpiente, el veneno, el enterrador que había de arrojar tierra sobre mis huesos, mi barquero avaricioso, era una mujer. Y sonó su voz como un presagio :

 

– “Donde has estado este tiempo? Te anduve buscando porque…porque de hecho debo decirte algo , verás… (ella divaga y titubea) no se porque lugar empezar, antes que nada quiero que sepas que has sido lo mejor de mi vida…(ella redivaga y retituvea…le tiembla el timbre), tu lo sabes. Pero…de un tiempo a esta parte…es que hemos cambiado tanto…tu sabes que kiko y yo siempre nos hemos llevado muy bien y creo…”

 

Con brutal estruendo colgué el teléfono sin mediar interpelación.

Me dirijo a la cocina, las cortinas del ventanal están apagadas, las luces cerradas, el ambiente es hostil aunque no son más que termitas en mi córtex,  en el alféizar la postrada  paloma negra mira atenta hacia el interior del inmueble, tiene sangre en el buche. En la habitación quedan aún haces de luz más mi cabeza está totalmente oscura, no hay dentro lugar para la esperanza, es como una bruma que no atiende a razones ni fundamentos, se instala en ti y ya está. Alguien me coje de las solapas y me empuja al precipicio, preparo un cóctel de medicamentos, en la etiqueta del vaso puede leerse en copto la palabra Hoy, con un hilo de voz y el gaznate espumeando un fluido blanco, doy mi último adiós a Marzo entonando:

  • Mes de entre los meses, cabeza de las reses flacas de mi vida, ya tienes lo que querías.

Una gota de sangre cae sobre el mármol blanco, y levemente se expande. La paloma alza el vuelo.

 

 

ELEGÍA A SILVIA (24)

 

Nos dio la vida lo que merecimos

Un teléfono desconectado

Un amor que explota y mata

Un puñado de latas de conservas

Caducas y amarillentas

Un billete sólo de ida

Una vuelta sin regreso

Y el peso de la certeza

De no verte más

 

Con la ansiedad de imaginarte

En cada parque en todo instante

Aún tan presente, como al lado mío

Reprobando o consintiendo

Brindándome besos

O con elocuentes gestos

Enfurruñándote.

 

Sin mi hospitalidad ni permiso

Haciendo caso omiso sigues

hacinada en mi alma

Sin poder extraditarte

Sin armas para enviarte

A rincones sin memoria

Ni parapeto donde esconderme

Del lienzo de la pared

Cuando de él

Como un borrón de pincel

Apareces en sombras largas

Y muerdes mi corazón

En la noche amarga.

 

Lo ingrato es la madrugada

Cuando asirte en la cama

es asir el aire y al despertarme

El  mundo que se viene encima

Y pongo pie en la tarima

Tan lento como esos muñecos

En reserva de pilas

Pues no hay vector

Que si ti yo siga.

 

De día cojo el autobús

Bordeando la costa

Yo estoy dentro, en la inopia

Mirando al mar

Pensando en cada lugar

Que ya no visitaremos juntos

El vendedor de humo

De la rambla de las flores

Que reclamando un duro

Amable nos saludaba

O el cine de plaza España

Cuando tan inocentes

Nos juramos perpetuo amor

Con el juvenil sabor

de palomitas acarameladas

y cientos de alondras

revoloteando en nuestras entrañas

y el pecho lleno

de francas palabras

como el agua pura

aún desclorificada

 

Ahora el tiempo ya no apremia

ahora mi vida es esa botella

desde la arena lanzada al mar

y mi mirada la del loco

que al viento quiere abrazar,

y cada día un rato

alguien me dice “al viento

debes dejarlo volar”,

me resisto poniendo losas

a los que osan pronunciar

indicando con énfasis:

– debes aprender a olvidar-

yo  furioso les replico

con la red ya en la mano

– al viento debo atrapar!-

 

Y no pierdo más tiempo

a lomos de un ejercito

sangrante de recuerdos

trepo a las alturas

a lo alto del puerto

donde enjuto y taciturno

te cuento mi postura

mis querellas e insomnios                                                              2

los dolores de mi cuerpo

y lo que he comido hoy

esperando tu respuesta

en la soledad de este desierto

y entonces me doy cuenta

de que ya no sopla el viento

 

La herida fue un corte limpio,

quisiste hacerlo bien,

no verme más,

yo por no atar

del tallo de la flor un palo,

por no transigir

no puse candados

atados a tus maletas,

ni tretas de esperanza

ni compuse alabanza

para arañar tu corazón

por que en materia de amor

cuando la bala está en el cañón

debe partir rauda.

 

 

MILICO (25)

 

Dime bravo Hermano,

¿Qué buscas con tu mano

Al tirar de un gatillo?,

¿Qué hallas en el ruido

Catódico de un disparo?

Dime cuál o qué atractivo

Qué fúnebre agrado

Te conduce decidido

A arrasar los campos

Que con sudor han florecido.

 

Tal vez yo, confundido,

Piense que tu no has pensado

O quizá te han persuadido

De que defiendes algo.

Tristemente no hay engaño

Porque sé que cada noche

te retuerces en tu lecho

cuando aparecen los muertos

que anteayer has matado

esos niños de la mano

te buscan sin descanso.

 

Sólo te pido, fiero milico,

que de esta noche en el filo

cuando acudan a su cita

escúchalos, no apretes el gatillo,

no los mates otra vez

como te matas a ti mismo.

 

 

SACRORUM SACRAMENTUM (26)

 

(Paroles Touchantes)

 

Abrillántese cada quién su lámpara de Aladino

juegue el niño escolapio sin rubor al solitario,

desclávense uno a uno los clavos del Cristo

póngale canas al aire a su aburrido Francisco,

si el desamor es un brinco hacia el abismo

escupa al porvenir un lapo por el colmillo.

 

–  Je ne parlé pas competitivité, je parlé gerenerosité

 

No hay peor carta que la que no se empeña

que no sea el Prozac el que te la venda,

encabrónese el buey con la noria de giro

arénguese el cobarde con pan de higo,

si la vida te da la espalda, álzale la falda,

dale un touch en el culito.

 

– Je ne parlé pas logique, je parlé generosite

 

Quién sabe si el dios jugó a ser Mephisto,

Si el destino se deja ya encajaremos bolillos

Cuando el ocaso último nos quiera envejecidos,

Tiempo tendremos para buscar el tiempo perdido

En cajitas de cenizas de lo que hoy no vivimos.

 

– Je ne parlé pas logique, je parlé liberté.

 

 

ESTORNUDO DADAISTA (27)

 

Dos copas y bombín

Un armín y dos rocas

Muertas de ganas de vivir

Un cristal roto

Una foto color sepia

Dos sextercios de plata

Para comprar flores de loto

En el todo a cien de hojalata.

Cien oblatas por recibir

Tu cuerpo hecho carne

aquella tarde de abril

 

Doce chozas elamitas

con grietas por suturar

El manjar de temporeros

Y salados frutos del mar

Agriados en nuestras bocas

Por no saber cocinar

 

El gavillar de pícaros

Puntual como hay dios

En corrillo de caza

A las doce menos diez

Te piropean al pasar

Y al entrar en redacción

Hoy como cada día

Te recuerda el detector

Que ese anillo de pedida

En casa debiera estar

 

Abrazar al sol quiero

Pero el sol es helio

Nada más, imagínate,

Dándole la gente

Las llaves del destino

A una mancha de helio

Eso si no pretenden

Conquistar el océano

Y que van a hacer

Cuando tengan llenos

Los bolsillos de agua

O como al nazareno

Le clavan lanzas

Para después de muerto

Que hemos hecho

Rezad alabanzas

Que combulsión

Que esperpento.

 

 

LA MEJOR VACUNA (28)

 

Mal se camina con el alma debajo de los pies,

Y el ayer colocado como un rosario de espinas,

Entre la coronilla, el adiós temprano de una mujer.

 

El cuerpo cansado se adentra en las ruinas,

Lo bello que ardía cede su lugar a la dejadez,

Y un teléfono maldito parece estar sin línea.

 

El tiempo que en la noche malvendí a la luna,

Fue mácula de sangre a tu limpia y sincera brisa,

Sin premura al punto grité, llévame contigo locura.

 

Encontré muertos cuando hilvané pesquisa,

Sin más camino que vereda sola y oscura,

Anduve perplejo y mudo, mas contuve mi ira.

 

Buen día escampé al olisquear en tu basura,

Y me diste el antídoto que salvó mi vida;

El amor propio ofendido es la mejor vacuna.

 

 

LLORAR MUY ADENTRO (29)

 

En el mar de Argos,

Lugar de naufragios

De almas errantes,

Perdí un frasquito,

Licor de Lisalde

Con mis palpitos

Y un laberinto.

Rastree las playas,

Los apeaderos

Donde van las rayas,

Que de mi mente

Son el torturador,

Cada partícula ,

cada tejido

entremetido

de mis sesos,

cada minúsculo

espacio de tiempo

en mi mente impreso,

cada destino

por descubrir,

cada rastro

de vida poblado,

cada partícula mía

de sangre agria

tiene tu sabor,

cada respiro

tu perfume

y tu olor,

cada idea

tu presencia

inevitable,

es mi sangre

la que te lleva

no soy yo,

grabada

con un cincel

en mis amarraderas.

 

 

DONDE ALMACENO EL AIRE (30)

 

Ansío esta noche encontrar,

Tal que luna en vergel de vientos,

En alguna cálida página virtual,

Una mujer  parecida a tu espejo,

Y beber de ella tu manantial.

Y usurpar de ella tu cuerpo.

 

Presiento más sólo y tuerto,

De los dos ojos y enfermo,

Aún terco como una mula,

Girando la noria sin premura

Y Libertino  de estar libre,

De la liebre que no alcanzo,

Del alcanfor que no tiñe,

Mas que de negro mis zapatos,

Que de tan prietos y ajados,

He concluido andar descalzo.

 

Te sueño empacando mis sesos,

Entre vientos y escaramuzas,

Reviento en el azúcar de tus pechos

Y por si también eres tierra quisiera

Ser el temblor que sacuda tus cimientos.

Mas si la indiferencia me doliera,

Más de lo natural  y cayera muerto,

Quisiera sin acierto olvidarte,

Abandonarte en cualquier desierto.

 

Luna de marinero, ojos verdes,

Apeadero de corazones inertes,

Vigilia y desvelo de mis carnes

Guante de lana de mi mano fría,

Utopía de mis quieros y desvelos

Granero donde almaceno el aire.

 

 

DESVELO (31)

 

Sin más dueño que el desvelo

Me recreo en Siracusa

Pues no hay cosa más hermosa

Que viajar en un  tren quieto

Sobre colchas de lino y viento.

Atravesar atardeceres rojos

El pitofio del senado

De la roma republicana

El del insigne Adriano

Bramando puño en alto

Gritando antes muertos

Que al enemigo acobardados.

O la nana de Andrómeda

Al enano de david,

O draculín con colmillos rotos,

Que a falta de sangre,

Llora mientras muerde fotos.

 

 

ORDEN CÓSMICO (ocno) (31)

 

Todo tu orden es perfecto

Me conmueve al nerviosismo

Planetas que cruzan trayectos

Agujeros que son abismos

 

Amasijos de hierro suspendidos

Precipicios hacia ninguna parte

¿Por que impulso sois movidos

Casiopea, Plutón, Venus, Marte?.

 

No cabe siquiera imaginarte

Irrupción vital de lo fortuito

¿Cómo en neuronas cercarte?

Eres gigante y estas maldito

 

Te grito y vilipendio al oído

Y permaneces igual de quieto

Nunca te vi tomar partido

Y te entendí moralmente neutro.

 

El centro paradójico pienso

Es tu inmensidad sin ser materia

Rompes lindes de espacio y tiempo

La muerte no es en ti una certeza.

 

Estrellas en enjambres de arena

Esbozan con luz estoicos arqueros

Divagan meteoros dejando estela

Y algunos hombres piden deseos.

 

No sigues método ni usas apero

Sólo el azar es resorte de vida

Devengas increíblemente violento

Pues tu condición es antinomista.

 

Lo agrio e inevitable es lo negro

Y el buque sol tu luz maestra

Lo terrible del coloso universo

Es la tentativa de pensamiento.

 

 

NOCHE DE AUTOS O EL SUECO (32)

 

Hasta entonces nuestra vida

bebía de lo dulce y lo amargo

como todo hijo de vecina

cosía heridas y cantaba tangos.

 

Como amante nunca fui Rambo

sucede que tú tampoco Casilda

pero menos da un perro flaco

o una ristra de bolas chinas.

 

Tu, carita blanca de niña pija

y tus braguitas de azul lugano

adicta al ritual del vaso y la üija

y loquita de amor por Calamaro.

 

Paseábamos cogidos de la mano

tanteaba tu falda una suave brisa

si apretaba el calor, Calippo helado

y rambla abajo sin pausa ni prisa.

 

Arrendamos un piso en Santa Fina

y durante cien noches nos amamos

a las siete el gallo, cortado y oficina

yo parado y barbudo fregaba los platos

 

Una noche de estrellas amarillas

tal que en juicio la noche de autos

al no dormirme y a pies juntillas

te oí hablar refugiada en el lavabo

 

Sin ser curioso no fui despistado

memoricé las señas de la cafetería

y el nombre hiriente de aquél fulano

que aún grabado está en mi retina

 

El buen ladrón roba a buena familia

y doble merito engalana su atraco

pero a un pobretón cara de sardina

no ha de robarle un sueco tan alto.

 

Con pijama, gorrito y trastornado

agarré el cascanueces de la cocina

descendí al trajín del sub-urbano

allanando al sueco la laguna Estigia

 

Sorteé al rudo y durmiente vigía

y trepé escalones hasta el asfalto

me fue fácil encontrar la salida

y el bar que él le había indicado

 

Un haz de monjas escandalizado

puso al punto pies en polvorosa

al ver mi innoble aliño indumentario

y al diablo pintado en mi cara roja

 

El galán portaba una pérfida rosa

allí estaban, besándose ufanos

parecía ahora mucho más hermosa

él, tras el beso le seca los labios

 

Parecía un banquero por  perfumado

con ademanes chic de alta estofa

el gesto impasible y descafeinado

me dije “este yupy de mi no se mofa”.

 

Emprendí hacia él vuelo de raposa

con el cascanueces dentelleando,

en el suelo quedaron sueco y rosa

y en mi mano su género sangrando

 

Me vi de pronto con eso en la mano

la adúltera y apátrida aullaba llorosa

el sueco retorcíase y aun bramando

juraba en hebreo indescifrable prosa

 

Lancé el bálano intruso de tal forma

que en la azotea quedó postrado

de un bus urbano de la línea roja

que entre humo arrancaba el paso

 

Ella un instante quedó cavilando;

-o ando a prisa tras la grandiosa,

herramienta de tan gloriosos actos,

o con mi amante quedo y su rosa-.

 

Hiciera la bella una u otra cosa

o a la cosa o al sueco sacrificamos

usted o yo hablando en prosa

dejaríamos de lado al bulto amputado

 

Siendo elegantes y seres humanos

en efecto ella pensó la misma cosa

y dejando de lado al bulto amputado

empredió tras la dicha la línea roja.

 

Desde prisión escribo esta historia

en la disyuntiva entre amor u orgasmo

todas a una, excepto las monjas,

sanciónelo el rey como ley de rango.

 

 

TE VI (33)

 

Te vi,

Paseabas con el poncho en la mano

Deprisa y segura, bajo tu delicado brazo

Algunos papeles del juzgado a la notaría

 

Te vi,

No se si más más hermosa todavía

El tiempo acertabas, bien te respetaría,

Confiarías de nuevo la suerte a tu arte

 

te vi,

como un huracán en la azorada calle

despertabas ovaciones por tu talle

en los oficiales de obra sin camisa

 

te vi,

acerté cuando pensaba que altiva

jamás cambiarías tu ideas por mi vida

ni mi vieja biblioteca por tu ambición

 

te vi,

una vez más tenías toda la razón

conseguí al fin sobornar mi corazón

y mudarme al son de la canción política

 

pero hoy te vi,

y despertó en mi la antigua tristeza

de los días fatales cuando era presa

de la incerteza de tus labios hipotecados

 

te vi,

y aun callado se me escapó un suspiro

que dejó ir la sed de lo que  pudo haber sido

y que sólo es, un cajón prohibido que no abriré.

 

 

ALICIA (34)

 

No soy coronel y tengo quien me escriba,

Más la escriba remitente no es quien quería ,

mándame ya vida mía la cartilla de la guerra,

siembra flores negras también en mi maceta.

 

Devuélveme el luto que vestí en tu compañía,

saca mi alegría a rondar ociosa en cofradía,

ilumina  con tu rostro mi alma en prevenda,

véndame los ojos, bésame, devuélveme a la tierra.

 

Persónate, cúrame ya, sal de tu fotografía,

Prepararé drogaína y el mantel de margaritas,

Alicia, las maravillas que esculpe  tu cuerpo

Me traen a mi tan muerto como el primer día.

 

 

HELENA DE TROYA (35)

 

Helena la bella

Llora y calla

Su cara blanca

Marmórea y sacra

Parece la tapa

De un ataúd.

Cubre su pelo

un velo de tul

un claro azul

de cielo revuelto

es el efecto

que producen

sus ojos .

Tiene esbozos

de sangre ajena

su alma negra,

de sangre negra

su alma Aquea.

 

Acarrea la pena

De mil muertos:

La arena de troya,

El vasto cetro,

Helena

Se encuentra sóla

En el universo.

 

Su cuello largo

De garza blanca

Enzarza prismas

Que forman piedras

Traídas para ella

De aquél lugar

Donde las sirenas

A navíos cantan.

 

 

MAITINES (36)

 

La parroquia de los óvalos no supo obrar

Entre cópias apócrifas y el santo grial

Naufragó el clero en  vasos de vino

¿Derecho divino decís? ¿Sanción real?

Granada la mora y sus campos de trigo,

Otoño de sustos, tributos al tribunal,

Orinal y paño mojado para el frío soriano,

Anciano le cedo mi vara y mi orfidal.

 

Ocupándonos del mar y sus despojos

Perdimos la llave de los jardines,

Terrenales con frutos rojos y cupíes

Y sabanas con flujos de rutina

Y testimonios de siglos de otoños cortos,

Y solos de guitarra en molinete:

Bellaca dame el son de tus violines

Para que yo pueda cantarle a tus ojos

 

De postín y con carantoñas en retazos

Deposité los legajos de nuestro amor

En el censo de los que mueren por vos

Siendo el último de una serie atroz,

Para ti culebrón, para mi un tiro en el seso.

 

 

UNIVERSIDAD (37)

 

Las hojas tocadas por el sol

En aquél parque tranquilo

Parecían cristalitos dorados,

Aun recuerdo como el viento

Balanceaba de uno a otro lado

Las copas afiladas de los abetos.

 

Sólo de vez en cuando,

algún pellero universitario

Paseaba con su carpeta roja

Rompiendo la paz de nuestro sueño.

El temple de tus labios

Sosegado, daba paz a mi joven corazón

Que inquieto martilleaba

Como un tambor en carnavales.

 

Los días que convocaban mani

Quedaban las aulas desoladas

Y habitadas las plazas y calles

Por estudiantes que protestaban

Contra cualquier enmienda del PP.

Tu y yo no entendíamos de nada

Más que de besos y tiernas palabras

De labios apretados y mejillas

Y briznas en los pantalones

Y ropa interior en todos los rincones

Y escarcha en vena si no aparecías.

 

 

FIN DE MIS DÍAS (38)

 

Las noches fumando en la ventana

Son ya tantas que a decir verdad

Empiezo a temer que no aparecerás

Y quedarán mis huesos ad aeternam

En el alféizar de este triste ventanal.

 

El occipital de mi cráneo ya hueco

Sobre mi vasto esqueleto irregular

Se verá atravesado por el viento

Y habitado de hormigas y humedad

Mientras espero nuestro reencuentro.

 

Las cuencas donde giraban mis ojos

Siempre rojos por espejo de tus labios

Quedarán por siempre aquí mirando

Aun sin iris, ni retina, ni vista, ni lóbulo,

Dirigidas hacia el sur, siguiendo tus pasos.

 

Mi esqueleto roído por los puercos años

Permanecerá rígido como espina de pescado

Lleno se muescas como un viejo árbol

Una por cada caricia en mi costado

Como aquél nazareno que crucificaron.

 

De pronto; que atrevimiento el no ser,

Y permanecer sin embargo esperándote,

Que sutileza un cráneo vacío y de ayer

Lleno de archivos, fotos y garrotes

No corpóreos pero presentes que arden.

 

Que negra fiesta la mía en la ventana

Compartir el batir de alas de los pájaros

Despilfarrando el tiempo sin hacer nada

Como una de esas figuras de alabastro

En el catastro de los muertos que aun andan.

 

 

SILVIA (39)

 

Silvia silva;

Mientras le hago el amor,

Silvia salvia;

Divinorum et corrupta,

Silvia solfa;

de violín y bandoneón,

Silvia sibila;

Que desnuda desayuna,

Silvia sóla,

No me lo creo ni yo.

 

Silvia salva,

De la quema incluso a Roma,

Silvia sueña;

Entre playas de cemento,

Silvia salta;

Con sandalias a la comba,

Silvia seña

De amor con linimento

Silvia saliva;

A media luz en la alcoba.

 

Silvia sátira;

Recita en un baile de máscaras

Silvia secta,

De la recta virtud del pecado,

Silvia sádica

Si hay plástica de caras largas

Silvia sonriendo

Es como un bombón envenenado

Silvia salina

De cal o arena según las cartas.

 

 

ATENEA (40)

 

Anduve nadando en lagunas de estaño,

Desde luego, sin pretenderlo acaso,

Me alegré al ver las miserias ajenas.

Recién te dio por acelerar el paso,

Ante la crónica de una muerte anunciando,

Lo mencionado en anteriores entregas.

 

Siendo los dos losa de eslabones perdidos,

Siendo sapos que gorgotean henchidos

El gotagota de las mentiras que trinan,

El gorjeo añil de dos pajaros mojados,

Que en distintos nidos y acatarrados,

Toman aviones de papel que no vuelan

 

Perdido ya el tren que conduce al paraíso,

Pusimos rumbo a Itaca que sin ser lo mismo

Es bonito y tiene vistas y el mar te rodea.

Allí ocupamos un céntrico y modesto piso

Y en la fachada más alta colgué del friso

Una pancarta: vivo con la misma Atenea.

 

Atenea y su rubia melena

eran la afamada panacea

sueño preferido de cualquier mortal.

Que chasco, si tu supieras,

que era una rubia cualquiera,

ni más guapa ni más fea que las demás

 

El tiempo como un dictador hizo resumen,

De improperios un tosco volumen

Habíamos repleto sin escribir una sola letra.

En la balanza que pondera pesa el crimen

Del tanto al duplo más que los magazines

Con daguerrotipos de amor a manos llenas.

 

Para llorar lo vivido utilicé unos Cleanex

Y las crines de un caballo en balancines

Para huir en vano de sus trucos de trilera,

Tan lento anduve y jugando al despiste

Que allende los mares, en los confines,

De la patagonia perdí de plástico una joya.

 

Atenea y su rubia melena

Eran de cubierta la bandera

Barco que cualquiera quisiera tripular.

Que chasco si tu supieras

Que el casco incluía grietas

Que vaciaban su mollera de sal.

 

 

EN OCASIONES (41)

 

En ocasiones encamado impreco a dios

Incentivándole a existir, a curarme este dolor

Que no me deja vivir, pero jamás apareció.

 

En ocasiones me descubro enfermo

Y sólo quiero pastillas, para huir del infierno

De esta esquizofrenia, aunque sea al limbo.

 

En ocasiones una fina tela de juicio

Extendida sobre mi, me rebana el quicio

Y sin saber que decir, me enclaustro en mi mismo.

 

En asiduas ocasiones termino siniestro

Por mirar al retrovisor, y no se ir recto

Y donde encierro al dolor hay un agujero.

 

En ocasiones temo por mi vida y parapeto,

Al rufián que soy mediante orden de alejamiento

De mi mismo, y así me tengo contento.

 

En ocasiones diarias castigo mi cuerpo,

Con terco ejercicio para arrugar mi cerebro,

Para contraida la rábia al menos matar al perro.

 

En ocasiones la posición del astro mayor

Entama mi vista, y donde sólo hay ácidos

Descubro pistas de asilvestrados dinosaurios

 

En ocasiones me inclino al letargo,

Para no ver mantengo los ojos cerrados

O gasto binóculos de cristal muy opaco.

 

 

CONCHA Y SU CONCHA (42)

 

No recuerdo los pechos de concha,

Pero ancha recuerdo su concha,

Y linimentos manchando mi tocha,

En contratempo  su judía pocha

Mi fresno tieso engacha y escamocha

 

En la cancha de amor de concha,

Se derrama una mancha y agacha

blancas cachas que me enchochan,

Y la última tacha fumo a pachas

Empachado de tanta concha.

 

 

SALVIA (43)

 

Savia de Salvia sabia

Me salva de Silvia (silvante sílfide sibilina)

Salvas de silvos silentes; silenciados.

 

 

GRANJA DE IDIOTAS TV (44)

 

Creo que fue en el noventa y siete

Cuando la guerra del petrodólar

Fue Año de angostas temperaturas

De esos granizos que desbrozan

Hasta la fe y la mitra de los curas

 

 

La vida política era convulsa

El gran muro se había desecho

Pero otro muros cimentaban

Sollozos de rabinos en lamento

Con sus tocas y largas barbas

Enrolladas por si el caldo…

Nada de puerco no hay manera

De que prueben unos callos

 

Con las calzas al fresco los nativos

De aquí y de alli o en los desiertos

Áridos y de agua desprovistos

Erraban en busca de alimentos

Entre esqueletos de ñus muertos.

 

En el noticiero de telecinco

El ruiseñor dio sus últimos tonos

Nosecual torero era recibido

En el ruedo con bragas y sostenes

Y gritaban las mujeres ven conmigo

Bríndame a mi tus estoques y vaivenes

 

Entretanto un verano azul descolorido

Saboreando el primer ful en los laureles

Con pancho, Piraña y sus biciclos

Meditaba yo que lo de chanquete,

Que fue muerte natural según se dijo,

Gobernando ya la audiencia en la tele

Podía no haber sido un accidente

Pues un Gran Hermano tomo su sitio

Y el marino y la pintora y el gordete

Y su barca, gorra y pipa de marino

Relegadas al formato uve hache ese

Quedaron para las gasolineras.

 

 

MEMORIAS DE LA ANTÁRTIDA (45)

 

A sábicas que no soy tan buen ladrón como para tu cartera,

Con tan poquita tela que cortarte y enredarte a estas alturas,

Y además con garapullos de cobarde, te pido dos cervezas.

 

Tu sonríes de media comisura, y embelesas con una mueca

A mi cabeza en la luna, invitándole a otra vuelca de tuerca,

Y la da desde luego, y me contento con verte desde ahí fuera.

 

De suerte si la hierba es buena, fragua mi ingenio aventuras

Y me pienso un censo de mujeres bellas;  Marylin, Ella Fitgerald;

Julieta, Cleopatra, Eva;  Mona Lisa, Kim Básinger, La magdalena.

 

A resultas que en todas ellas, aun cotizando su hermosura,

Y tantas veces retratadas en escorzo y aun en literatura,

No hallo en su figura más clamor que en tu larga melena.

 

Ante el agravio un tanto injusto de tener ellas un álbum,

Un reconocimiento público in memoriam de su belleza,

Escribo estas líneas en protesta, ebrio y discrepando,

Y juro ante notario que eres más hermosa que cualquiera.

 

Sucede, que al no hallar en el globo ojos a la par de los tuyos,

Que miran así tan duro, y grandes y andaluzados cual cordobesa,

Que no besan más que al suertudo que en casa despierto espera,

Y es un orgullo, una proeza, y esto último también me embelesa.

 

Pues es hercúleo el trabajo de desmirar cuantas miradas absorbentes,

Y te cansa y debes de estar harta, de tanta pupila hambrienta

buscando tu piercing de sirena, tu rabadilla tatuada con motivos

trivales, y por este motivo yo suspiro y me doy media vuelta.

 

Me hacino en la barra, enciendo un cigarro, entablo conmigo

Íntimas conversaciones, practico la indiferencia, frunzo una ceja,

Otro cigarro que humea y cuan paradójico es el género humano,

Apuesto que cualquier ferroviario sabe del amor más que el poeta.

 

Al ser tan generosa y de corazón grande, al vernos tan pobretones

A un servidor Sancho, y a mi compay Don Quijote, nos tratas

de etiqueta, dibujando la treta a expensas del común que dirán,

nos cuelas dos cervezas por el gañote, sin que te vea el de la coleta.

 

Me incorporo, regreso del platonismo con que aquieto las ideas,

A través del ancho cristal se ve el mar que es laberíntico,

si en los bises y a media luz ponen a Fito, te miro y de papel

me vuelvo, y casi pareciera que vivo para tener algo contigo.

 

Dicen que se ahoga más gente en los vasos que en las mareas,

Y cuatro años de tercos naufragios van con bandera apátrida,

Cuatro años de buscar tu mirada entre el hueco de las cabezas,

Al son de guitarras talegueras, en este islote que llaman Antártida.

 

 

RETRATO SÓRDIDO DE LA MUJER MODERNA (46)

 

EXORDIO:

Este es un texto que puede ser tachado de hermético si se quiere, algo desvergonzadamente explícito para quién con esos ojos lo vea y algo soez, misógino y sexista al menos para la mitad de la población.

Sin embargo, y aunque toda materia es susceptible de ser mirada con distinto prisma, es este el tino más certero que he encontrado  para con un dardo de tres aletas, intentar acertar en el justo medio de la diana de la realidad. Dardo que a menudo , varía su trayectoria en función del pulso del jugador.

Van estas líneas homenajeando y ultrajando a la vez , al único órgano con que cuenta la divinidad para tomar conciencia de la insignificancia del universo; la mujer. Fría y ardiente, dulce y amarga, muro y vereda, rebelde y sometida, frágil y marmórea, acólita y replicante, feligrés y agnóstica, música y silencio, natural y con rimel, artificio y corazón, teatro y ensayo empírico, vestida pero desnuda, carro de amor y carro de combate, carboncillo y goma, luto y pandereta, bálsamo y tempestad, doctora y homicida, fuego y agua, Quevediana y Gongorista,

Diccionario y bayoneta, droga y longevidad, cordura y disparate, arte y ciencia, lozanía y decrepitud, que besa pero mata, caricia y golpe, priapismo e impotencia, pijama y terno de asueto, altiva y tímida, prudente y temeraria, incendiaria y gélida, rubia y morena, buena y malvada, malva y arena, fin de semana y fin de mi vida, mermelada y sal, diosa que huele a azufre, virginal y prostibulera, bulería y ajedrez, Madre Teresa y Judas Iscariote, Lanzarote y península, corralillo y damero, cuadratura del círculo que dibuja un beso

 

 

PROSEMA;

 

Vacilantes yerran coquetas hermosas damas calle de la Unión arriba,

Embriagadas de si mismas y alcohol como sirenas en arena se tambalean,

Tantean sus faldas cimbreándose la cadera en molinillos,

Ojos masoterápicos que acarician cuando miran cuanto tocan,

 

Saben siempre su lado bueno, no se andan con chupadorcillos;

O eso o; auto descapotable, casona, noble cuna y agimnasiados.  .

Así los prefieren, la mollera de sal les da igual si vacía o llena,

Luego ven televisión y engordan hasta el día último ese nosequé de las trompetas.

 

Pero sonríen, se amapolan y sonríen, se perfuman los pinrreles incluso,

Y la uñas y se bañan, también la ropa interior perfumada; labios carminados.

Extraños palillos ,como esos de los chinos llevándose el sushi a la boca,

Colocan eso, dos más simétrico que uno, eso engarzando su cabellodorado.

 

Ella también con eso y ondulábaselo con algo creo caliente moldeando sus rizos,

Me temo que padecía de perfeccionismo, el hechizo les hace sentirse más seguras,

Hechidando a otros bordones cuando la huelga conmigo de piernas cruzadas,

Sacando a paseo al conejo hechizérrimo de la chistera a pastar menos familiares pastos.

 

De la mano de sus respectivos más peligrosas y ufanosas los traen de cráneo. En esta tesitura se escotan ligeras en extremo, entrelazan con su alce los dedos de la mano, pechos bravíos sugestivos como un piano vertical con el teclado al descubierto. Así nos inmovilizan, como Tolstoi; Quieto ahí hasta que no dejes de pensar en un oso blanco.  Dos grandes pasatiempos secretos; hoy estoy anquilosadamente alicaída me parece que voy a bajar a darme una vuelta por los escaparates – rebajas significa cómprate!. Dilapida hasta la última moneda que mañana se acaban, objetos inservibles, da lo mismo, las atrae verse con eso puesto y figurarse cuantas miradas me voy a granjear, luego depresión.

Ah si, el santo otra vez al cielo, el otro pasatiemposecreto es simple y llanamente la succión. Lo hacen con gran ímpetu y ensueño, como si fuera una tableta de yuyuba hasta dejarla blanca, la sorben hacia dentro cuidado no te vayas a, reflejos, les gusta créeme no dejan ni las raspas, dándose sobretodo este fenómeno en casadas intercambiando cromos con amantes furtivos, al otro después del altar; estar esperando sin querer estar esperándolo y atiborrado de tranquimazines; esperando la grieta que hunde el barco.

 

DIGRESIÓN:

 

Otros efectos simultáneamente adscritos al matrimonio:. (Soliloquio)

 

Perdida absoluta del amor anteriormente copioso. Celibato. Si ella religiosa vas a tener el zeppelín en el garaje hasta cuando se descuelgue el Cristo, y si no también; cualquiercosahaberquemeinvento me duele hoy.

Otros: Otra vez la tapa del. Chinas en los zapatos. El lacónico oficio de escuchar cuanto ella espute por la boca, y el consiguiente sometimiento involuntario al tercer grado militar de interrogatorio en batería, con una bolsa en la cabeza, acerca de lo que ella anteriormente parece ser que ha dicho, en aras de pillarte otra vez fuera de combate – si ejque no me ejcuchas- y algo de nosequecosa  hace cuando no le escucho en el desierto. Todas ellas interpelaciones formuladas en tono grave y alarmista dada su crucial importancia de primer orden existencial a nivel estatal e incluso de interés extracomunitario, y  salvaguardadoras del sino último del género homínido antes de su extinción y transmigración de las almas o metempsicosis hacia allí donde pacen los caballos, cuestiones tales como; ¿Qué piensas?, ¿Arroga se escribe con hache?,¿Se me ve gorda? ¿Dónde coño están esas malditas gafas de pasta que…?, Lorena y Marcial lo han dejado ella dice que él ya no le funciona, dicen que dice él que ella ya no le causa ardores si ya lo decía yo siempre si yo se muncho de estos te… ¿Es yo sé, o yo sabo?, ¿Qué te gusta más el champú color asalmonado o  naranja refractante?, ¿Tú me quieres verdad?, Otra vez has dejado seco al gato pobre animal me cago en tu raza siempre la misma historia…, quiero tener una niña, también un espejo, anda vuélvete a juntar palabras que es lo único que… ¡Que coño es esta revista?! – muchos pensé. (Mejor no se lo digo acuérdate del día aquél la gran dentellada que me propinó por sólo tocarle el pecho orondo frontalmente el derecho delante de aquel agente de bolsa que se la estaba ingiriendo vorazmente con la mirada  ante uno mismo con sonrisa de gilipollas dándoselas de bardo argentino con ese deje prolongando la penúltima silaba de cada palabra y acentuando la entonación de igual manera, como un lobo y como con resuellos prefornicarios)      

Al enlace conyugal lo llaman sin pudor CONTRAER matrimonio. En lengua Cervantina al verbo CONTRAER se le ha dado creo históricamente una sola acepción, la clínica. ¿Estás seguro? Si. Quedando en resultas que únicamente se contraen enfermedades. Doctor que puedo tomar para combatir este matrimonio urticario que me supura sapos por la boca. -Contraer maritatis-

Buenas ponedoras también, desde luego lo más trascendente es la perpetuación del “yo”. Genéticamente trascendente en pendiente cada vez más ascendente según pasan los años, aritméticamente ascendente mientras la curva de la decrepitud empieza a vislumbrárseles en la lozanía, lejanía o arcén justo al lado suyo en la carretera. Eso de la F  in vitro no lo entiendo para que quieres uno si no es tuyo, como comprarse un par de zapatos con dinero de otro y de la talla del otro.

Cromosómicamente factible que si padre asesino en serie el hijo otro tanto. A propósito, Jesús el nazareno no tuvo descendencia según he podido leer a consecuencia que en uno de sus recogimientos estaba leyendo a Aristóteles a la sombra de un cocotero (Coccus Palmáceus), y golpeó torpemente el torso del cocotero(Coccus Palmáceus) mientras bramaba Eureka! a viva voz , con tan poco caletre  que abalanzóse sobre Él un velludo vegetal orondo de tal manera  y en tal lugar fue a darle que el mismo Caesar Augustus primus Inter Pares desde su célebre balcón en la Roma sietevecescolindadasietelobitostienelaloba, mientras se urgaba la oreja  extrayendo así la cera imperial, viose estremecido por tamaño y descomunal resuello premortuorio que incluía en líneas generales  los vocablos –Au! Aaaaaaaaaaaaaaaaauu!-.Iesus Cristus Cocoterus Rex Cocorum-. Él ya no pudo ni para con fines reproductivos. Tampoco técnicas fertilizantes ni inseminativas. Ay que joderse. A ellas también les puede pasar de manera natural sin necesidad de cocos. Última oportunidad en la planta tercera del Corte Inglés sección de obstetricia ,las pintan calvas, afánense las cuarentaycinconas con las trompas de Falopio a nivel con las barreras bajadas donde velocípedos de colas zigzagueantes van a morir. Nuestro matrimonio murió sin estar ella encinta, ni parir ni descendencia ni huevo cósmico alguno ni nada de nada de progénia , como mi padre, no así aquél jardinero sangre de mi sangre.

 

CIERREN DESPUÉS DE SALIR:

 

En fin, dado el caliz de tal unión y resumiendo, yo como Jasón ese cachalote bobo, o como el Lestrigón del gran lárico Homero, como buen Argonauta no me enredo en mis propias barbas, ni me creo que las sirenas sólo a mi paso cantan, ni emprendo viajes a Ítaca de menos de 1000 semanas, ni desdeño el lecho de una pensión buscada,  ni dejo allí a mi amada bordado por que no la tengo, ni tenerla quiero ni cambio su cabello, que es empresa de locos, por estos sagrados pensamientos.

 

LUNA TRISTE (47)

 

No soportaba verla marchar tan triste

Cada vez por el hueco de la escalera

Cada uno de sus pasos era dado firme

pisando las ruinas de un sueño de cera

 

Tiene dibujada en sus ojos cenicientos

La mirada de una niña asustada

Que acaricia sollozando al perro muerto

Que antes le dio una dentellada

 

Su pelo negro es el desvelo

De mil noches de almohada

Fue Quevedo quien de la luna

Dijo que también sangra

 

Algunas veces cuando la vida

Se deja entre puñaladas

Sueña con venideras alegrías

Cuando las cosas vengan rodadas

 

Allí hay lejanas playas de algodón

Donde gaviotas beben del azúcar

Donde el amor es esa canción

En soledad pero acompañada.

 

Su pelo negro es el atavio

Quemado y arenoso de la batalla

Fue Quevedo quien de la luna

Dijo que también sangra

 

Lleva un bolso casi vacío

Con rimel y algunos escritos

Con tinta indeleble de amorios

Efímeros como un beso

 

Cada valle de su cuerpo

Dos cimas y dos fuentes

Harto caminadas por transeúntes

Ya ausentes a la hora del desayuno.

 

 

DAGUERROTIPO DE FAMILIA CON MASCOTA (48)

(Para Quim y Patri)

 

Andaban a la velocidad del paso humano,

Abonados del lado menos soleado de la acera,

Paseaban un lanudo Focksterriere blanco,

Rescatado del excedente de una perrera.

 

Él practicaba la disciplina del callado,

El bálsamo, la quietud de la lectura,

En tiempos maltrataba en la alameda del Collado,

Un guitarrón desafinado, con mástil de casa Lucas.

 

Ella, una loca más cuerda que un pecado,

Con pecas hasta en la nuca y chupa de corte americano,

Viajera asidua del tren de las cuatro, y chirucas

Y una tos, y un reparto de taquicardias al ciudadano.

 

Una noche a las diez de la mañana,

Bajo el umbral de un bar crepusculario,

Vieron partir una bandada,

De golondrinas con sus nombres huyendo del calendario,

Hacia las cumbres del Indostán.

 

Y ahí están,

Viendo televisión,

Que no es un horror,

Si se ve en buena compañía,

Sin Parises ni New York´s,

Ni anillos de ficciones,

Ni estrenos de moda;

Un Dos de corazones,

Un perro, dos gatos

Y un litro de Coca-Cola.

 

Lo más cercano al cielo es un sobreático,

Aspirando a alzar el vuelo de la higuera,

También tenían sus reyertas sus querellas sus orgasmos

Si en el exordio no hay engaño, mal puede haber desengaños

 

Asociados a un selecto circulo secreto,

De palabras apropiadas ya en los bises,

Ella lee una novela de arte post-Homérico

Él es socio del “Club des Hashisenses”.

 

Si los años no tuvieran tantos meses,

Si jamás llegara aquél Septiembre, ni el silbato de aquél tren,

No los vería a los dos haciendo eses,

Cada uno en distinta ciudad.

 

Y ahí están,

Viendo Televisión,

Que no es un horror

Si se ve en buena compañía.

Sin Parises ni New york´s,

Ni anillos de ficción,

Ni estrenos de moda;

Todo corazón,

Un perro, dos gatos

Y un litro de Coca-Cola.

 

 

Un Enfermo (49)

 

Hay un encuentro que no se propició

Hay un cadáver en el sobreático

Hay un ganglio linfático

De esos que creo tener.

Hay un infierno lejos de Rubí

Hay un Valladolid en esta Barcelona

Cada vez que no estás aquí.

 

Hay un cajón Irlandés colmado

De varias píldoras de colores

Hay olores a través de la ventana

De lavanda en la ropa tendida

Parece que hay vida en las otras casas.

 

Hay un reloj de estación detenido

En dos meses hará un año

Hay un daño por prejuicios

Sin redimir a pesar de los vicios

Que pongo por medio para olvidarte.

 

Hay una voz rota que no permite cantar

Hay una virgen que no es tal ni deja que le recen

Hay un cortejo de musas que no aparecen

Hay grumos de cemento en el paladar

 

Hay un asesino que no mata por cobarde

Ni una tarde sin suicidio ni almanaque

Hay un coche derrapando en la glorieta

Hay neones en cada esquina de esta ciudad

Y una bacanal y una orgía y una cama nido

A la que nunca he sido invitado muy a mi pesar.

 

Hay Clorhidratos y Fosfatos y perlita

Para esta maría que no da el estirón

Hay un Madrid y un pozuelo de Alarcón,

Un Colmenar Viejo de pellejo aspero,

Donde cada cinco de Febrero te esperan tus abuelos.

 

Hay un Teatro en Paralelo representando

“El enfermo imaginario” de Moliere,

Hay unos enfermizos labios que sonríen,

Al acomodador estrictamente de rojo,

Hay unos ojos que se encelan por tal gesto.

Hay un enfermo imaginándose la escena,

Con una fiambrera cenando sólo en un ático

Vomitando recuerdos inflamados de benceno

a la luz frugal de esta luna postrera.

 

 

TODO AL VEINTIDÓS (50)

 

Pacte con yenishé

diablo harto resuelto

Veintidós te apuesto

Que sin embido la tendré

 

Giró la rueda

Formo silueta

De rojo y negro

Centrífugo, centrífugo

 

Mis ojos

Dos circulos

En espejos cóncavos

Troncaban

Barbitúricos inyectados

Viendo girar, viendo girar

 

La ruleta del casino

Tintineante sugirió

El ribete curvoso

Del número veitidós

Cesó el girar, ceso el girar

 

La nombré dos veces

En mi sinestesia

La grité todo

Y en labios como pétalos

De las cosas rotas

 

Pastora de hombres

Sobre de azúcar

Negra viudedad

De la araña aquella

Que dolió en Nepal

 

Primera imprenta

En dejar impronta

Conductora de lobos

Soy y seré Tracia

Y Samotracia Egea

Si tu quisieras, si tu quisieras

 

Del tapete marino

Verde como un sol

Que es un títere

Purpúreo de los niños

Arrojé mi caletre

El cubil de signos

Y salió el veintidós.

 

 

VOMIT (51)

 

Paso uno, coger un tren

Lo más lejos posible

A poder ser, de la gente.

 

Buscar un lugar,

Aparcar el cuerpo,

Y soñar con lo vivido.

 

La vida es un fisura,

Un roto de pantalón,

Una mala caricatura,

Un siete en el corazón.

 

Y  no quiero repetir,

Este film de chichinabo,

Y si acabo por vomitar,

No quiero estar acompañado.

 

Eso es todo lo querido,

Este vomito podrido,

Y lo que ha de venir,

Se que será así.

 

No encontraré la chica,

No conoceré África,

No viajaré con tostarrica,

Ni premiarán mi canción,

Todo lo mejor en este rincón;

Vomita que te vomita.

 

Todos son hipócritas,

Ni uno vale un chavo,

Ni el primero ni el octavo,

Ni el que hace la risa.

 

Los coños purpurinos

No son selectivos,

Todo da lo mismo

Hoy yo mañana el vecino,

Y en ese mundo vivimos

Y en ese mundo vomito.

 

No estoy adentro mio,

Pero no perderé el tiempo,

Mercaderes del aplauso,

escribiendo en este trasto

todo lo que vomito.

 

 

TRATADO DE REFLEXIÓN IV (52)

 

Si el hombre es sólo un experimento

El tiempo demostrará si valió la pena

La infame criatura que ahora habla

Es un prólogo de lo aún venidero

 

Cada acción diaria parapetada

En la cámara secreta es un nudo

Engarzado en el pecho del actor

Que pasea alrededor del mundo

 

Del azote de Jerusalén al verde Oporto

Uno sólo es lo que ha sido y coño

De haberlo sabido hubiera elegido

Preparar el papel de un nuevo porro.

 

 

GAMBAS AL AJILLO (53)

 

Vi asomar su larga pierna

por el hueco de las cortinas

movía un juego de caderas

tatuadas por Moabitas

 

Iba puesta de anfetaminas

tenía la mirada alocada

así ciega –me decía-

pasa más rápido la jornada.

 

Yo sabía que era la vida

más puta para las putas

que para el poeta de juglaría

aún sin tener este minutas

 

Yo asentía por respeto

a cuanto ella me decía

la oculté mi indiferencia

por los traumas de la vida

 

Las gambas al ajillo no son para vampiros

 

Si has estado en el infierno

poco da lo que hay afuera

sólo salvas tu blanco culo

del fuego de las calderas

 

Le dio las llaves un chulo

yo le di algunas monedas

yo le hubiera dado todo

además de cuatro duros

 

Escudriñé aquel cuartucho

de la ruta del viejo Soho

yo estaba un tanto absorto

quería entrar en esos ojos

 

Me introdujo que ella hacía

antes de llegar a Londres

los franceses más notorios

de toda la  Rumania

 

Con bochorno lo imaginé

su pasado de vampira

de los Cárpatos a Bucarest

Transilvana o alpina

 

Las gambas al ajillo no son para vampiros

 

Sonaron en la lejanía

los Badajos del Big Ben

eran las doce del mediodía

de aquella  noche fetén

 

Yacía sobre mi muy bien

mire su pecho y observé

que aquél cristo de oro de ley

se había vuelto del revés.

 

Retrocedí y me asusté

sangre tenía en los ojos

y le brotaron unos colmillos

con manchas de café.

 

Había leído en los libros

como tratar a las vampiras

saqué del bolsillo del medio

mi estaca firme de Alcina

 

 Las gambas al ajillo no son para vampiros

 

Me dijo -que vas ha hacer

estás dándome miedo-

al verme blandir

el tamañoso aparejo

 

En un impulso eléctrico

le clave la estaca

intestino adentro

hasta la misma alma

 

Profirió gritos groseros

en lengua moldava

y de sus omoplatos

vi crecer unas alas

 

Entre todos esos gritos

se me caía la baba

mordió mi carótida

mientras me derramaba

 

Las gambas al ajillo no son para vampiros

 

Ven conmigo papito

te llevaré a mi casa

olvidarás a tu mujer,

los nudos que te atan

 

Tus celos y tus canas,

la gente y su idotez

y esa barra americana

donde bebes tu parné

 

Asqueado como estaba

del melodrama aquél

existencia vacua

de un mundo de pincel

 

Iré en pos de ti vampira

y extendió negras alas

sobrevolamos el Tamesis

camino de Transilvania

 

Las gambas al ajillo no son para vampiros

 

Dejando de espaldas

su prostíbulo y mi casa

la ciudad intoxicada

de aduladores de arañas

 

Pero – dijo la fatiga-

menester es la parada

para llenar la barriga

y aterrizamos en Praga

 

En plaza Estaromestská

tenían pesca fresca

pedimos como los ricos

unas gambas al ajillo

 

Te salen sarpullidos

¿pero que coño te pasa?

creo que es el ajillo

se te esta hinchando la cara

 

Las gambas al ajillo no son para vampiros

 

Y con gran estallido

se volatilizó

salpicando a los vecinos

de las mesas de alrededor

 

Entendí que en un suspiro

mueren los seres queridos

ella era unas cenizas

y yo estaba hecho polvo

 

Volví a casa al otro día

estaba el volvo amarillo

mi mujer hecha una furia

por haber desaparecido

 

Me cayó una gran bronca

me lanzó unos ladrillos

después le hice la cena:

Unas gambas al ajillo.

 

 

MI CRUEL ENCIERRO (54)

 

Versos sin terminar

Dientes de piano

Vestido cuadrado

Flor de piedra

 

Pirata de piscina

retiro azor

Cajita amarilla

¡Alá es Mescalina!

 

Palabras gratas

Gafas de pasta

Pasta y tomate

De sazón brava

 

Una traslación

Casi un lustro

Tranki-machine

Y ve el fútbol

 

Pero sonó al fin

Añeja esperanza

Tiembla el timbre

de frío y añoranza.

 

Una balanza,

Restos de nácar

A un lado tus ojos

Al otro el mundo,

Que es nada.

 

 

REPÜBLICA, 1789 (55)

 

La guillotina, guillotine en la France,

Cayó sobre las tablas del patíbulo,

Dejando atrás una cabeza que botó,

Formando un círculo de sangre.

 

Alguien la tiene en brazos y besa,

Los párpados de morado intenso,

Los sesos sacros pues falló el tano,

El tiro sin tino del encapuzado,

Una fabada borboteante, soez.

 

El concurso escupe al negro capuz,

Claman luz de justicia, equidad,

Pero no hay tal cosa, sacos de sosa

Son arrojados a limpiar el suelo

 

No se discute al rey voz mediante,

Ni un solo escrito a fuer de protesta,

O a la cesta caeran las cabezas,

Del filo plateado de la guillotina.

 

Nadie evada un diezmo pues quiero

Para mi la gloria y la dicha y el cobre

Que la pleble, por déficit de relieve

En el córtex, de jondos azadones

En la tierra y besos en mis cojones.

 

Majestad –dice el lacayo- asome,

Venga asome, mire, y tras el ajimez,

Una horda de civiles y bastones,

Con antorchas da fulgor al cielo negro.

 

Aquella noche de urracas y lechuzas,

cayó, rara avis, una cabeza por derecho,

el fin dio licencia a los medios al grito;

“al rey lo que es del rey”, y maulló el filo,

orvuá ius divino,  y contestó amén.

 

 

AMERICAN  PSYCHO (56)

 

Recuerdo que estaba ultimando un cortado

Sentado en aquella mesa de sobre marmóreo

Sobre esta la página cuatro, recién impreso,

El noticiero republicano Daily post.

 

Un enorme encabezado negrita reza:

“Serie de goliárdicos crímenes en California”

y a línea seguida, “ la policía sopesa

la presunta autoría de una joven desaparecida”

 

Nueve de la noche en Santa Fe,

un rifle del 45 es cuidadosamente lustrado

y enfundado después,

en una manguita de almacenes Harrod´s

con asa de látex.

Lamenta el psiquiatra que debió sospechar,

según jura,

era una chica muy dispuesta y segura

a conseguir,

a cualquier precio la becaría vacante

un puesto,

y debí preguntarle que hacía en mi consulta

no cobro minuta a la

 

Psicópata Americana, guante de lana, guadaña de Rimel

Psicópata Americana, minifalda con balas y perfume

Psicópata Americana, sangre en la almohada,

Sólo una delgada luna amarilla, corteza de limón,

Contempla las tretas de la Psicópata americana.

 

El teniente con mirada censora

Y rostro apuntalado

Escruta el cuerpo de Lorena Otalora

Que está colgado

Como un fiambre del techo de la alcoba

De la residencia mixta

De la universidad criminológica de California

Una bolsa

Provoca la asfixia, un tijera en plena arteria,

O la horca,

Un beso de Marylin y un puñal de Jason

Su “modus operandi”

Con una Copa de brandy contempla el cadáver

Las huellas borradas

Santo y seña de la…

 

Psicópata americana, guante de lana, guadaña de Rimel

Psicópata americana, nirvana de cristales y sesos,

Psicópata Americana, para matar se puso corbata,

Y un disco de jazz donde Aleta grazna,

mordisqueando un mechón de cabello

Sofoca los nervios  la psicópata americana.

 

 

CENIZA (57)

 

“No quiero pedir disculpas

Por esta culpa que me abruma

La luna no protesta y me pregunto…

¿Qué será esta impostura

Para la ingente galaxia?

Sin duda una burla,

Una nimiedad, una diminuta humedad

En la gran fachada del cosmos”

 

Todos los rostros

Que se precian de bonitos;

Son ceniza.

 

Todos los tratados,

La captación de abajo-firmantes,

Las empresas por fin logradas;

Son ceniza.

 

Los alquileres devengados,

El protocolo de Kioto,

La prisa por llegar a alguna parte,

Los modales ,la risa juvenil

De la señorita de la mesa de enfrente;

Es ceniza

 

Los paseos campestres anhelando sentir,

Los films de Tarantino, el camino de Delibes,

El Quijano de Alonso, las comisarías llenas de esposas,

Cada una de las losas de los goliardos edificios del Arenal,

El carné por puntos, la suciedad que siempre persiste,

Los chismes lanzados en el patio de luces,

El amor a los nuestros, la enfermedad que llegará,

El Artista del Trapecio, el preso encarcelado que ayuna,

La amnistía, las huelgas, las leyes retroactivas y sus costuras,

Son ceniza

 

El mono de la planta africana,

Los Enciclopedistas o Newton,

El postulado de la compensación,

La evolución reptil en las Galápagos,

Los rayos fulgurantes en las noches de tormenta,

El cuerpo de bomberos, La New Orleáns extinta,

La lagrimilla que sofocaste a Lorena con un te quiero,

La droga y el Rock & Roll, los vericuetos del casco viejo

La paloma torcaz  y graznante de la repisa,

Los viandantes y los durmientes de los cajeros;

Son ceniza.

 

Ronald Reegan y Matilde la de los ultramarinos,

Las pasas de Corinto, la elevada monarquía y la honrada plebe

La pebetera de Silvia y sus mechones guardados

El ratoncito Pérez, los Salmos Responsoriales,

Las tarjetas postales a vuelta de correo,

El zimbreo de ella subiendo los escalones,

Los talones en blanco,  el asfaltador de carreteras,

El Impuesto Nacional sobre la Renta y el I.B.I,

Las hipotecas octogenarias, las canas primeras

Y las primeras al aire sobre el Malecón,

Aquella larga cola de jineteras con todo su patamen,

Y el dictado de la Razón opuesto al naturalismo,

Y el aprisco del tío Ricardo y el Cinismo de la tevisión,

El puente de san Francisco y el del Bósforo,

El coro de Viena y las Góndolas a remo,

La traslación, la imantación de los polos

Tomada en laboratorios de Victoria Land

Es ceniza

 

Torcuato y los prestidigitadores,

Los olores a falta de fiambre, el hambre,

La polución y este aire viciado de tristeza,

La corteza del árbol de nuestras muescas,

Las reservas de animales de presa,

Los sismógrafos de Estambul y las tectónicas,

El impertérrito indefinido y el tiempo que es oro,

El Gerundio, estar en las batuecas, el decoro,

Los demiurgos y también el Nazareno,

El Buda lozano o por el contrario la cienciología,

El común “que dura es la vida”, los “sin embargos”,

Los “ojalases”,  los “nuncas”, los “por fines”, los “te quieros”.

Son ceniza

 

Acaso todo lo entama este polvo, este resto,

Que puede quedarnos más que afanar una urna,

Pagar unas plañideras, y enfilar Montjuic arriba,

con aplomo de héroes de hojalata o  mucho mejor,

robar los claveles de un muerto,

y dárselos a la primera que consienta nuestra mirada.

 

 

ENSUEÑOS DE OPIO (58)

 

Aún queda algo de ayer

Mas no alcanzará la noche,

Mediando esto, raudo cruzo el parque,

El palacete de piedra blanca

Las arcas que las ramas

Forman como hechiceras

Formas raras, draconianas,

Sorteo los autos impasible,

Porque anhelo lo que busco,

No huelo más que su perfume,

Africano y huevoso,

 

Llevo la quijada prieta

Por ende el cráneo abultado

Por que busco el milagro

Ausentarme del trajín mundano

Enrollado en un papel,

Figurarme bajo el humo blanco

Donde Susana y los viejos,

Donde Tinttoreto, o escondido

Tras el Saturno que engulle niños,

Donde se hacinan los relámpagos

En el angar de los truenos,

Allí donde los sesos, traviesos

Como grande es el mundo,

Convierten lo futurible en táctil,

Trastocan el color de la pared

Operando en nuestras pupilas,

Allí en Codeína ,o en la islita

De los transilium cuyas playas,

Según juran, te procuran la aventura

Del letargo más ominoso,

La ultima ingesta es una cueva,

Encuéntrala , y hallarás la felicidad,

Me cuentan que es una virgen

De mirada colosal y sonrisa fausta,

Rodeada de sapos y fuentes,

Y una cruz de farmacia verde,

Sobre el estante en bateria,

O en la rebotica en un cajón,

En formato de 100 miligramos

No es ningunería, cura las heridas del azar,

Es una santa, una bruja, una beata,

Una caja de fluoxetina, o Prozac.

 

Pero hoy no hay tu tía,

En el bargueño sólo hay prospectos,

Y la alacena está vacía,

De abyectos comejenes negros

Y la gitana vecina de la barriada

la del timbre con una cruz,

marcado a navaja por la policía,

no tiene luz.

 

Entonces, enfilado en una nube,

Bajo el capuz de los verdugos,

Veo a dios con gesto hilarante

Tensar una cuerda de esparto,

Custodiado por agentes de Prosegur,

Con gorra, botas de caña alta,

Con enormes porras dirigidas hacia mí.

Ante la segura espadaña,

Huyo a prisa tras el sanedrín,

Un médico aquí por favor,

Iré a la mezquita, un sanador,

Un orador taoísta, conocido mio,

Que es alquimista de lo inmombrable,

Llamarle a prisa,

responde al nombre de ruano.

 

 

Pero él ya está adentro, de rayas,

Alguién detuvo al caminante,

Andurrileante y cazcaleante ruano,

Al fabricante de sueños en probeta,

Alcibíades anacoreta camello y objetor

que sabe que en este falso Erín

hay cosas que ayudan a vivir,

esas mismas que ayer tarde,

volcadas con desaire sobre la mesa

del comisario en jefe,

sirvieron para imputarle,

serán seis meses a la sombra

sin ver el brillo del sol

en el cabello de una mujer.

 

La calle que ando pisando

No me toca de cerca, hay un vidrio,

Entre yo mismo y este ruido,

Entre estas gentes que desconozco,

Sus polvorines y entreveros,

El consentimiento ciudadano,

El orgullo de su propia existencia,

De una vida a mi juicio mezquina,

Inconsciente y de Carrefour,

De trajinar por inercia,

De ocio acomplejado y con semáforos.

 

Pero también abundan Nubligones,

Y  hordas de noctámbulos,

escudriñadores pícaros

al quite por si salta la liebre

o la luz azul de la patrulla,

los caleteros previamente

se enfundan sus guantes,

hay odaliscas de un chulo,

bajo el farol de la casa de citas,

la plazoleta oblicua de gladiolos

y cientos de millones de bazares chinos

donde comprar una bolita de opio.

 

 

OJOS PARA UN PINTOR (59)

 

( A mi particular unicornio azul, sin quererlo ver perdido)

 

Creo en ti como algo puro,

Aunque sé que es cosa mía,

Eres un óleo pintado a seso,

Pero carajo, eres el óleo más bonito.

 

Como eres impalpable,

Casi ubicua, sólo sueño con figurarte,

Besándome como de mentira,

Con la máscara veneciana.

 

Como asir a lo imposible,

Como encender fuego en el agua,

Desconocerte pero abrazarte

Y así entendieras el idioma de mi sangre

 

Quiero sumirme en tus ojos,

Como explorar el océano,

Ser el batíscafo, mirar tu sangre

Como si en el mar, como tenerte.

 

Dos o tres segundos,

Estar adentro tuyo, vientre acariciando,

Llegar a tiempo, estallar juntos.

 

Al cabo un ramito de rosas,

Sobornar al jardinero para que tuvieras todas,

Y de esto me consideraste como uno más,

Otro reptil seseando, otro de más.

 

La estafeta de correos abierta,

Ambarina, lancé mi carta,

Buzón adentro, es todo lo que soy.

 

Paseo por su estomago,

Como un jinete bravo,

Muerdo sus labios que son,

El son que quise para mi.

 

Pero ya se van, entre viento,

Rozando las braguitas su esqueleto,

Su carne que mordisqueé, lamí,

Soñé, eyaculé en los pétalos de su pecho rosa.

 

Y que decir tienen sus ojos,

Sabiéndome cobarde, presuntuoso,

Al no escribir de ellos primero,

Al recordar antes sus pechos,

Y por ello van celosos, como gatos.

 

Pues que son el mar, valga redundar,

Como te dicen todos, pero es verdad,

Son el mar, y yo quiero ser agua en este instante.

 

Moler las olas, ser feliz, hallando su color,

Con precisión de analítico de probeta,

Hallar el color de tus ojos y después,

Retratarte preciosa, eternizarte extra-mundo.

 

Como el Greco, como Leonardo o Zurbarán,

Que sea un presente a los hombres que vendrán,

Que conozcan que hubo un tiempo

Habitado por unos ojos, no grandes sino colosos,

Que sintetizaron todo lo bello,

Todo lo hermoso, toda la lindeza que cupo en esta tierra.

 

 

EL SILVA (60)

 

Hoy comeremos viento, que tristeza,

Migajas de la mesa social,

Hoy jueves el mercado lo desecha,

Tomates feos, acelgas pochas,

Lácteos que rayan la caducidad.

 

El Silva cuenta algunas travesuras,

A un cuatayo del parque de la ciudad,

Barba cervantina, ningún quehacer para ver,

Menos que casi todo, porta sombrero de ala corta,

Al atardecer capea la piel jugando a la sota.

 

Que vida no fuera para jugársela,

Agradecido al sol por asomar,

Esputar al viento cayera donde caiga,

Canturreando un sapo, enfilar la nacional.

 

Un bordón luengo le hace de pierna,

De tripas el corazón, su voz arrecia,

Aullando a la luna su adulterio conyugal,

Se enteró que se acuesta,

Con el primero que la quiera mirar.

 

Que El Silva no mienta no es verdad,

Es bobería la sopa boba y su alcoba,

Grosso modo el universo, la boveda celestial,

La herrumbre alcantarilla en primera línea de mar.

 

Mendicante y lo digo, fue a cuenta de señora,

Un pingo de mala mujer, ahora señora “de”,

Notario por su puesto, ella lo quiso querer,

Se lamenta y va a prender, sobre la lija la cerilla.

 

Me arruiné a los casinos, al vino me arrojé,

Para achaques y limpia besos siempre amigo,

Ahora duermo entre cartones, en el barrio de Lavapiés,

Cuidándome el chasis, de tan múltiples afecciones.

 

Con más de sesenta tacos curtidos,

Martilleando espolones, dando guerra,

Ya despierta ronco como el tractocarro,

En la helada y desigual contrato,

De los de atrás de las dos Españas.

 

Ahora ajuma un cigarro cual si el último,

Apaña un bebistrajo y llama al pan –vino-,

Divino tesoro a la juventud, al tiempo que tres niños,

Encabriolan pateando unas latas de vidrio,

Y en la trápala de sonido, ve el silva la vida pasar.

 

 

LA SEGUNDA MEJOR CAMA (61)

 

Con un beso de cenizas

Has besado tú mi boca,

Con ardorosa folgación

Habla Zaratustra y me azuza;

 

– La connaturalización aminora las atrocidades –

 

Mas lo atroz se había

Levantado una casa,

Thor el perro luengo

Lo supo de antes que yo;

Huroneó en sus canotíes.

 

– Al tiempo una elástica, adarga de tripa de buey,

Mataniños nombrada, probaba que anduvo tu vientre adentro –

 

Al cabo del aguacero,

Del aceite espermanceti,

Así tras la entonación

Del puta más que puta,

Patas arriba, vergonzante;

 

– Lo mayor quedó probado con lo menor –

 

Con visaje interrogativo

En la amada cabeza,

Con gesto grave contempla

Los anillos anulares de Saturno;

La aparición de una estrella.

 

– Como una fotografía con fogonazo de magnesio,

Allende el lecho, asoma el enjundio; Bravuconeador –

 

Suavemente con su lengua

La criatura desorejada,

Acalado de impostor,

Rozado había el pabellón,

En la oreja de mi amada;

Desdichada gibosidad.

 

– Bravuconeador “Le fécondateur desatado había mil lluvias,

Que todo lo impregnarían, mil chanzas impúdicas –

 

Del arcano trono del clan de los Milesios,

Fui presto empellado, a esclavo de los sirvientes de los siervos.

De la tierra que mana leche y monises, tirandome coces Húsrum,

Me arrojó a la inoportuna segunda mejor cama.

 

Dos multiplicado por dos,

Lo dado dividido por la mitad,

Es verdad que es el doble de uno,

Mas ninguneando el astrolabio,

Uno mas uno a menudo suman tres.

Anhelo en tal instante,

Escarnizado y desollado,

Aparcero desahuciado

Del barbecho de su monte,

Huir, partir raudo y torquemado,

Al estado libre del Congo.

 

– ¡ Oh, pobre Robinsón Crusoe ¡ ¿cómo pudiste hacerlo?

Mas todo viernes entierra a su jueves, en los picachos sombríos

De las apiñadas montañas, en la cueva negra donde mora el quebrantahuesos –

 

Reparé de esta guisa,

Pecho meditabundo,

El serpenteo gorgoteante,

Riachuelo que en su curso,

Murmulla, si bien riñendo

Con los obstáculos petrosos.

 

– Toda su belleza prístina prodigué, pero la vida ha de seguir

Como la chica gabarra, agitada en los azules dominios de Neptuno;

Poeta fui en el delirio –

 

Buscando agord:

– Mba´eteko* Telúrico!,

– Nde´ra!, Mo´opio va´icho*

Mientras mace la locura,

En oblongos ácidos,

Alegría en cubierta pelicular,

Para palidez de los seres humanos.

 

– Telúrico: Es este el único caballo de todo Madrid que no ha perdido una carrera. No es un caballo del montón. Deberías montarlo, domarlo, pero cuídate en la doma de no ser tu mismo el domado. Así se pierden las carreras. La vida. –

 

 

CALLE (62)

 

Tomé la calle de la estación abajo

ambulantes habían tocando música

y el badajo de la latina también

olía a barril, a periódico mojado

 

sol amable sobre los viandantes

no se viándan más que del aire

en el mercado junto al teatro

una chicuela me da “la farola”

 

morocha no suena el cobre

prueba con ese gentil hombre

que se precia del sombrero

será el primero en no verte

 

Que arte se da en el desquite

Y después del pase a los toros

También los moros se dispersan

mutis por el forro burlan los picolos

 

Son lolos con unas las guitarras

que dan baladas con pinceladas

De un pintor gitano de la isla

De playas jondas con camarones

Que enamoran a los enamorados

Que vacían los tinglados de las flores

 

Pero Paco Umbral esta ingresado

El gran gigante anda raro

Los gigantes también caen

Pero el ruido es más sonado

 

Tomando Terere una mina

Argentina que está besando

La bombilla plata de su mate

Y a la chica linda de su lado

 

Un borracho desde el banco

Llama a voces a Lupita

Pita el taxi pero arroja

Y el borracho queda solo

Asi es la vida, y a nadie importa.

 

Y en la puerta del chicano

Se venden gramos Bogoteños

Allí en el cielo los aviones

Dejan bonitas estelas de benceno

 

Son lolos con unas las guitarras

que dan baladas con pinceladas

De un pintor gitano de la isla

De playas jondas con camarones

Que enamoran a los enamorados

Que vacían los tinglados de las flores

 

 

VANESA, HEMINGWAY Y LOS TOROS (63)

 

De marrón color de la grifa

Tiene la Vane en los ojos la risa,

Abiertos como un dos de oros,

Morochos, la piel; claro de luna.

 

Sus besos como vacunas, sin prisa,

La guerra fría aplazan a mañana,

En el frenético vaivén de las botavaras,

Deja para otro día lo que teme hacer hoy,

Lo que enamora, lo que desquicia.

 

Acaso una caricia desencontrada

Por el tiempo en que no la conocía

En un desliz me dijo – no te vayas-

Y ahora no puedo dejar de volver

 

Hemingway ya salta al ruedo y se da en correr 

 

La sonrisa ancha, el agua en el pelo

No importaba nada, al pedo,

Que iba a encontrarme contigo.

 

Al cabo, de vuelta a casa,

Llevé en las ganas tanto brillo,

Que encendí las calles de la barriada,

Allí oscilaban agitadas luciernaguitas,

Hemingway toma otra copa y bogan,

Las estrellas en un cielo fresa añil

¡Que vanesa me mordió la boca!

 

Acaso una loca de tan sensata

Su mirada mapa-mundi del cielo

En un desvelo me dijo –no te vayas-

Y ahora no puedo dejar de volver

 

Rebombón de café, Mr.Hemingway, guárdese de los ruedos

 

El mañana es voraz Comején,

Que se da en comer todo lo bueno,

Fueron cinco minutos si bien,

La vida igual puede ser,

Eterna en cinco minutos

 

Y no pregunto porque te miro

Que tal vez no te vuelva a ver,

Así  doy a mi razón tu apellido

Así prendo, en tu corazón mi quemadura.

 

Acaso la dictadura de la belleza

Fue tan dura que le pedí a un amigo

Que venga conmigo a mirarla un poquito

Para que alguien me crea lo que era Vanesa

 

Que pedazo de nena Mr.Hemingway seguro se pone de pie.

 

 

EL MINUTO QUE SE FUE (64)

 

Cuantas veces nos pasó

Que pensamos que es la buena

Y lo arrojamos todo a la mesa

La cordura y el corazón

La hebilla del pantalón

Sobre una sabana roja

 

Así olvidamos los amigos,

Nos volvemos despistados

La sonrisa siempre en la boca

Y la loca alondra en el pecho

 

Pero es ley animal

Porque somos naturales cualquiera

Naturalmente queremos y odiamos

Y acabamos sudando tanto

En distintas camas y labios

Y luego quedamos solos

 

Olvidando no recordarnos

Nos quejamos de la vida

Luego otra bala perdida

La misma herida del mismo lado

 

Nuestra vida es la película del tiempo pasado

Que se ve desde afuera, que se esta marchando

El jugador lo apuesta todo, el sabio calla

El loco busca en tu falda el minuto que se fue.

 

Cuantas veces de mañana

No veo mirando los rascacielos

El mapa del cielo que asoma detrás

Confundirás amigo el gigante

Con la sombra de un pigmeo

Yo bromeo con molinos errantes

 

Pero es temprano todavía

De entonar la melodía del adiós

En el veintiuno no hay dios

Pero hay drogas para los solitarios

 

Hay varios amigos

Y sin embargo buenos hermanos

Doctos libros en la cabecera

Una portera que refunfuña,

Y una cabeza que aluniza

Soñando la prisa de unos pechos

 

Que seguro nos sobrará tiempo

De descansar cuando muramos

De momento esta eventualidad

No está aún en mis proyectos

 

Nuestra vida es la película del tiempo pasado,

Que se ve desde afuera, que se está marchando.

El jugador lo apuesta todo, el sabio calla,

El loco busca en tu falda el minuto que se fue

 

 

NANA DE ANA (65)

 

Ana femenino de ano,

No amo a Ana, amo su ano.

Mas de él soy el amo,

Si amo a Ana.

 

Ana es gitana,

El ano de Ana,

Año a año,

Es del gitaño.

 

Mermelada Ana emana,

Si meto la mano

Para la tostada,

O le hago un enano,

 

 

Me deja el gitaño;

Sin mano, sin nabo,

Sin ano y sin  Ana;

Sin nana de Ana.

 

 

EL MEJOR DE MIS AMIGOS (66)

 

El mejor de mis pocos amigos

Se llama Dumirox

Tiene un cuerpo comprimido

Y un traje de cartón.

 

El día que ando vencido

Lo llamo conmigo

Le invito a agua con limón

Y barremos el destino

 

La mejor de mis pocas amigas

Se llama Cocaína

Hacemos el amor cada día

Frente a un espejo

 

Si ve que me vuelvo viejo

En una letrina

El cojo, blanca y valentina

echamos el cerrojo

 

Pronto di una fiesta

De compañías malas

Todos tan morados

Y ninguno se pegaba

Nadie enamorado

Pero todos se besaban

Y ni uno trajo sopa

Pero todos con cucharas

 

Alguno de mis pocos cuates

Se llama chocolate

Pertenece al ejercito del aire

Es comandante

 

El comanda  noches sin nadie

En papel secante

La melodía africana que asesina

Cualquier desastre

 

Mi amiga de más envergadura

Se llama literatura

Y es un gigante que conjetura

Motivos de vida

 

El día que no tengo ninguna

droga dura

y si la noche se vuelve tan fría

yo le escribo a la luna

 

Pronto llega la tuna

Y compañías malas

Todos tan morados

Y ninguno se pegaba

Nadie enamorado

Pero todos se besaban

Y ni uno trajo sopa

Pero todos con cucharas

 

 

ENCUENTRO EN EL CENTRO DE SALUD MENTAL (67)

 

El tercer cabo de año de la Exposición Nacional,

En un lugar que anomino por no venir al caso,

Andaba yo despistado tras el raso excepcional,

De una minifalda que apresuraba con su paso,

El cambio climático, el recalentamiento global.

 

Un lustrabotas grasiento es quien baila el agua,

Hay un camello que escupe como este anuimal,

Ella es minimal y coqueta de rosa despellejada,

Camina lenta y abandonada al centro mental.

 

Atraviesa los coches con andadura de venada,

Su mirada clavada en alguna parte del cristal

Del Renault gris veintegenario que me lleva,

Ojos de culebra que atraviesan el rudo utilitario

Embragando los pistones de mi alma anacoreta.

 

Doy un frenazo, Adriana entra en el frenopático,

Su espalda sudando y sexual va en pos de recetas,

Impávida hasta los cimientos y en el antebrazo,

El moridero de pobres que la llevó a la mierda.

 

Para los no avisados es nombrado psiquiátrico,

Aquel lugar donde hacinan a los sabios,

Los que no pasan por el aro de creer la certeza,

Allí deliberan de la vida política y del gobierno,

De astrología, dragones alados o de donde pillar.

 

Lugar de muros acolchados y absortos enfermeros,

Colores alegres que inspiran al paciente tranquilidad

Y al apresurado el mero hecho que el Mero es pescado,

Y así se le llama esté adentro o afuera del mar.

 

Adriana y yo somos igual que el pescado liberado

Que encontró en la red la mala costura y ¡a escapar!

Sobre el mostrador postrada con verbo Lunfardo

Reivindica su derecho a la felicidad, su Prozac,

De grandes alas y cuerpo breve es el Albatros.

 

Rompiendo el tópico ella  me pide un cigarro,

Hay un cartel colgado que prohibe fumar,

Adriana se afana el recetario, y de la mano

Me lleva a su cama, donde si se puede fumar.

 

Para que malgastar el resto de los años

Cocinándose a fuego lento como una larva,

En el fonógrafo de bocina Louis Armstrong

Ella bailando en la cama desnuda y sin clemencia,

No fue por el fonógrafo, la querella del vecindario.

 

Línea a línea, de la raya nos fuimos pasando,

Sobre el lomo dorado de un libro de Gogol,

Con un billete enrollado, a modo de cerbatana,

Soplé la  loma blanca de su culo lleno de polvo.

 

Entre besos agriados por estar tan cortada,

Me contó que a menudo claudica de todo,

Que empieza de nuevo y arroja la toalla,

Que no le ve la gracia a esto del mundo,

Que probó de un segundo y fue hospitalizada.

 

Adriana da largos paseos en bata blanca,

A través de una cerca de tubos forjados

La miro jugando con las olas que saltan,

Que sólo rompen para sus ojos dorados.

 

De ocho a diez  excepto fines de semana,

Adriana permanece interna en pescadero

Pensando en el oso blanco que la  trepana,

Como una idea, como un alfiler al dedo,

Su cabeza de gata que anda tras un hueso.

 

En una enorme comezón de comprenderla,

Me gusto en mirarla y es tan bella…,

Su belleza prohibida como pensar el universo,

Quiero curarla, y que después me cure ella,

Una caricia y respiración tenue, un suave gesto

Que de par en par, como un ventanal me abra su alma.

 

 

A CONTRAMANO (68)

 

En más de un chubasco nos hemos mojado

De una lluvia que a los demás no moja,

En más de una esquina hemos asustado

A algún niño para que dejara de serlo,

En más de un entierro nos hemos reído

Y en cada boda lloramos, que el nudo

Cuanto más fuerte, cuanto más atrapa algo.

 

Con la policía no hacemos tratos,

Contestamos hasta a los contestatarios,

Para los ovarios de las feministas

Tenemos listas ristras de cojones de toro,

Para los godos misóginos de las cavernas,

Una linterna sin pilas, para los perros

Somos gatos, para los gatos perros,

Para los que miran estamos ciegos,

Desayunamos con Fidel y cenamos

Con Casalduero, de ahí que siempre vomitemos.

 

Nos gusta gritar en la primera misa,

A la mierda el señor arzobispo,

Le ponemos jalisco a los abstemios,

Para que beban cuando estén solos,

Gritamos polémicos “vivan los toros”

Y muera la televisión, pan et circem obvio.

 

Le ponemos muchos peros al destino,

Y el domingo bajamos a la realidad

Porque sólo allí venden buen chorizo,

Amalgamen los colores del Yin y el Yan,

El bien y el mal; tan absurdo invento.

 

Nos drogamos pero leemos

Y rogamos que entiendan

Que lo malo es no darse cuenta

Sólo así uno se sienta

A gusto consigo mismo

 

Lanza perdigones y rompemos

Las nubes de colores en pedazos,

Y de una lluvia nos mojamos

Que a los demás no moja.

 

 

BIGESIMOÚLTIMO DEVANEO DEL POETA ALGAZUL (69)

 

Yema y clara de un sol tísico,

Penetran el distrito federal de la ventana,

En la juventud despiadada de Adriana,

Las leyes son de saliva,

 

Da comida al pobre

Poeta de segunda fila que de mañana,

tose beodo de aguardiente de cazalla,

Todo a cambio de un verso.

 

El poeta Algazul le promete

Que hará deporte y leerá la Vanguardia,

Si Adriana le otorga el derecho a sábana,

Habla solaz,

 

Pues tiene por corriente

Que el amor, nazca de una farsa

Pues de una farsa siempre muere,

Séase de una moneda cruz o cara,

cara o cruz.

 

Suena un cláxon

En el pecho de la repintada muchacha,

Las mejillas amarillas y anaranjadas,

Hoy era todo un verano,

 

Adriana devorando

Un cuerpo hasta las últimas relevancias,

Figurándose que es un cuerpo con alma,

Con alma debajo.

 

Dicen los mas pensados,

Que el hombre pesimista

Es un soñador experimentado.

Este poeta del que les hablo,

Ya dejó de creer mentiras

Porque verdades ha encontrado,

Sube la cuesta borracho

Increpando al vecindario,

Sin morir, sin haber matado.

 

Al lago Ontario con agua azul

A los mercados de la Veracruz pirata,

Curazao, Oporto y a la isla de Sumatra

O al tanguito de San Telmo

 

Quiere además un tiesto

Para San Valentín con guirnaldas,

A las puertas de un chalé puesto

A las afueras del mundo entero

 

El poeta Algazul es sincero

Sólo después del acto, y así se declara

Ave suelta que vuela de paso y solitario,

Ese es su juego

 

No hay enredo

Ni viajes al país donde escribe las palabras,

Ella desinflada como un globo con babas

Lo ve partir bajo el sombrero.

 

Pero el lárico está hecho

De tierra en barbecho perpetuamente arada,

De Trouble, de zapatos como potros con alas

Para  surcar el cielo,

 

Del todo sujeto

El poeta se despoja, como lo hiciera un dedo

En la solapa, de una miga, del miedo, de la cobardía,

del quiero y no puedo, pero me atrevo.

 

Me dijo el arriero de un barco

Que el hombre soñador

Es un pesimista experimentado

Este poeta del que les hablo

Comenzó a creer mentiras

Porque verdades no ha encontrado

sube la cuesta borracho

increpando al vecindario

sin morir, sin haber matado.

 

 

TRATADO DE REFLEXIÓN V (70)

 

Los más del género homínido,

Por un déficit de respuestas,

Seguimos la estela del caracol.

 

Elegimos de cuantos caracoles

Habitan nuestros sueños,

El más grueso y direccionado.

 

Después seguimos su estela

Por curiosa y ambiciosa ilusión,

la sobrevivencia como unguento

asoma y esconde la parva cabeza.

 

Al final del camino, la meta,

Es haber caminado el camino,

La estela es renovada e infinita,

La baba onírica de este caracol; no

 

 

PALABRAS PARA KIM (70)

 

Un encomiable ladrón de guante blanco

A Burlado los cerrojos del Louvre,

Haciendo añicos la pirámide vidriosa;

Del jardín botánico, se afanó una flor.

 

El azul trueno que barrunta en la paleta,

Del pintor que escribe márgenes del Sena,

Bajo tu boina calada, como un fogonazo,

De su azul han bebido tus ojos de culebra.

 

Partenaire de belleza, tristeza de coartada

Partisana en el mirar, niña desencontrada.

Ojos perversos, cintura breve en contradanza

Que camina cual si bailara, artesana del pecado,

Alegato peligroso contra el amor domesticado.

 

El pecho intacto, altivo y avergonzado,

Pezones infantiles, pétalos de chicle,

Sueltos como libérrimos delfines al galope,

No disloque su oropel el cincel del cirujano.

 

Que ya nunca tendrá el cuello enderezado

El artesano de palabras que abajofirma

Si al doblar la escollera del sórdido lavabo

Bailas, mademoiselle, sola y sin clemencia.

 

Déjame, princesa coronada, a mi,

Sencillo peatón, tribulette, sota del naipe,

Con la verdad y la botella por delante

Nombrar tu hermosura blanca mi adicción,

Sin chantaje…, ¡ inopinada y única!,

De la impúdica New York a los montes Urales.

 

 

MUJERES (71)

 

Estefanía tiene la manía de platicarme de su novio,

obvio freelance, Angelina sin embargo

anda en el letargo juvenil de creerse el amor,

al más mínimo engaño que me cace, se deshace

en reproches, se tira del coche antes de arrancar.

Las noches almendradas son de Ana,

que tiene una rana por príncipe sin virtud ni sangre,

que alardea de auto, musculación y peinado,

Ana lo quiere por los vicios que paga.

 

Adriana vive en un internado, come pescado,

el atún generalmente separa de la ensalada,

está como una luz de gancho, las pestañas

cual toboganes para niños y los ojos doloridos

y dorados, como campos que refractan el sol,

perdonan sus desvíos y divagaciones, en ocasiones,

debo apretar su mano para traerla de vuelta a la realidad.

 

Gabriela es misionera Jesuita en Bagdad,

no en la ciudad de las mil y una noches,

en un club suburbano de declamación sin atuendos,

tomando la rambla del Rabal, partiendo en ascenso,

la primera callejuela que la une con Paralelo.

Recibe dinero en rama, el hombre de patillas rizadas

prolongación de una barba desaliñada,

va lanzando soeces improperios de falangista,

los gorilas le agarran después que Gabriela,

le lance una fresca al lucero del alba,

y una patada certera en el género, en la progénia.

Entonces es cuando ven a Jesús hasta en satinado,

Gabriela es misionera Jesuita en Bagdad, la verdad,

tiene la ferocidad de mil jabatos; también en las peleas.

 

Las poleas suben las redes de los recuerdos a la mente,

Me pone al corriente de obviar aquél perfume de mujer

De cuyo nombre no quiero acordarme, pues persiste solemne,

En algún lugar de la mancha, de una fotografía amarilla.

Prefiero para eso evocar el delirio de una noche soleada,

De Miriam en cuclillas en el faro con los vidrios empañados,

De su Renault rojo como sus labios, salvaje y entregada.

 

Kim es una dama afrancesada y de apellido largo,

de noble cuna, cuna de la que pronto saltó a la calle,

perdió la inocencia sin un detalle, sin un lirio cortado,

lleva en los ojos marcado el instante de aquella esquina,

ahora me escudriña con su mirada cruel de leona,

y más tarde me tiene toda la noche, la noche entera,

haciendo garita en los cuarteles de la impaciencia.

 

Luna lleva un moridero de desengaños en la frente,

cultiva Mariguana índica y así se paga los libros,

no tiene ningún burro pero en sus grabados tiene,

la sencillez de Juan Ramón Jiménez,

dibuja óleos y pinta a carboncillo el brillo,

que la vida real le niega. Una vez al tiempo,

cada algunos meses, me convida a café cerrero,

almojábanas y empanadas que le ponía su mamá,

luego quemamos en cilindros la tristeza,

cantamos piezas mezcladas de Rock nacional,

al rato nos bañamos en su cama de agua

y al cabo, volvemos a empezar.

Fumamos cigarros y pongamos por diplomacia,

que no usamos la nariz sólo para respirar.

Luna me dijo “Para que preocuparte por algo,

que puede matarte dentro de diez años,

si hay algo que  hoy te puede matar”.

 

A propósito de la muerte, llevé en la suerte

que los gitanos no echan raíces en la tierra,

que ruedan como músicos ambulantes,

eso me salvó de un final casto como Torete,

cuando en las caballerizas conocí a Jimena,

tenia negras las cejas y los ojos de pura sangre,

agitanados como la tonada de una guitarra flamenca.

 

Flamenca no, cambiando de tercio y la harina de costal,

hoy es moderno decir holandesa,

para evocar a cierta princesa, nativa de esa tierra

ganada al mar, evoco la sin igual prístina belleza,

que prodigué a ochavo el cubierto,

en la cubierta alquilada de un catamarán,

a merced de la luna llena; se llamaba Lorena.

 

Las poleas suben las redes de los recuerdos a la mente,

Me pongo al corriente de obviar aquél recuerdo de la mujer,

De cuyo nombre no quiero acordarme pues persiste solemne,

En algún lugar de la mancha de una fotografía amarilla,

Prefiero para eso evocar el delirio de una noche soleada,

De Miriam en cuclillas en el faro con los vidrios empañados,

De su Renault rojo como sus labios, salvaje y entregada.

 

 

SILVIA II (72)

 

Como va un año y dos siglos sin verte

más que únicamente en todas partes,

como es ahora que empiezo a curarme

de darte palabras que no quieres,

como al despertarme ya no tanteo

a ciegas tu mano en la cama,

en la  rama curiosa de otros árboles

he trepado como un niño,

para ver que cosa es; jugar a divertido.

 

He cumplido los deberes de caricia

que en ti dejé impacientes,

embustero me dirás cuando te diga,

que no hubo una Leticia,

que fuiste la primera,

entenderás pues, si te dijera,

mi amor más viejo, amor de lejanía,

que no supiera, que no sabía.

 

Corrió el tiempo pues, tras de ti,

como agarrándose después de la vida,

puedo jurar aunque no estuvieras; que yo te veía

 

Existí sonámbulo de este lustro que fue un año,

como lo hiciera un polizón del mundo,

extraño de la casas, extraño de la calle,

como un libro con las paginas arrancadas,

como un púgil mal fajador que no encaja,

que después de ti; era difícil que hubiera nada.

 

Tantas veces se sumó la muerte a mi espalda,

que al cabo, se ha vuelto mi amiga,

yo le hablaba en la tristeza y le conté,

que nada saciaba mi sed, que no hallaba,

que la locura me enfermó

de tu pelo dorado disperso en la almohada,

de aquella última tarde radiante en la ventana,

posada a contraluz junto al vidrio,

¿porqué no dijiste nada,  porque no lo he sabido?,

que al verde de tus ojos ya se le había ido; la esperanza.

 

 

DE CÓMO JODER A UN SEGURATA (73)

 

Son las seis de la mañana en Salou,

Que es un ou fregit en lo ordinari,

Hace rato se ha acabado el show

Underground de minifaldas,

Los lagartos y las lagartas

Seseando ya se van a la cama.

El último poli corrupto, toma

Coca volcándola sobre su placa,

El humo de la Mariguana

Se puede cortar con los dedos.

Hay cuatro gárgolas hieráticas,

En la jerga callejera; “seguratas”,

Cuadrarse ya! Cuadrarse ya!,

Que gran oficio estar de pie

Y como se inflan de no valer nada.

 

Los llaman “Puertas” y es verdad,

No hallarás uno sólo de coeficiente

Que aventaje a la madera del Alcornoque.

Como trabajar de mesa o botella,

No traen siquiera referencias,

Acaso la rabia del perro y la violencia.

Uno de estos seres anodinos,

Movido por un acto en cortocircuito,

Como da una coz la asilvestrada mula,

Y exento de todo hilo argumental

Como de capacidad para el raciocinio,

O al no gustarle mis orejas

Me zarandea, me zurra y me lanza a volar.

 

Los Hombres G te hubieran dado

Polvos pica-pica;   

Yo que soy de barrio te daré gasolina. 

 

Yo que soy diestro en el manejo,

De no dar palabras al necio,

Al conocer que las lleva el viento

Por la oquedad de su cabeza,

De no pedir uvas al trigal si es seco,

De no pelear si me superan en peso,

Ex proceso, me guardo la venganza

Para servírsela en plato frío,

Apretando la quijada, tiro recto.

De mi ex novia he aprendido

Que conviene darse el piro,

Y poder luchar otro día,

Cuando ya no se está ebrio.

 

Pasados tres días lo estudio

A una distancia prudencial,

Ataviado de turista,

Y Encarnizado como un Indio

Con sombrero de Madapolán.

Me fijo en su bonito turismo

Al que se sube empechado,

Sin saber la que le viene detrás.

Le tomo las señas al carro,

Que es un Cabrio restaurado,

Anoto donde acostumbra a aparcar,

He comprado sopa sin plomo,

Tengo la mecha y los cojones,

Y el Zippo de los Ramones loco por cantar.

 

Los Hombres G te hubieran dado

Polvos pica-pica,

Yo que soy de barrio te daré gasolina. 

 

Como Woody en desmontando a Harry,

Como el Público Enemigo de De Niro,

Como un Don Mendo Marqués de Cabra,

Obcecado, como Jack en el Nido,

Sofoco el hambre de venganza,

Encendiendo el cabo de un cigarrillo.

Su suerte ya esta echada,

En los bajos del auto la gasolina,

Mis pupilas refractan las llamas,

Mi sonrisa de batalla vencida

A la impostura de los inmorales.

Oigo en la calle la sirena de policía

Ya me voy que me está dando pena;

Es un Golf Serie Uno de los años ochenta.

 

 

CEROTES FLOTANDO (74)

 ( Soliloquio transcrito)

 

Computando carne, hueso y cerebro,

me queda un amuleto de madera,

un viaje soleado en la escollera,

una mujer muerta en Budapest,

el corazón todo lleno de agua;

una mujer muerta nada más nacer.

 

Luego el tedio y bullaranga a la par,

el retorno al mundo animal, el salve

el culo azotado quien lo pueda salvar.

Atrás, siempre atrás, han de quedar,

la confidencia de lo común, el dar,

sin mas anhelo que hacer carne viva.

 

El escritor hoy se incinera, Umbral,

dando órdenes de su propio crematorio,

refunfuña como en muerte lo hiciera,

ahora calla allí donde no se muere mas.

Y el noticiero lo cubre un minuto,

y un minuto da el pueblo al hombre,

que dio cada víscera propia al pueblo.

 

En la vida, sin embargo, cada día

se muere uno dos o tres veces,

puedes morir junto a un amigo

mientras él te pide un cigarro.

Entre nosotros, querido espejo

te digo, no confíes en la gente;

de entre cuantos hombres haya

el mudo es el único que no miente.

 

Cuantas veces el tuétano, el ojo,

la piel, el amor crédulo y confidente,

han sido de orín meados por gente

que después no lo ha limpiado.

Bebe fruta, se alegre, ve televisión,

jura amor a esa pájara, di siempre Si,

pasa anualmente al carro la revisión.

Recoge las migajas de tu amo,

perdona sus insultos con sonrisa,

a ver si nadie atisba, nadie nota,

el miedo de Superman a este caballo.

 

Vamos a dar de comer un filete,

al propio perro que nos muerde,

vamos a mostrarnos transigentes,

no vayamos a perder sus mordeduras.

Te tienen cogido por la pirola,

su contrato con forma de tenaza,

sus grandes Comendadores de Ocaña,

algo apesta a lodazal de oveja,

algo se urde a tus espaldas.

 

Hoy creo que todo es un gran retrete,

con cerotes flotando en círculos,

que van a dar al mismo mar,

flotando idiotas como náufragos,

en la soledad musical de la cañería;

hoy todo es porquería, todo es porquería.

 

 

QUE EXTRAÑA PAREJA (75)

 

Para Mari, que supo ensamblar las costuras

De cierto juguete musical descosido.

 

En cual café desmigaremos la migajas

que nos lanzan insolentes desde arriba,

los agravios, las querellas, las partidas

que perdemos al tenerlas por perdidas.

 

Los guitarristas que cincelan tus ojeras

traen mohatras que hipotecan el Otono,

cuando coño, Mari, Cruz de mi moneda,

advertirás el barro en  los pies de lodo,

 

del ídolo más apertrechado de la escuela,

del bohemio, del calavera, o asceta Esopo,

me veo doble si te nombro, te confieso

que tanto monto, mi musa; es analfabeta .

 

De coartada se me ocurre -ex proceso-

que montemos un congreso de petanca,

con fondos a las arcas de sueños de los presos,

o para los niños viejos, sin pesos ni pebeta,

 

cuando una tos huera te vuele a las Cíes,

no lo olvides, cuataya, te llevo en la maleta,

infieles siempre pero nunca desleales,

que divisa mosquetera, que extraña pareja.

 

 

UN CIGARRO (76)

 

Los cogollos secos

Encharcan  el suelo,

Hay caramelos

Sueltos de chinos,

Sueños volados,

Botellas de vino,

La pinza de pelo

De alguna mujer.

 

Una terraza

Con mariguana,

Las estrellas

Son petroquímicas,

Unas bragas

Sobre el grifo,

Un triglifo

De estropajo

Bajo tu ombligo.

 

Ni carajo de donde esta el tesoro,

Lo que adoro es buscarlo olfateando,

Después encontrarlo,

Limpiarnos los años

Y fumar a pachas un cigarro.

 

Mi camello

Es apático

Y pasa de todo,

Yo tampoco

Cuando a lugar

Le pongo peros,

Voy a llamar

Al hombre

De los caramelos,

Yo me juego

El primero,

Piedra papel

y mechero.

 

Una señora

de mirada sólida,

espera desnuda

y reclinada

sobre mi cama,

lee a Pablo

Neruda,

fuma bocanadas

de nicotina,

se apellida

cuarenta

más I.V.A.

 

Ni carajo de donde esta el tesoro,

lo que adoro es buscarlo olfateando,

después encontrarlo,

limpiarnos los años

y fumar a pachas un cigarro.

 

 

EVOCACIÓN (77)

 

Yo vivía como quien cada día puede morir,

Me venía de lejos la comezón suicida

De escribir un verso por cada dos pupilas,

De retratar cuanto me dolía al vivir.

 

Otra madrugada lechiagriada en Madrid,

Peinando tabernas, mesones y ventas,

Haciendo la cuenta de cuantas aldabas,

Me faltan para enfilar la escalera

De caracol al cielo húmedo de tus bragas.

 

Habiendo ladrado por cien bocas,

Paya loca de ojos en  llamas,

En la canícula de tu isla desnuda

Declina dios la prelatura y la sotana.

 

Doctorada en jugar a los doctores,

Con tantas pasiones como pestañas,

Cuantas palabras apropiadas

Te diré o haré para tus temblores

 

Los pezones de oro vivo

Ensopados de sudor,

Recordando tus rincones

Evocando la escena,

Con una mano en el corazón,

Y la otra, con perdón, en la bragueta.

 

 

NOTA DE SUICIDIO (78)

 

Tapado hasta los carrillos como un anciano,

espero la hora temblando de frío,

un pasado azul me escarba los sesos,

mi mano mece la luna del desvarío.

 

Ya me voy  a la lejanía, basculita de mis drogas,

He elegido el caballo, para no volver más,

No pienso esperar a que caiga la bomba.

 

He dejado en la gaveta, palabras para ti,

Me voy a la zahúrda mas oscura,

Al patio que hay detrás del cielo añil.

 

Vi lo que se ve donde no hay nada,

Después de ti, no entendí el mundo,

Las hojas voladas de nuestro libro

Las empapó la madrugada.

 

“Quien habla ya a los muertos

Mudo le hallan los que viven,

Y en este otro silencio

Donde el miedo impera, sólo queda,

El fiel y ultimo encanto de estar solo”.

 

(Las últimas cinco líneas son de Ángel González)

 

 

A BUEN PRECIO (79)

 

Como el judas pelirrojo y dispensario,

Tengo en almoneda al olimpo entero,

Te vendo al dios que quieras en oferta por ateo,

Le dijo el Teodoro replicante a Don Mendo.

 

Un buda lozano de la mano de Ronald,

McDonald´s, Alá, Ronaldinho, kerouak,

Che Guevara en vespino en oferta “deuvedé”,

Dylan en vinilo y baco bucólico de vino,

Quien no ve, toma a uno que mire por él.

 

Tantas posturas de postín, veletas de vergel,

El timón rumbo al laurel de los premiados,

Tornasolados los girasoles que giran, en fila

De a once y al escote de la teta mas provista,

Líbrenos la pira de Quijote de la tediosa doctrina.

 

 

SECRETARIO DEL AMANECER (80)

 

El Sol, tan idiota como bello,

viene de cuello alto y voladuras,

romo, calvo y enlutado,

embotado en su sombrero de tinieblas,

su nariz imperial asoma, suave y lenta,

sobre el papel maché de las montañas;

 

Mira la tierra abierta

zahúrda de los hombres,

el semblante fruncido

y objeta al notario;

que breve será su mortaja,

que dichosos en su calvario.

 

Y este sol vierte en el mar,

lagrimones de reptil

adviértase que le da igual,

que su indiferencia por el rumbo

raya los límites de lo absoluto,

se diría que es poeta en su mundo.

Guerra o paz, vida o muerte

él ejerce su oficio puntual y solemne,

se diría Inglés, un sol Inglés.

 

La luna linterna religiosa

nimba el mundo de luz redonda,

retoma el testigo de la historia,

una luna obesa y roja,

sobre el mundial hotel de paso,

de esta vida huésped de nada,

se  recuesta a las claras del alba,

se acaballa sobre los hombres,

y todos esos rizos rubios

ya no están de madrugada.

 

Yo, secretario del amanecer,

anémico de sed y comezón,

de retratar el mundo que hierve,

sin paleta, acrílico ni pincel,

lo tomo cual copo de nieve

Y lo observo deshacerse en mi piel.

 

 

DORMIDA (81)

 

El viejo nórdico de fieltro roza

tus pechos hermosos de India,

surgen como frutos de edredón

con fascinación de ígnea mariposa,

dormida a la tercera rapsoda

al son quejumbroso del bandoneón.

 

Todos los pétalos abiertos,

yuxtapuesta, radiante, coqueta,

recostada sobre la playa de Eubea

dormida te veo mirar tus sueños.

 

Vives en diálogo con los difuntos,

rectificas con un beso mis diftongos,

cuando miras apoyada en mi hombro,

lo que escribo, todo, se vuelve poesía.

 

 

PROTEICO ANIMAL (82)

 

Como king kong sobre una grúa,

Otras cuantas doméstico siamés de alfombra,

Ahora y mañana, sólo amimal vivo.

 

Como el incierto hombre camaleón,

Otras renglón de firme hierro forjado,

De tanto en cuanto, sólo animal vivo.

 

Como Raiman impávido bajo la lluvia,

Otras tantas va el cántaro a la fuente,

A veces, sólo animal vivo

 

Como tratando de decir nada,

Otras apostatando callado del todo,

A ratos, sólo animal vivo.

 

Como a la luz de la razón, ojo clínico,

Otras libertino y suelto Don Pablo Picaso,

Acaso, sólo animal vivo.

 

Como un tren veloz sin riel ni estación,

Otras aferrado a la margen del río,

Asíduamente, sólo animal vivo

 

Sin establishment, sin método, sin ilón,

¿Para qué, por qué y adónde hay que llegar?,

Caminar, de nuevo animal vivo.

 

¿Asistiré otro jueves al lunes pasado

O entenderé al fin cómo es el tiempo?,

Silencio, sólo animal vivo.

 

Como un reloj que pare maníacos,

Entiendo en el opio la fragilidad de mis flancos,

Agazapado, sólo animal vivo.

 

 

FRUTO DEL ÁCIDO Y EL AMOR (83)

 

Entre todos esos rizos dispersos por la almohada, tu mirada, sólido material, me puede tocar como un dedo, me pone todo encarnado el deseo, y oigo corazón adentro elefantes bramar, y descorcha el tapón que en el corazón, para las goteras llevo. Del cielo alto del cuarto, penden de un hilo tus bragas de raso del mercado, el aspa del ventilador reparte tu olor y el ventarrón se llena de gatos. Evoco tu olor, lo puedo masticar y me sabe a agua de coco. El tesoro de la lengua francesa; es tu lengua, que no es sincera, pero me gusta oírla. Como edificios viejos, tiemblan los cimientos en tus labios de papel, al compás de las sacudidas del cuerpo. Cuando el anclaje cae al fondo marino, ombligo adentro, achicas agua de coco bajo el pelaje de estropajo negro, debajo todo lo rosado va a mojarse al sol, a deshacerse en cascada, quiero chapotear a cada golpe en tu alma, dame chorretones, quiero todo tu deshielo en mi hundida quijada. Que yo quiero palmar pegado a tus labios, o trepando tus caderas, o trepanando tus agujeros, que la luna sujete del cuello a la tristeza. Y en tu herradura de golosinas fraguen mis cigotos y en tus túneles víveres, pábulo, alpiste. Se fracture la escayola que contiene animales, que derriten la caldera donde viven; goma dos. Que revienten los cristales, los cuarteles entre los dos, se me dispare en la boca mi pistola de perdedor. Pero mientras esto no ocurra, soñar en tus pupilas la diafanidad del mar, entre tus piernas lo amargo de salvajes limoneros, y otra vuelta a la madreselvas que te suben al pelo, y en mitad de este vuelo lisérgico encontrar la miel robada a los osos, y en mitad de un sueño encontrar tu piel, y tus ojos que son la creciente que anega mis pelos, y el deseo duro como una escoba y las olas saladas y blancas y mucosas, que rompen en las escolleras de tus piernas o de tu estirpe o de tus presas. Preso, pendiente la boca de tus goteras, como un zarcillo pendente de la oreja, como un preso tras la reja está pendiente del sol, yo del retinol que este día salpica tu pecho. De la cadera para abajo amor del cuerpo. Mirandote mirar me estoy duchando en el suelo. De la cadera para arriba amor del alma. Y en el rótulo de Fin leo Comienzo. Y volvemos a empezar…

 

 

LUZ DE AGOSTO (84)

 

Quería luz de Agosto

Y entró por el quicio en pleno Enero

Un chorro de luz.

Tras algún propósito vino a casa,

Por hachís quizás.

Adiviné o soñé,

En sus palabras el material puro

Extraído de dentro.

Inocencia compacta que hablaba erguida

Desde el sofá negro,

Su voz de niña apacentó

La mecánica bestial y truculenta,

Y quedé dormido.

Sol negro despierto en tus manos,

Estás o te has ido?

 

 

LUNAS EN UN POZO (85)

 

Desolación,

aquella canción

era una puta triste.

El sol,

un bandoneón

amordazando una escayola.

El corazón,

un chicle masticado

una gramola rota.

La droga,

dos ojos que persiguen

como una flecha y yo,

poniendo tiritas

a este desangrado.

 

Pasa volando un negro alcaraván,

viene a robarme la alegría,

me huelo el dedo

y te recuerdo, flor encharcadita.

 

Tus labios,

me suben a la cama

como un escarabajo,

un tajo,

que abre la tripa del barco,

naufrago

tras la ultima tabla,

tras la salva de cañonazos

encañonado,

pero vivo

al fin y al cabo.

 

Canto,

cuando solo cantar va quedando,

cantando,

cuando sólo va quedando cantar.

 

Ansiedad,

le dijo a la locura -¡piérdete!-,

¿a dónde vas?,

a imaginar con verte,

la falda levantarte,

en la charca

los labios remojarme,

a meterle luz de gas

a tanta oscuridad,

a pedirte que me salves

o  me dejes atrás.

 

Pasa volando un negro alcaraván,

viene a robarme la alegría,

busca lunas en un pozo

busca flores en el mar.

 

 

EN UN ENTIERRO (86)

 

Tras la puesta de luna

una farola abierta, abierta,

pues los adultos trizan piedras

en minúsculos cristales, la cancela

apagada por el silente camposanto.

 

Un Colorín cantor es el color

y todos los pobladores presentes

desatienden los rezos del sepelio,

sus semblantes se asombran, mas

guardan el rigor del grave momento.

 

– Cuanto más alegra un Colorín que un muerto – (piensan)

 

No era primavera porque…

¿qué es primavera?

 

Sin embargo yo mismo estuve allí,

absorto en el repique puntiagudo

de la tierra sobre el sarcófago,

desatendiendo al Colorín, pues

me obsesionaba cierto pensamiento;

– Estoy tan vivo como ese mismo muerto –

 

 

VÁMONOS QUE HIERVE (87)

 

Cuando llego al taller del viejo

con las manos tiernas de escribirte,

soy el imán de todas las briznas de metal,

toda rebaba de soldadura se me clava…

 

Las yemas de mis dedos aviesas

de acomodarse en tus blandos senos,

son ahora traspasadas por el acero,

la forja es un trabajo tan trabajoso….

 

Mañana temprano, cuando la osa mayor

salga a por miel y el oso le haga el amor,

correremos como niños montaña arriba,

como gatos panza arriba tomaremos el sol,

comprenderemos al fin;

¡ Nunca mas el mundo nos sorberá como a la horchata ¡

 

 

DESCONOCIDO ( OCNO ) (88)

 

Desconozco a día de hoy

Quien soy todavía,

Si es que fui y soy.

¿Y si fuera que sólo fui?

 

He oído de astros apagados

Que proyectan, aun muertos,

Por muchos siglos su luz

Crepitante, y de ellos se dice

Que no están en parte alguna.

 

 

TRÁNSITO PREMATURO A MINERAL (89)

 

No hay ojos azules que me miren

y aun peor… no siento su necesidad.

 

No hay caldereta que llevarme a la boca

y lo que es peor… no tengo hambre.

 

No hay calzado con tomates que calzarse

y peor si cabe… ni necesitarlos necesito.

 

Bien, quiero explicarme;

fuere lo que fuese que alentaba

mis días, ya desapareció.

 

El técnico de iluminación

– ciertamente despistado –

vierte el chorro de luz

sobre las tablas de madera,

queda el actor declamando

en la oscuridad…

 

En su voracidad de pura juventud,

ya todos los papeles representados,

ya todos los guiones estudiados

y olvidados, ya todas las vidas vividas…

 

Así, con torpor de topo, quedo aleteando

a tientas sobre el mundanal escenario,

sin esperar, sin necesidad siquiera de esperanza,

Como un mineral…

 

 

TEDIUM VITAE (90)

 

Con el pasado por delante,

y el futuro tan cerrado

empecé a descaminar,

a constatar los desechos.

Un nudo gordiano soslayar

que me siento del lado fútil,

vetusto fiel en balanza digital.

 

Huevo sin clara en tromba

de agua seca, aguacero,

Ibuprofeno con aguardiente,

reducción sucinta de raspa

de pescado en mi tinta,

que parece ser cargar

las tristes tintas de la melancolía.

 

 

EN EL OESTE  (Ocno) (91)

 

Jerónimos y antónimos,

topónimos y sinónimos,

tribus indias todas ellas

en peligro de extinción.

 

 

A LARA; DESDE LOS EXILIOS DEL INSOMNIO (92)

 

Ahora que el amor se había

levantado un kely  por si llovía,

ahora que había abandonado

el lado malo de la pipa en mi costado,

ahora que sólo esperaba el pixelado

de mi serie favorita y como aletargado…

 

De un mundo rebotado de canicas

apareces tu, con piruletas de alegría

para remar en la humedad,

y con benignidad perversa y prohibida

desnudas al aire tus dieciséis,

y mi jersey se cae y se desnuca

en tan deliciosa insensatez.

 

Mi cáscara de nuez y tú, uva morena,

para despacito morder,

después ya habrá buenos y malos,

que asuman estos dados de tres caras

y dos lados.

 

En suma, estás hecha un ovillo,

Con el pelo ladeado y soñando tan bonita

Que no me extiendo más…

– Gracias Lara por cambiarme el clima -.

 

 

XTABAY (93)

 

Si lee a Widobro

está renunciando a mi libro,

nadie el enseñó

a no quemar el porro,

pero sabe cantar

en mitad del infierno.

 

No sabe que el sol

al agua le tiene terror,

que un ventilador

es el mediador

de la lucha de oxígeno

por el exterior.

 

Caigo de omoplatos

si se vende tan barato,

siempre en boca de tantos

pero nunca ya en la mía.

Quiere fijar un clavo

sin armar algarabía,

sin apretar apenas

me pone al lado malo

de la pipa.

 

No hace distinción

lo mismo lady

que varón,

sale más

que el camión

de la basura

en constitución;

su remera

y su bijou;

su braguita

quita y pon

un Pernod

y un “deja

la propina

en el Bureau”.

 

Cuando mira,

plantea una calle

sin salida;

cierto martes

se robó la luna

para completar

el día;

le asustaba hacerlo

a oscuras.

 

En primavera,

la primera a por recetas

por el cambio de estación,

ligera,

me llena de venéreas

pero pica más;

el corazón.

 

 

PISTOLETAS (94)

 

Lara me hace pasar malos ratos

y yo no puedo pensar mas que en pistolas y en sapos,

ella me llama pistoletas, yo le llamo sapo.

 

Lara es un pequeño sol sudando estiércol,

yo soy un cagallón secado al sol,

nos necesitamos, ¡oh si! ¡nos necesitamos!.

 

Lara ama a todos los hombres

yo amo a todas las mujeres,

Lara consigue a cualquier hombre

yo leo en mi alquilada habitación.

 

Si hay dinero no hay problema,

llevan a Lara a jugar golf,

si hay dinero no hay problema

puedo dormir en una pensión.

 

Pero cuando todo acaba

y la luna es tan alta

y pasa el camión de la basura,

antes de acabar en la morgue

o acometer una locura,

veo su blanca cara y dice Lara

– No sabe tan mal tu amargura–

 

 

ACADEMIA DEL DESPUÉS (95)

 

Como no iba quererle

con el sacomano tan lleno de nada,

hipotecado al vuelo de su falda

y de cuajo colgando la raíz.

Son tan largas tus pestañas

y tan tristes mis mañanas

que tres tigres acodados en la barra

barren sus penas a golpe de bar.

 

Como no era trigo limpio

la tigresa abandonó el trigal.

 

Al salir del local se cala el bombín

lustra de blanco su nariz y al Nirvana,

un lugar de mala cara con puerta de atrás,

a pegar un clavo que saque otro clavo,

alguna huelga de piernas cruzadas,

otras le dan la espalda, pero Lara

le da goma, cama y sabanas limpias

a cambio de nada, a cambio de un soneto de Bolaño

que a ella siempre le salta las lágrimas.

 

Hay un cartel colgado en mi frente,

cerrado por decepciones estivales

arrecifes de corales y cadencias,

del período de abstinencia de tus sales

de reseguir tus humedades con mi lengua.

 

Plácido entro en tí sirena,

eres mina inundada y nado,

al salirte me siento un pescado

y sabes a algodón de feria,

y sabes, porque sabes casi todo,

que reinas en mi esqueleto,

que me corro los mil metros

con sólo mirarte a los ojos, reina.

 

Hay un cartel colgado en mi frente,

cerrado por decepciones estivales

arrecifes de corales y cadencias,

del período de abstinencia de tus sales

de reseguir tus humedades con mi lengua.

 

 

CARTAS DESDE CASABLANCA (96)

 

Cayó el hachís del moro

como cada primero de otoño,

todo vestido de celofán

el polluelo ha salido del huevo.

 

Corren las mulitas por el cielo

las esperan con el afán

de quien espera el verano;

lo esperamos casi desesperando.

 

Dirán como arbitrando y dirán;

los condenados a la demencia

pérdida de la conciencia del ser,

que tendremos sed de por vida

 

Dirán y no se darán por molestos

cuando les digo simplemente deseo,

lo veo más claro con este humo

lo veo todo muy crudo sino fumo.

 

Me excuso un rato afuera del mundo

voy a dar vuelta al viejo velador,

arrellanarme a soñar con tu sexo

como un perro retorciéndose al sol.

 

Por las rendijas de mi impaciencia

se cuelan vuestros relojes en punto,

vuestros “dos y dos son cuatro”,

el torbellino mundano de la inercia.

 

Porqué os fastidia tanto que uno

quiera desplayar a gusto su querencia,

darle la vuelta un toque a la cruz

echarle un poco de cara.

 

Esa canción que cloquean a diario

almas bienpensantes que nausea,

te adjudican uno de sus guiones,

y otro rodamiento de la maquinaria.

 

Caras de sello de carne esclava

brilla en sus ojos un código de barras,

unas amarras cuelgan de sus manos,

perdieron el play off de los perdedores.

 

Estarán ustedes mejores si no juego

busquen a otro que les dore la píldora,

yo me quedo en la hierba soñando

no es necesario justificar el deseo.

 

 

PULPO (97)

 

En la casa del acantilado el crepúsculo es cordial.
apaciblemente, leo manifiestos y bebo a gollete
con el pie derecho sobre la rodilla izquierda.

Es un día quieto y tranquilo,
las gaviotas chillan y escucho su tronil,
una de ellas ha cazado un pez dorado y lo sube.

Siento el anhelo inexorable,
cavernícola, de morder la vida a dentelladas,
me siento junto al piano y aporreo las teclas con fruición.

Ella entra muy naturalmente con un cigarrillo
preso entre sus labios rizados, lo hace chisporrotear,
sus labios morenos dicen mira qué traigo
y es una hermosa voz acariciadora.

Lleva puesta una blanca cortina sobre la piel
y sostiene unos enormes pulpos en las manos,
baja a los riscos y los ensarta en su arpón.

Es cruda e insoslayable;
muestra a los pulpos su cuerpo desnudo,
el encanto rojo flamígero pegado a sus pechos
los encandila y somete, sus cálidas nalgas,
el contorno de sus muslos llenos.

Mientras permanecen embelesados
suelta el percutor y los alcanza en el cráneo.

Ella resigue un fósforo y enciende el fogón,
sazona el agua con abundante sal y ajenjo,
en la olla el agua borbotea .

Se acerca hasta mí y me aferra fuertemente,
sus enormes ojos verdes me sonríen.

Oigo el borbotante ruido del agua
pugnando en el recipiente tembloroso.

Suspendido entre su índice y pulgar siento el horror.
Es el final.

 

 

DEVOLVER EL SALUDO (98)

 

Que sea pronto ese hasta luego

Porque el cemento me llega hasta los tobillos

y oigo el ruido de cuchillos afilándose en la cuerda.

 

He bebido más de la cuenta, de la fuente que mana

soledad, alcohol y otras locuras.

 

Vos haces volar los corazones, poeta.

Yo he soñado que me tocabas con las manos.

 

Poemas desparramados y tubos de Xanax,

y a toda hora silbando la tetera

con el té de peperina y el quema quema

 

-Salía de matina y te traía flores frescas,

el Clarín, medias lunas, cigarrillos

y sanwiches de miga-

 

Trazaba garabatos de tinta china en tu cuadril,

tu leías a Alejandra en porteño

con voz azul, cadenciosa y sosegadamente.

 

Yo leía en braile un paréntesis

-azabache y rojo flamígero-

cerrado entre tus muslos tan llenos,

 

sacaba la lengua y hacía carantoñas

cuando te enteres de que soy un buen chico

-te decía-… ¿Tratarás de liquidarme?

 

CUT-UP (99)

 

Nena nos largamos,

no voy a seguir buscando

tú tampoco vas a encontrar

nada mejor en este pueblo.

 

He encontrado un lugar

donde fundar una vida,

uno de esos lugares escondidos

que es un remanso.

 

El monstruo aún

no ha metido allí la cabeza,

y todo se encuentra

por primera vez.

 

He inventado un truco

y viviremos fácilmente,

flotando de aquí para allá

como plateados atunes.

 

En aquello no habrá

demasiadas complicaciones,

es un juego estúpidamente fácil

que se gana sin jugar.

 

Cálzate esas botas altas

es todo lo que necesitarás

para este rumbo tranquilo

¡quiero que veas tantas cosas!

 

El arroyo cantarín

y las picudas crestas

y las playas de bronce,

los antílopes sonrientes

y las primigenias piedras,

y podremos revolcarnos

en los campos de mostazas

y joder durante todo el día.

 

Coceremos nuestro pan

en nuestra propia hoguera,

quiero enseñarte a ensamblar la leña

y mantenerla caldeada.

 

Los desconciertos son allí

como agradables sorpresas,

contaremos con nuestro Yabyub

y podremos pisar a fondo.

 

Será divertido

caminar con enormes sombreros,

y tragar cerveza al sol

y fumar cigarrillos,

practicando el dicho chino

de hacer nada.

 

Déjalo todo aquí,

en México brota la hierba

desde bien abajo,

el espíritu es duro

y viejo como una concha,

y la tierra cálida

y fortaleciente.

 

Crecerá allí libre

como una ciudadela Maya

en mitad de la jungla,

el manuscrito

que te haga inolvidable.

 

 

PROSEMA TAOISTA (100)

 

(En agradecimiento a Naoto Matsumoto)

 

¿León come Gacela?

mente come mente.

Tu mente no te pertenece

tampoco es “tu verdadero Yo”,

no eres tus pensamientos,

ni tu cuerpo, ni tus ojos, ni tu boca.

Un cuento de Cortázar, no es Cortázar,

el mismo Cortázar no es Cortázar en sí propio,

es otra imagen del cinematógrafo;

¡mira ahora el canal de Panamá!.

Sólo el Espíritu prevalece, sólo energía fundamental,

un Big Bang cada día, cada segundo, en todas las cosas.

Entonces… ¡no te preocupes!,

aceptar la vida “tal como es” parece el camino,

ser como un niño a quien todo deslumbra,

sin juzgar, sin oponer resistencia,

sin cortocircuitos, sin forzar, sin hacer.

Así gira la rueda de las manifestaciones,

así fluye la vida.

 

 

ESPURIO OLVIDADO (101)

 

Luce la la mañana como un traje,

ahogado en tachones de alquitrán,

el tabaco, la tos Ferina, el Clonazepán

(la aduana se afanó mi mariguana)

ahora no sé cómo te puedo olvidar.

 

Deambular contigo en las entrañas,

del bar al Bistro, del Resto al bar,

del almíbar que goteaban tus bragas,

mojaba medialuna y media vida

se me iba enumerando tus pestañas.

 

Dieciocho recreos y yo tan viejo

valieron mi pellejo tus histerias,

hubo un día que elegía mi tropiezo

hoy estallan por tus ojos mis arterias,

y mis ojos por la feria de tu cuerpo,

si declino desgrasarme en el averno

el invierno en que me apeas del camino.

 

 

CUNILINGUS (102)

 

En el antepecho de tu ventana

un cangrejo da marcha atrás,

la espuma es inmediata

la calleja sin salida;

¡hay que hacerla estallar!.

Entrometernos,

pulido tu labio vertical

recojo la amarga miel.

Granujilla serpiente

adiestrada en molinar;

buscar el cascabel

de tu centro más caliente.

Mentón y nariz,

impregnados van

a vadear tu relieve,

tus curvas combadas

como un cuadro de Degás,

mi vértigo Dadá

de tu ombligo va a caer;

toda vez mi sueño

es materia de tu piel.

 

 

PASEO DE DAMA (103)

 

Hoy la paso en kely lo de afuera me puede,

hoy si llueve fuerte será para mi contento,

hoy la paso en pijama y pulo el crucigrama,

hoy  por dentro no encuentro mi epicentro.

 

Hoy por cierto soy panfleto en propaganda,

hoy  me invitan a un evento en el mar muerto,

hoy bufanda de interior y en casa paraguas,

hoy impaciente de un joint y paciente de Freud.

 

Hoy no ser quien soy se lo debo al superego,

hoy en mi plaza Dorrego corre un correfuego,

hoy me siento más retuerto que James Joyce.

 

Hoy el Rolls se torna en calabaza y la princesa,

hoy con trenzas desnudita de cuerpo entero,

hoy en los establos un potrero está de fiesta.

 

MUJERES RÁPIDAS (104)

 

Las mujeres que yo amo

son fugaces como estrellas,

se desvisten en la noche

y a la mañana se me vuelan.

 

Las mujeres que yo amo

son terriblemente honestas,

no dicen una mentira

suenan como monedas.

 

Las mujeres que yo amo

son como yo pasajeras

que llevan en sus maletas

escondido el corazón.

 

 

UNA CANCIÓN PARA MI UNA (105)

 

El mundo gira a pedales mientras voy a pierna suelta

buscando los modales que perdí a pie de tu cama,

en tus córneas celestes que por los codos callan

que se tragan un sapo por no darme una bofetada.

 

Desde crío peregrino por caminos de verde asfalto,

encuentro la birome cuando pierdo los papeles,

te falto cuando estoy conmigo con mi ombligo sólo

y me dices que presento el aspecto de un muerto.

 

A menudo me siento knoqueado por un puño,

con el epicentro en cualquier lado y agarrado

a una hoja de hierba mientras me estoy ahogando,

repleto de tu veto a mi persona  y dipsomaníaco.

 

Giro la presilla del grifo para ver un poco el sol;

unos salmones al galope remontan el camino,

hay en rigor extraterrestres en el polo sur

y libres corren las liebres a lo largo de los ríos.

 

El desamor enamora, los amantes se odian,

tu indiferencia y desdén me tienen en el bote,

de la hierba paraguaya como cántaro a la fuente;

una personalidad frontal y bien altiva la frente.

 

Me gusta cuando gimes porque estás como ausente

te abandonas a tu suerte y parece que volaras,

me gusta cuando cierras fuertemente las pestañas

y entrelazas con los míos los dedos de los pies,

 

Me gusta del anverso del derecho y del revés

cuando tiras el negligé a la lámpara de araña,

y me arañas y con saña aprietas los dos labios

y como en un balancín tu pecho sube y baja .

 

Mañana casi viernes voy directo a tu mezquita

bajo una luna platina voy a leer el Corán,

el Corán de los corales de tu morocha carita

de tus uñas lacadas y tu braguita de celofán.

 

Yo soy un escolar aprendiz de tus pecados

prometo ser aplicado al pie de tus rodillas,

tabú de ojos largos, mi corazón Pierrot

en la mayúscula de tu nombre vive aovillado.

 

Un revólver bajo mi corazón son tus delgados labios

cada lunes cuando te piras hago girar el tambor,

me estoy quedando sin pilas o es la vida tan cansada,

vida si tu voz me olvida pareciera que no queda nada.

 

 

UN PEREGRINO Y EL SUBSUELO DE LOS HUESOS  (106)  

 

Un cielo atormentado cubre la ciudad

por aquí no cruzan ni los aviones,

las prostitutas se recogen bajo el portal,

tiñen de bermejo las colillas

de un paquito que fuman y al fumar,

dibujan volutas como algodones,

tienen las rodillas llenas de moratones

y ríen locas tal que el último día.

 

Un taxista les chifa con los dedos,

queréis dar una vuelta tengo merca,

y Rebeca que va puesta mira a Paty,

que tiene un lápiz metido en la nariz,

la mina ya arremanga su remera,

pues claro que sí, y se dan una vuelta.

Mientras despierta un sol gordezuelo,

chirrían las rejas de los quioscos,

y unos pocos rezagados canturrean

a todo pulmón una de los Redondos.

 

Una vomitera salpica una esquina,

desde la alcantarilla llegan ociosos

monstruosos pensamientos del subsuelo,

el tripy dijo down, down, down,

y el bajón me deja arrellanado

calentándome al calor del sumidero.

 

Es aquí cuando morirme creo

como perro retorciéndose al sol,

perro suelto sin dios ni patrón,

pero esclavo encadenado

de aquella mirada como de ida,

al recordar la matina de Mayo

que te rajaste el cableado

con mi cuchilla de pintar,

porque no te bancabas esta vida

de vivir siempre a tiro de mata,

sin encontrar un solo motivo,

de matarse a tiros y bencedrinas

de creer que no hay una salida.

 

Hoy deambulo a campo abierto

Así la casa no se viene encima,

Es mi techo el mundo entero

Un manto de estrellas me abriga,

Soy recuerdo cuando la olvido

Vino negro corre por mi corazón,

soy yo el viajero y también el camino.

 

 

CANCIÓN DE LA CARNE (107)

 

Ahí estaba sentado frente a mi

con la Fender bien afilada,

nadie cree en el rock´n roll,

me gusta el rock n´roll

porque es cómo un joint.

 

Cuando nadie espera nada de ti,

se proclama libertad

y puedes hacer lo que te da la gana.

 

He oído que lo llaman porvenir,

será porque no viene nunca,

será que te voy a comer los otros labios,

allá donde no te pega el sol.

 

Voy como un Boing por el cielo,

levito igual que Buddha,

voy soñando que me pierdo

bombeando en tu herradura.

 

Deambulabas colada por Madrid,

en Malasaña hay de la buena y de la mala,

tu cruzabas esas piernas para mi,

te gustaba llegar en trip al nirvana.

 

Cuidado con las gomas de mala calidad,

no das el tipo de mamá,

simplemente procuras hacer

todo aquello que te sienta bien.

 

He oído que lo llaman por venir

será porque no viene nunca,

será que te voy a comer los otros labios

allá donde no te pega el sol.

 

Voy como un Boing por el cielo,

levitando como Buddha,

voy soñando que me pierdo

chupando tu herradura.

 

Enterrar mi nariz

En un monte de rizos,

Quiero volver a la matriz

A través de tus piernas de Nylon,

Tus labios,

Dos frambuesas machacadas

Y toda mi religión.

 

RADIOGRAFÍA DE UN POETA (108)

 

(Escena)

 

La mandíbula sobre la palma de la mano

el semblante áspero de vida mala

la voz tomada del mismo diablo

puesto en puntos, descose la última sonata.

 

A contradanza lee a Quevedo

Tornando en oro el lodo fatal

Más no averigua, ya no,

Su nave atrás en el mar muerto,

Arde igual que petróleo sobre agua;

Lo había perdido todo,

Después se perdió a sí.

 

Tanto si era destino,

Como fabricación,

Como si azar o pura necesidad:

Ya nada valía dos pavos

 

(Presentación 1 Pesaje 2. Golpes 3. Cartulinas 4)

 

Simio o poeta, genio deflagrado 1,

O drogata con hemorragia y fístolas en los labios 2,

Llagado de muerte al costado cual cristo 3.

La mujer de porcelana no se dobló,

él se ha partido de puro quebrado 4.

 

(Rueda de las manifestaciones)

 

Sus recuerdos son ojos,

Tornadizos, proteicos, aceitunados

Tan pronto surge como una alimaña

Otras, su sabor de golosina.

Después le trepa una fiebre de ella.

A pesar de cada aislante puesto,

Por mor de mal agüero, en cada pata de su cama.

 

Otras veces, frunce sus labios y nimba,

Con una linterna de luciernagas,

La tristeza peladura de su tálamo,

Lo que le rebana el pensamiento en hogazas,

 

(Contragolpeo)

 

Cuando ELLA pasea  por dentro suyo

Él la repele con bibliografías enteras,

Con visitas nocturnas casi diarias

a la calle de las que nunca besan

Donde el hueso y el alma se confunden,

Entre cremas frías de aliviar  rozaduras.

 

Su sacerdotisa habitual, su adivina, su puta,

Tras la minuta  por viajar al otro mundo,

negra y solemne se complace al informarle;

 

– ESA MUJER TALLA A MEDIDA

DE SU BOSQUE QUEMADO TU PROPIO ATAÚD –

 

(De regreso a casa)

 

La noche aquella, se vio a si mismo

como un fantasma rutilante, siniestro,

rondando la calle de su destino ideal,

con el sombrero crepuscular cabizbajo,

allá por el tercer mes del doce,

sólo y desarbolado bajo el aguacero.

Como un trasto viejo, como un juguete roto.

 

(Comienza un monólogo interno)

 

Así las cosas -se dice-,

la misma calle dónde ahora, arropada,

mata el insomnio con Bencedrinas,

y se adormila de costado junto a su caja musical.

Y sus muñecas de porcelana,

Y su escrito en la frente;

“No me preocupa nada de nada”.

 

(Va rumiando…)

 

ELLA, la más bella segunda persona del singular,

La más singular de este mundo hosco y de porquería.

ELLA, dulce, ojerosa, jodida y atrayente,

Radiante en la alegría y en la tristeza, sólo ELLA me limpia.

 

(Caminando por la calle de ella. 3:00 AM. Éste día.)

 

Tan pronto incombustible rabia de lo perdido

Tan pronto inútil, maldito e inservible y otra vez la mano

Sosteniendo la quijada, cuándo descubre asombrado

Igual que un loco, que todo lo conocido es exacto,

Que lo conocido antes y lo cognoscible en el futuro es UNO.

 

(Plano General)

 

Escribió por aliviarse,

Por crearse su propia isla,

Llena de ella, sólo de ella,

Pero en aquél tiempo soleado

No en esta noche siempre víspera…,

¡Nunca ha llegado, eso nunca ha llegado!.

 

(Imagen)

 

Goyesco y oscuro,

Perdida la calma y desvencijado,

Edwart Lalo, fértil compositor,

Descompone miga a miga,

Los últimos pétalos de su memoria,

Entregado a su recuerdo,

 

A la tenue luz de una palmatoria

Acierta a ver sus ojos castaños

Como Racimos de  uva morena,

Y su boca, ¡Ah, su boca…!

 

(Subtítulo para idiotas)

 

Hoy es una noche de sol negro

Y nimba sus averiguaciones el poeta

En una hoja de receta blanca

Con un pliego al costado que algo,

Le recuerda que debe hacer

 

(Detonación)

 

Fin de la escena.

 

 

“Bloody Mary”

Publicado: mayo 22, 2015 en Artículos
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Ésta es la puerca soledad que hiede a tumba. Embreado estoy todo en ella, vacío con ella. No es casualidad que estoy sentado en el café y ella me impide negociar la vida con mis semejantes. Ella rueda por los filos de los vasos y agua el alcohol. Todo lo agua en realidad, pegada permanece a todas las cosas y a mí, siempre me persigue. Tan harto estoy de este maldito sepelio, de que finalmente todo desemboque en borrajas, que acaso se me permite una pequeña toma de aire y otra vez la asquerosa mano hunde mi cabeza entre las aguas. Entonces al mundo vuelvo a estar vedado, y el pan es insustancial, y las miradas son tapias que se levantan y las palabras de la gente pasan a mi lado como esas palomas en las que uno recaba sólo cuando aprecia su sombra alejándose a ras de suelo. Levanto entonces la cabeza al mundo y me canso prácticamente al primer vistazo. Una y otra vez vuelvo a mi cubil y allí me quedo asfixiándome a conciencia en un tono muy aniquilador, muy suicida. En ese cubil encuentro mi mundo, me dispongo enseguida una botella de Málaga, aparto de un golpe una pila de libros y escribo alguna maledicencia sobre mi propio tejado. ¡Es así, nada encuentro más entretenido en estas ocasiones que lapidarme como un Jesús! Una composición bien curiosita a propósito de la navaja de afeitar, un poema que hable de una muerte suave, de la áspera pero reconfortante textura de la soga o el lento sosiego de la píldora. Francamente, resulta un trabajo escupir el hálito sobre un papel cuando se está así, tal como estoy, con los pies en el cemento. ¿De dónde libar la energía suficiente para seguir ahora que ella no me ofrece de entre sus muslos el cáliz del placer, ahora que su mirada se ha tornado aniquiladora como un cuchillo taleguero  y sus palabras gustan de volverme un majareta? Yo no puedo mover en esta ocasión una maldita pluma de gaviota, yo no puedo sentarme a la mesa ni salir de este tabuco. Yo le dije; tengo el maldito TOC, y ella fue hasta el centro mismo de mi existencia y colocó allí una serie de fantasmas. Vino una tarde con una abultada bolsa colmada de ellos y los soltó en los pasillos de mi cabeza. Ir al amor con el corazón al descubierto… ¡ah… era un camino sin retorno al matadero! Pero yo estaba dispuesto a beber los vientos, a morder la hiel por despertarme junto a  ella. Y ella estaba  dispuesta a toda hora, como un pedazo de madera que se abre con la proximidad de una fogata. Vive dios que he conocido mujeres ardientes, mujeres que adoraban el sexo y a las que les encantaba follar; pero no he conocido una mujer que se muriera por un polvo con semejante desesperación…;  en una danza a vida o muerte. Eran los días de la jodienda más brutal y perturbadora  y nuestros cuerpos rodaban sobre una misma rueda; nuestros líquidos corrían en una misma alcantarilla, nuestros latidos bombeaban a la par y todo era puñeteramente hermoso y radiante. Los dos sabíamos de la alquimia interna de Lao Tzu, devolverlo hacia adentro una y otra vez, mantener el círculo cerrado, y durante aquellas noches no existía un mundo fuera de sus sábanas, y en aquellas noches saboreamos la eternidad. Justamente esa mentida realidad, tan nítida y verosímil entonces, torna ahora los días en horizontes trabajosos, cansados, quien sabe si en días equivocados. ¡Qué enorme riesgo entraña, que peligroso resulta intentar mantenerse como niño, que apabullantes son los golpes cuando uno permanece inocente, cuando uno cree, cree ciegamente y dice mira, estás son mis venas, rájalas si gustas, mi sangre sólo sirve para que te despaches a gusto!. Es una historia que termina aparentemente en una estación de tren, a altas horas de la madrugada, con los pies en mitad de la vía, bien para recorrerla hacia cualquier punto o bien para detener el tren definitivamente. No tengo la menor idea de hacia adonde me dirigí, no sé qué pasó entonces, ni que salvoconducto utilizaría para salvar la pelleja. Creo que lo borré de mi mente,  lo recorté como se secciona un dedo uno que ha pillado la gangrena y prefiere poner a salvo el resto. Ahora vivo en esa serenidad oriental en que puede oírse el bufido del ventilador, el crujir de las hojas y el rumor del oleaje. Es una temperatura tibia que he tenido a bien elegir para mi madriguera, para poder discurrir y vivir tranquilo entre infusiones y esa clase de mierda que uno se toma después de que algo ha producido una buena sacudida en las conexiones neuronales. El sol de la estación plateada barrena las tardes con múltiples chorros de luz, oigo piolar a los petirrojos y todo parece en su sitio… Todo está sospechosamente en su sitio, todo está maravillosamente muerto, todo asquerosamente en paz. Y ahora que bebo el veneno de la soledad, y lo mismo me da si a trochas o a mochas, te encuentro fisgoneando por el ojo de mi cerradura. ¿Qué demonios puede hacer un hombre cabal con una chica como tú?

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* Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

 

blog 659

 

 

Un mal trago para Mohamed.

 

Luca está liando un cigarrillo y derramando la mayoría del tabaco por la pechera de la chaqueta. Ha dicho que tiene que irse pronto para sacar al chucho y está tardando en cumplir su promesa. Lo estoy deseando desde hace un buen rato. Puede volverse un pelma de los cojones cuando le da por hablar de yerba, cosa que sucede muy habitualmente. Hoy me ha contado toda la pesca. Tiene uno de esos cultivos secretos pero aireados a viva voz en nosequé pueblo escondido entre las montañas. No veo el momento en que se esfume de una vez y voy tomando cerveza con largos buches. Clavo en Tania una de esas miradas de desesperación que quiere decir; tenemos que inventar algo inmediatamente para conseguir que se marche- . Cuando ya estoy con las uñas comidas hasta la carne, al fin da un brinco de la silla y raja escaleras abajo con su botella de Coca-Cola de un litro y medio, recordándome de un grito que le debo unos pavos. Un buen tipo éste Luca, pero si tengo que escucharlo cinco minutos más le doy una patada en el culo y lo echo a la calle. Resulta un verdadero coñazo cuando alguien viene a fastidiar y en ese momento alguna buena idea está rondándote la azotea y tienes las yemas de los dedos echando chispas por hacer bailar el pincel y no puedes entrar en conversación ni con Jesucristo que aparecido, te habla columpiándose de la cañería; no tengo pecados señor, todo lo que hice fue alegremente, si me disculpa, tengo que pintar un nuevo cuadro…

El carrillón de la torre golpea fuertemente indicando las cinco de la matina, y hasta el menda más pasmado sabe que a esa hora la imaginación, si ha sido convenientemente forzada y estirada como un chicle a base de energizants y Las Obras Cumbre de Charly Parker, entrega hasta el último adarme, cada molécula se vuelca en ella y la mente vuela como un pajarraco que asciende desde el fondo del arrollo, empapado y decidido.

Parece que de un tiempo a esta parte he encontrado mis venas y vuelvo a saber dónde pinchar para que la sangre brote como un Rin que empapa las hojas, he acumulado una buena cantidad de material bastante decente entre relatos y notas sueltas para ese prospecto de libro y tanta voracidad por tragar la vida y vomitarla en papel. La cosa mejora cuando descubres donde estaba escondida la caja de los petardos y tienes mecha suficiente para armar un bonito alboroto. Pero… ¿Quién me lo iba a decir unos meses atrás, cuando estaba en la mala, sin un centavo en el bolsillo y todo era negro como una fosa y mi corazón era negro también y no había una sola noticia de algo parecido a Dios? Entonces estaba envuelto en ese dolor ondulante y jodido que me hacía moverme como un robot de hojalata, deprimido todo el tiempo por no poder hacer vida, siempre como un ogro apretando los dientes, soltando a cada rato palabras desagradables y arrojando espumarajos contra el suelo, con un humor del demonio y rabiando con cada pequeño gesto que hacía por los malditos pinchazos en las vertebras, tan hundido como uno de esos chichirivainas con barba que se pasan la vida haciendo cola en el comedor de la caridad…, unos meses que para qué, y ahora… ¡Parece que tengo un ángel viviendo en la camisa!. No hace mucho he encontrado ésta pequeña alcoba en el centro del avispero, dispongo de cierto margen de tiempo para escribir sobre esta bonita mesa desplegable antes de tener que habérmelas con el siguiente empleo y lo hago junto a un brillante vaso de vino, hay una chinita por aquí y tengo la nevera rebosante de fruta y fiambres y el alquiler pagado. Por si eso fuera poco, ha aparecido Tanía como caída del cielo, quizá de la mano de ese ángel que parece peinarme el camino, y ha aparecido de la forma más suave y natural, igual que una blanca pluma que se posa en el hombro de uno mientras camina por las ramblas, de la misma manera que una flor involuntaria y bella asoma la cabeza entre los cuerpos descuajeringados de una guerra. Podría abrir un buen boquete a base de darme cabezazos contra la pared y no lo entendería…, el caso es que ella es real y tiene los ojos marrones y alargados como una polinesia y tiene vida en el cuerpo. Cuando Paul al fin se ha esfumado, se ha quitado la ropa hasta quedarse en pelota brava, con tan solo unas finas bragas sobre la piel y se ha estirado cuerpo a tierra encima el colchón a estudiar la filosofía de Bataille, la puerta ha quedado abierta y puedo ver como de tanto en cuanto descruza sus largas piernas e inconscientemente -aun que de esto no estoy muy seguro- eleva los talones hacia el techo, mostrándome entre los dos carrillos ese negro borrón por el que un hombre puede llegar a llorar como un mocoso, traicionar, asesinar, enloquecer. Cuando me quiero dar cuenta estoy tragándome la cáscara de los pistachos y tengo unas astillas clavadas en el paladar. Tener todo esto al alcance de la mano… nada más puede pedir un hombre ni en esta vida ni en ninguna otra.

Me hace falta un buen trabajo para lograr girar el cuello, apartar los ojos de su blando contorno y olvidarla sólo por un rato. Hay en el techo una bonita claraboya, la luna ahora la traspone de una a otra esquina y su relente pasea a lo largo de la mesa como un queso rodante mientras me regalo el paladar con éste vino rojo que me he afanado en el Mercadona. Las briznas de tabaco que Paul ha dejado desparramadas sobre la mesa se destacan a la luz del flexo, que barrena con su foco la aquietada y serena obscuridad, y la leve corriente que corre por el apartamento hace que se revuelvan como siniestros espermatozoides en la cálida morada. A Tania le parece de lo más divertido que tenga las cortinas de par en par abiertas mientras follamos y sin embargo me vea obligado a cerrarlo todo a cal y canto cuando me decido a escribir, le he explicado que estoy lleno de esas manías y que si la estancia no permanece como boca de lobo no saco una de derechas. Ella es una persona de lo más comprensiva y tolerante, pero no puede contener la risa cuando me pongo tan serio y le suelto eso de que “la noche es un bálsamo para las ánimas”. Quizás la cantidad de hashís que pueda almacenar un carguero, diría aquél griego de ralas barbas, es exactamente la cantidad de materia gris pulverizada que me separa de recordar quién soltó esa perla. Me pongo de pie a indagar eso. Camino a lo largo del salón, revoloteo de acá para allá con la cabeza entre los brazos, aparto al gato con la punta de la bota, me chamusco todos los cables, estiro un pelo de mi perilla y entonces se pone a rodar una suerte de mecanismo de engranajes tirantes y noto que esa perilla madura cae del árbol; Krahe.

Despliego el titánico lienzo sobre la tabla con un rápido movimiento. Tratando de poner mi mente a pensar en algo diferente a ese cuerpo hecho a base de curvas, como el carenado de un bólido de carreras, una imagen bastante nítida comienza de pronto a presentarse de manera obsesiva en mi cabeza, tal vez por algún método de supervivencia inconsciente para contrarrestar ese dechado de belleza con el Ying sobre la espalda que lee en el cuarto de al lado. Se trata de la estrambótica estampa que desde hace unos días acude intermitentemente a mi chola; la imagen de Mohamed troceando la carne en la trastienda del restaurante donde trabajo como friegaplatos el fin de semana, con el cigarrillo colgando en la boca, su alargada figura de al menos metro noventa trabajando con desdén esas piezas de carne sobre el mármol, golpeado ruidosamente cada pedazo con el mango del hacha para enternecer la fibra, mientras van formándose pequeños riachuelos rojos y acuosos que corren por la encimera y van goteando hasta el suelo aserrinado, donde restallan formando negros redondeles. La instantánea del bondadoso, templado y huesudo Moha, con el gorro de carnicero, seccionando los músculos y vísceras de un cordero con la misma parsimonia con que se debe lavar los dientes antes de irse a dormir.

En lo que tarda en cantar el gallo tengo listo el caballete, un extraño cuenco para mojar el agua, el pigmento dispuesto a lo largo de la paleta en diversos pastelones de color y el pincel en la mano. Reparo en que el tubo del color blanco está tan seco como mojama. Lo estrujo y resigo con los pulgares a lo largo del tubo buscando el agujero. Ni una sola gota. No queda ni una gota de blanco y me es absolutamente indispensable para dotar al retrato de Moha de ese aspecto hastiado y sombrío, para rodearlo como un Pantocrátor con ese halo gris en el que siempre va envuelto. Debo salir a comprar pigmento antes de que la preclara imagen se esfume por completo de mi cabeza. Pongo el monedero bocabajo buscando unas monedas y me parece estar estrujando de nuevo el tubo de pintura; no hay ninguna moneda. Únicamente dos o tres papelillos de arroz hechos una bola caen y se posan suavemente sobre el enlosado igual que unos copos de nieve. Pido prestados un par de euros a Tania y salgo disparado hacia el veinticuatro horas. El sillín de la vespa permanece perlado por unas gotas de rocío. Clavo la llave en el engine, le doy vuelta y el motor se pone a petardear roncamente soltando una bonita humareda. Pocas cosas hay que me chiflen tanto como el olor de la gasolina cortando por la mitad el hálito de una fresca mañana.

 

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El establecimiento parece tan deprimente como todos los de su tipo, tan formidablemente bien iluminado como desprovisto de vida y con todos sus productos a la última bajo un cartel que se enciende y apaga intermitentemente. Recorro las hileras de estanterías y los pasillos azules. El relente de los potentes focos sobre las blancas baldosas del suelo hace que se produzca el efecto de un espejo. Me contemplo en el suelo unos momentos. ¿Cómo que vas a comprar el pigmento y a mangarte de paso una lata de Bombardier? – Me digo para mi capote- serás tonto del culo…, ¡hazlo al revés! Con que una vez que he quitado el chivato de plástico para sortear el arco de seguridad y me he echado al bolsillo el tubo de pigmento y un filete ruso congelado que le venía como un guante al fondillo de mi guerrera, coloco la lata de cerveza sobre el mostrador de Cinc para que este tipo que tiene la mirada de un bagre recién pescado le pase el maldito láser mientras voy pensando que… ¡no le vendría mal esnifar unas rayitas a éste andoba!. Así por lo menos no parecería que está congelado como mi filete ruso. Si en algo lo disculpo es porque sé de la hipnosis en que uno se ve sumergido cuando hace turnos de noche. Sé lo que es eso. Cuando iba a trabajar en turno de noche a la residencia de estudiantes alguien podría haberme arreado con una palanca de freno en la cocorota y no por eso hubiera dejado de bostezar. Son una mala cosa los turnos de noche. En la puerta del súper está el vigilante, un hombre corpulento de aspecto rocoso que ha estado atisbándome como un alce desde su meseta, ahí parado bajo el quicio de la puerta sin quitarme ojo ni un momento. Me dice buenos días al salir, estirando cuello y mentón para acto seguido agachar la cabeza y ponerse a mirar sus pies. Reverencial por obligación y desconfiado por intuición, no ha sabido si sostenerme o no la mirada.

Conduzco a lo largo de Estanislao Figueras, probablemente en contradirección, y después por Avenida Cataluña hasta llegar al portal del Roser, por donde continúo con la Vespa a través de las diversas callejas y entreveros del barrio viejo, mientras por la ranura del casco va colándose ese delicioso olor del pan recién hecho y los croissants de las pequeñas panaderías que a ésta hora de la mañana ya están con los hornos funcionando a toda máquina. Giro el manubrio y enfoco la motocicleta hacia la esquina de Cuireterias, paso por delante del garaje atestado de cachivaches de un viejo chiflado que se dedica a silbar en la puerta y amontonar todos los trastos inservibles que caen en sus manos, un poco más adelante, a la altura del burdel de Madame Margot, hay un hombre fumando un cigarrillo y charlando con una jai bajo el farolillo rojo. Ella parece comportarse de manera melindrosa y lo rodea con los brazos. Cuando los rebaso con la moto echo un vistazo por el retrovisor y casi me llevo por delante una caja de naranjas que estaba por allí tirada al reparar en que el tipo que está fumando en la puerta del antro con esa gachí no es otro que Moha. Decido no ser un fisgón mal educado y sigo abriendo gas hasta la calle del Hacha. ¡Es una coincidencia de lo más asombrosa… éste cruce de naipes! Por un lado la gran necesidad que me sobreviene en estos últimos días de pintar un óleo donde aparezca Mohamed abriendo las piezas de carne con el cuchillo en una batahola de sangre indiferente, después esa imagen acechándome hace apenas media hora cuando trataba de ponerme a pintar, ¡y ahora me encuentro con Moha en la puerta de esa casa de lenocinio con una puta de las de cincuenta pavos la noche!.

 

Cuando llego a casa Tania sigue echada sobre el colchón, está recostada lateralmente con el codo hincado en la almohada y la cabeza sobre la palma de la mano con los ojos clavados ahora en Spengler, completamente embebida en la cosa. Sirvo un par de vasos de vino, me siento junto a ella y le cuento todas mis visiones de éstos últimos días un poco a tontas y a locas, muy rápidamente; mi obsesión con el cuadro de Moha despiezando el cordero, la forma en que esa imagen me persigue como un cuchillo y no me deja pintar ninguna otra cosa y luego añado que, ¡justamente ahora!, acabo de ver a Moha aquí abajo. Tania regresa del mundo de las ideas, alza el vaso de vino y toma un buen trago para despejar la cabeza.

 

  • Me parece que todo ese bla, bla, bla que te traes –me dice Tania- sólo significa una cosa, y tú Lalo, sabes muy bien cual es; tienes que abordar ese cuadro cuanto antes , arrancar de una vez, y no sabes cómo hacerlo…

 

  • Puede que tengas razón. Sabes, creo que estoy forzándome demasiado con éste asunto, es como si tuviera la necesidad vital de pintarlo. Y es como un Himalaya…

 

  • En el fondo eres un perfeccionista, y te ves envuelto en esa especie de miedo a fallar…

 

El cenicero humea sobre la mesilla de luz, ella estira el brazo y apaga la colilla aplastándola concienzudamente sobre el metal. Se produce un leve chisporroteo.

 

  • Deja que te diga una cosa, me parece que tú mismo te ahogas en tu propio caldo… -prosigue-. Tienes todas esas ideas que acuden a ti como ráfagas, pero no sabes manejarlas, te empeñas en disecarlas con un par de pinzas, ponerles un cordel con una etiqueta y colocarlas ordenadamente en el lienzo… ¡Pero la vida que tratas de reproducir no es así! Esa vida siempre se presenta en nuestro cerebro de forma caótica y desordenada, siempre cambiante e imprevisible, primero arriba y luego abajo, como un lagarto que se escurre entre los dedos antes de que puedas apresarlo y sólo deja la cola agitándose en la palma de tu mano. Lo que debes tratar de plasmar en tu pintura no es otra cosa que el movimiento de esa cola…

 

  • Creo que te sigo- balbuceo.

 

Me acerco a la mesilla y cojo la botella, relleno ambos vasos con el vino rojo de su interior y tomo un buche.

 

  • Claro que me sigues, ¿Recuerdas ese retrato a lápiz que me hiciste rápidamente mientras me comía un helado en aquella terraza de Montjuïc? Es el que más me gusta de todos. Está lleno de espontaneidad y de esa clase de belleza que no se pierde en la perfección de las formas. – Tania coloca el vaso entre sus piernas, después de arrearse un buen trago, y suavemente deja la botella sujetándola por el gollete- Aquél retrato capta el instante presente tal y como está ocurriendo en tu cabeza. ¡La gente no quiere más mierda de laboratorio, cariño!, lo que los pone con las orejas tiesas es cualquier tipo de honestidad con que puedan identificarse. ¿Qué es esa formidable catedral, repleta de patios, fuentes y jardines, rodeada de una deslumbrante ciudadela con todas sus almenas y portones exquisitamente reproducidos…, al lado del soplo vital que supone retratar a una chica sexy como yo chupando un helado con las piernas cruzadas para ti? ¡Ah, debes tirar el compás y los cartabones al tacho de la basura y dejarte llevar!

 

  • Supongo que tienes razón, mon chêre. Me paso el día en continuo movimiento, como si tuviera una chinche bajo el culo, tratando de recoger ideas y recuperar el tiempo perdido. Cuando son las siete de la tarde he tragado tanto café que me sale por las orejas y entonces no hay manera de que pueda serenarme y apoltronar el culo en la maldita butaca para pintar calmadamente. Entonces me acerco al cajón de la yerba y ¡chiau!, tengo que fumar tanto para enfriar los motores y bajar la cafeína, que me quedo tieso como un palo y lo vuelvo a dejar todo para mañana. ¿Crees que si voy al centro de desintoxicación para quitarme del café van a descojonarse de mí?. Estoy dándole vueltas a la cosa…-le digo…-

 

  • Es probable, las personas que van a esa clase de centros están bastante jodidas, – entre el rouge de los carnosos labios ella luce dos filas de dientes brillantes y perfectos -, creo que se descojonarán antes incluso de hacerte la ficha-dice, aun que a decir verdad, no creo ni que te admitan.

 

  • ¡Vaya! ¿Y por qué no van a admitirme…? Tengo una cédula de identidad como todos los otros. ¿Recuerdas a Julio, ese tipo Chileno que te presenté en el Select?, pues el tío está enganchado a los pastelillos de nata como un verdadero maníaco y ya ha perdido todos los dientes. Cualquier cosa que se te meta ahí para taponar una carencia puede ser un verdadero calvario…

 

  • Cariño, deberías dejar la cafeína y la yerba y empezar a pegarle a los pastelillos de nata…- en sus grandes y largos ojos se dibuja una sonrisa-. Te ofrezco mis muslos como mantel… Un clavo por otro clavo, se dice así, ¿no?.. Oye, y qué hay de ese Moha compañero tuyo, ¿lleva mucho en el restaurante? ¿de dónde ha sacado Fransis a un tipo como ese?

 

  • Oh, Moha, el tipo tiene toda una historia…

 

  • Entonces cuéntamela –se anima Tania-

 

  • Está bien, pero te advierto que no es precisamente una historia color de rosa. ¡La hostia! ¡Está hecho todo un perla el bueno de Mohamed!. Mira, la verdad es que el tipo cayó como un pajarillo del árbol…¡y diantres* si supuso todo aquello un acontecimiento en el restaurante!. Una mañana el sol caía a plomo y la gente debía estar chamuscándose las pantorrillas en la playa, el local estaba completamente vacío y nos habíamos puesto a limpiar la cocina, fregar el suelo y hacer ese tipo de cosas. Recuerdo que estaba encaramado sobre la plancha, pulverizando con una irrigadora Catcher cargada de desengrasante la parte interior de la campana y los extractores de humo, cuando alguien golpeo repetidas veces la puerta de servicio, una puerta trasera por donde entra todo el género y por donde accede el personal. Creímos que eran los tipos que traen los bollos de pan porque solían repartir a esa hora. Norbert, un polaco que se encarga de una de las planchas abrió la puerta; un tío que pregunta por el jefe-grita. Alguien fue hasta la oficina y avisó al jefe. Aparece Fransis con un humor del demonio porque no le estaba cuadrando la caja y le dice; Tengo faena, ¿qué coño quieres?. El tipo, que tendrías que verlo, Moha, ahí plantado bajo el umbral de la puerta con una camisa del siglo pasado, tan harapiento como una poza y con sandalias playeras de color verde en los negros pies, la decrepita calavera conformada a base de huesos y piel acribillada por el exceso de sol, mirando a Francis con fijeza. Entonces Moha toma aire, y empieza a colocarle su historia. Viene de Marrachech y lleva apenas un mes en la ciudad, todo es tan difícil aquí y bla bla bla, tra tra tra…. Hasta su voz parece pedir permiso para hablar cuando le dice a Fransis que quiere trabajar, trabajar Gratis –dice-, repitiendo varias veces la palabra Gratis. Enfatizando con mucha desesperación la palabra Gratis. Fransis le suelta de plano que no, que se vaya a tomar viento. Entonces Moha hinca las rodillas en el suelo y agarra a Fransis de la pernera del pantalón y le da un pequeño estirón mientras implora que le dé un empleo, que hará lo que sea, que es un buen trabajador. Únicamente necesita algo que llevarse a la boca de vez en cuando y a cambio está dispuesto a trabajar las horas que sea necesario, Gratis. Fíjate la importancia que tiene esa dichosa palabra en nuestros días, -¡Gratis!-,parece un amuleto que lo agitas y a la trouppe se le enervan las cejas y están dispuestos a hacer lo que sea. Pero Francis, un tipo casi siempre atento a la ley y los reglamentos, se da media vuelta, le cierra la puerta en los morros y se larga hacía la sala rugiendo algo. Uno por ahí parloteó una serie de cosas recurrentes a propósito del gobierno y la tasa de desempleo y todos seguimos a lo nuestro. Cuando era la hora de chapar el chiringuito Norbert volvió a salir a tirar la basura y ahí estaba Moha, como un pasmarote, de rodillas, exactamente en la misma posición que unas horas atrás. Francis, hastiado ya de aquél hombre, le dice algo así como que va a provocarle aborrecer el anís, que vaya un pelmazo de tío estás hecho, pero Moha no se arruga y sigue con su cháchara. Finalmente Francis, aniquilado por las lamentaciones y súplicas y en vista a la perseverancia de acero que mostraba aquel tipo, absolutamente ineluctable, le dice que se pase a la mañana siguiente a limpiar el almacén.

 

  • Al día siguiente Moha se presenta y no sólo limpia con ahínco el almacén hasta dejarlo reluciente, sino que ordena las cámaras frigoríficas, arregla el motor del montacargas, repasa todas las vidrieras con uno de esos productos  y deja en definitiva el establecimiento como nuevo. A los pocos días Francis, conmovido por la entrega de aquél hombre, le hace un contrato y lo pone a currar. Era una escena bastante impresionante verlo trabajar como un remolino dentro de ese cuerpo famélico de galgo, danzando de aquí para allá, acarreando mil bandejas de una sola tacada, rellenando de tres en tres los cubos de viscoso Ketchup, lavando platos y cubiertos a una velocidad endiablada, redoblando el arrojo y las horas que metíamos allí cualquiera de los demás. Moha resultó ser un buen hombre, un tipo pasmosamente tranquilo, afable y agradable en el trato. No tardó mucho en hacerse amigo de todos nosotros y muchos días al cerrar el local tomábamos cerveza en el aparcamiento y nos fumábamos algún que otro porrito. Fue por aquél entonces que comencé a advertir que Moha intentaba pasar el mayor tiempo posible en el trabajo, no encontraba el momento de regresar a casa y jamás se largaba con prisa. Un día Abdul, un Marroquí que se encargaba de montar los platos combinados, subió al almacén a por un cubo de mostaza y se encontró a Moha tirado junto a las estanterías donde están los productos de menaje, la lejía y los enseres para la limpieza. Permanecía bocarriba con los ojos en blanco y unas fuertes convulsiones le azotaban la boca del estómago y hacían que su pecho traqueteara como un motor gripado. Manaba de su boca un hilo de líquido violáceo y fosforescente que se escurría a lo largo del cuello. Abdul reparó en la botella de desengrasante junto a la pierna de Mohamed. Entonces el chico comenzó a gritar algunas palabras en árabe y todos subimos. Enseguida lo trincamos entre unos cuantos y nos los llevamos al Juan XXIII. Cuando lo metimos en el asiento posterior su rostro presentaba un aspecto lamentable, tenía el color de una magrana recién abierta, todo su cuerpo se retorcía y aquella voz abrasada lanzaba unos gritos horribles a la par que de su boca iban saltando unos espumarajos sanguinolentos que te dejaban una impresión nada alagüeña. El pobre paria parecía estar a punto de espicharla, aquello tenía una pinta malísima y se armó un revuelo a la salida del restaurante. Por fortuna, en nuestro adorable país había un cirujano de guardia a esa hora de la tarde y estaba casualmente en nuestro mismo hospital. Aquellos galenos lo pillaron a tiempo, le endilgaron una sonda en línea recta que le bajaba a través de la boca, serpenteaba por los intestinos, hasta salirle por el ojete…, y absorbieron todo aquél líquido fluorescente. Transcurren  unas pocas semanas en que el tipo se pasa el día tragando sopas, arroz blanco y ese tipo de comida insulsa y finalmente el bueno de Mohamed logra salvar el pescuezo, e incluso deja de echar humo, -esto es una broma, no me mires así, chica explosiva…- y el tipo se reengancha al trabajo, si bien de un modo mucho más tranquilo.

 

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  • ¡Uff, la virgen… ¡pobre tío…menuda lástima. ¿Y pudo recuperarse del todo? ¿Por qué hizo una cosa así? Debía estar muy desesperado para tragarse el desengrasante –suspira-, eso no es como una pastilla del sueño. ¿Porque lo hizo? ¿Porque? ¿No os lo contó? Algo os diría al respecto… Me tienes en ascuas, ¡suéltalo ya!.

 

  • Fue por su mujer, o eso tengo entendido…-le digo.

 

  • ¿Por su mujer? ¿Acaso vas a decirme que ella le hacía la vida imposible? ¡Bah! – El semblante de Tania adquiere cierto matiz de fingida sorpresa, de descrédito hacia mis palabras. Entonces endurece su mirada hacia mí-. Me tomas el pelo…-dice.

 

  • No te tomo el pelo bonita-replico. Esto que te voy a contar, me lo soltó Abdul, que es como uña y carne con Moha, un día que estábamos pelando la pava en la terraza del restaurant. Era durante una de esas tardes de sábado en que teníamos tres horas muertas entre el turno de la comida y el de la cena, estábamos pegándole al carajillo porque hacía un frío del demonio y mirando en la pantalla un gran premio de automovilismo, cuando Moha apareció con una cara de manzanas agrias y refunfuñó que no podía sentarse a la mesa con nosotros porque tenía que llevar a su mujer a nosedonde. ¿A la vaca?- le soltó Abdul descojonándose. Y entonces Moha sonrió y dijo; “No, es una cerda. Una vaca no, una cerda”. No pude contenerme y estallé de la risa. Menudo cariño le tienes a tu mujer, Moha, le dije- “Si, ahora tengo que ir a ordeñarla…”. Entonces Abdul le grita “¡Eh, Moha!, ¿pero no decías que era una cerda?”  y el otro contesta; “sí, una cerda”. y desapareció por el deshabitado paseo sonriendo y levantando la mano en señal de despedida.

 

  • Oye chaval creo que estás sobrepasándote… Te recuerdo que estás hablando con una mujer. Ten un poco de tacto en las cosas que dices, a ver si voy a largarme yo a ordeñar a algún taxi boy…

 

  • ¡La hostia Tania! Intento reproducir una conversación -le suelto, no es que yo pinche ni corte nada aquí… Estoy tratando de explicarte lo que Abdul me contó aquél día. Y no te sobresaltes así, ya sabes las delicadezas que dispensa esta cultura a sus mujeres… Pero no estamos hablando de eso. Justamente esta es una historia en sentido contrario a todo eso… –le digo mientras me echo un trago de vino al coleto-, deja que termine de contártelo…Con que estábamos en la conversación de la terraza–prosigo-, que fue después del percance con el desengrasante, claro, y yo quise saber a qué había venido aquello que había soltado Abdul hacia la mujer de Moha. Entonces Abdul me contó toda la vaina con pelos y señales. Este pobre paria, Moha, es oriundo de un pueblacho apartado en una región del este de Marrakech, un lugar que por lo visto está repleto de enormes cañamones y la mayoría de la población lo cultiva para fabricar el hash. Moha, no. Moha parece ser que pertenece a una familia de cierto estrato social dentro de esa comarca, y vive holgadamente y maneja una apisonadora y recorre los caminos de la zona con ese trasto con el fin de hacer todo aquello un poco transitable y también para desembarazarse a la menor ocasión de su familia, que por lo visto es de aupa. Una de esas familias llenas de tradiciones y ritos arcaicos, muy pacata y temerosa de Alá. Mohamed estaba bastante frito con el tema de su familia y no desaprovechaba la ocasión para borrarse de aquél panorama durante algunos días. Cuando regresa de una de esas ausencias, después de haberse pegado un buen festín a base de alcohol y yerba durante tres días con sus tres noches en una plantación cercana de unos ganaderos amigos suyos, abre la cancela de la casa y allí clavado en el porche se encuentra a su viejo, uno de esos califas la hostia de solemnes con la barba imponente y el habito sobre el cuerpo, de la mano de una mujer bastante guapa que le saluda cerrando los párpados y bajando rápidamente la mirada. Su padre le dice entonces, con toda naturalidad; Mohamed, hijo mío, te presento a tu futura esposa. Se llama Leila y os casáis en un par de semanas. A Moha, claro, se le viene el mundo encima. Pasan ese par de semanas en que Moha está completamente paralizado intentando digerir el pastel que le ha tocado. Pero no hay nada que hacer, la Sharia es una ley regia y lo deja todo muy a las claras, no puede librarse de la boda. Con que el día señalado se casa con la Leila ésta por todo lo alto en uno de los palacetes de Marrakech con las diez mil alharacas oficiales y todas las sutilezas que puedas imaginarte. Luego se trasladan a un piso en la capital que les ha puesto el padre de Leila, el sultán Abdeslam al Nazer, y allí da comienzo su vida marital, en su recién estrenado nido de amor  y con los bolsillos llenos. Moha todavía está preguntándose qué coño ha pasado aquí, aun que no acaba de disgustarle del todo la cosa, cuando recapitula de golpe en que ha sido desprovisto de los mandos de su apisonadora y que ahora lo que sostiene son los brazos de una mujer de noble cuna. Pero no todo resulta ser miel y complacencia entre los dos. La señorita Leila tiene un carácter de lo más enrevesado y resulta que es un coñazo, por hablar con propiedad, está hecha una calientapollas. Se vuelve todo promesas y a la hora de la verdad, nada. Al principio Moha pensaba que ella se moría por un polvo cuando se le acercaba a servirle el plato de sopa y muy descuidadamente le ponía el pecho sobre el pómulo, pero cuando él le pasaba una mano por debajo de aquella larga túnica y lograba palpar su trasero ¡ella le cortaba el rollo en seco! Para acto seguido clavarle una de esas miradas que quieren decir ¿Quién te has creído que soy?. Entonces el tío reculaba un poco. Pero a las pocas horas ella ya ha inventado otras mil excusas para ofrecérsele por cualquier chorrada. De repente le llama para que arregle el codo de un grifo que sólo necesitaba que lo cierren del todo, entonces ella, con el otro en cuclillas ante sus narices, se sube el velo y comienza a rascarse un granito en el pubis…, -esa clase de cosas, entiendes…-si no es el grifo que gotea es el reloj, que no anda. Procuraba arrimarse lo más posible y lo llevaba hasta cierto límite, que nunca sobrepasaba… Calentaba a Moha y salía pitando. Otras veces se acercaba a él cuando estaba leyendo el Corán, y se sentaba sobre sus rodillas, comenzaba a contonearse y a encabritarlo hasta volverlo loco y cuando sentía el cipote tieso ahí debajo, ¡se marchaba a la otra habitación echando chispas!. Parece ser que únicamente cuando Moha estaba dispuesto a renunciar asqueado, ella se volvía otra persona. Cambiaba las reglas y aparecía en bragas con una toalla enroscada en la cabeza y los limones al descubierto y le pedía que le ayudara a colocarse el sujetador, entonces le permitía arrimarse un poco…pero ¡que no se le ocurriera tratar de tocarle los pechos! No lo sé, yo jamás me he topado con una de esa clase, pero creo que mujeres así pueden destrozarle a uno los nervios, si se las toma en serio.

 

blog 653 post moha 3

 

  •  Me parece una cosa de lo más extraña- me corta Tania. Igual esa mujer tenía alguna tara. La verdad es que sí que debe ser una cosa como para cortarse las venas. ¡Quizá lo pruebe contigo maldito cabrón del infierno!. Quizá haga una prolongada huelga de piernas cruzadas como no te apuntes a un gimnasio y dejes de fumar esa cantidad de mierda…

 

  • Cariño, si me apunto a un gimnasio –le digo-, soy inmediatamente un hombre muerto. Mi creatividad se va enseguida a pique y caputt, estoy liquidado. Hay algo que rechina dentro de mí cuando veo a esos hombres y mujeres conformados por tuberías bajo esas cabezas de chorlito, pavoneándose como pavos reales delante del espejo, envueltos en ese halo arrogante y teatral. ¡Buaj! Qué asco me está dando con sólo imaginarlos ahí andando como un cangrejo… En cuanto a lo que venimos hablando…, eso mismo me parece a mí, que Moha reaccionó como sólo un santo o uno de esos canónigos que viven en las montañas podría… Mira, el tipo se echó unas alforjas sobre la espalda, unas monedas al bolsillo, se subió al viejo transbordador y cruzó el estrecho de Gibraltar a la buena de Dios, buscando un giro que le permitiera respirar un poco y zambullirse en una vida anónima y estar a su aire. Entonces pululó durante un tiempo de aquí para allá, gastándose la poca pasta que tenía en los locutorios, rellenando solicitudes de empleo y siendo víctima de algún que otro engaño por uno de esos anuncios gancho. Pero verás, aún hay otra cosa, – Tanía me escucha con aire impaciente y sus ojos marrones están completamente abiertos- todo trascurre al final en la trastienda del restaurante, en el umbral de esa misma puerta dónde te he contado antes que Moha apareció por primera vez suplicando por un empleo, y es que dos años más tarde, quién llama con furia a esa puerta no es otra que su mujer, la señora Leila Abdeslam, que viene acompañada de su padre, el famoso sultán y uno o dos alcornoques entrajados dispuestos a llevarse a Moha por las solapas de ser necesario. De alguna manera Moha les camela para que esperen por ahí una hora hasta que él acabe la jornada. Entonces irá con ellos y hablarán del asunto. Mohamed cerró la puerta trasera y subió los veinte peldaños que restan desde la cocina al almacén, dijo al encargado que subía a colocar unos bultos que en la cámara frigorífica y a ordenar todo eso un poco.  Lo que hizo fue acurrucarse junto a la estantería tumbado a lo largo mirando al techo, o mejor dicho a través del techo, y con la cabeza reposando sobre una caja con botes de legía se puso a despedirse mentalmente uno por uno de sus conocidos, de sus padres y hermanos. Después rezó algún tipo de oración a Alá. Finalmente, cerró los ojos y pegó un largo trago de una de las botellas que había por allí. De pronto un fuego comenzó a abrasarle las entrañas y los objetos que le rodeaban empezaron a alejarse, a perder consistencia y desvanecerse. En un último forcejeo consigo mismo por mantenerse a flote, pues ahora sentía un miedo atroz y una angustiosa sensación de no retorno, logró abrir los ojos y vio a Abdul en el otro extremo de un negro túnel,  estaba tratando de decirle algo mientras iba soltándole unas bofetadas en la cara. Después alguien apagó la luz. Y el resto de la historia ya la conoces… De un tiempo a esta parte, podríamos decir que Moha se ha convertido en un siniestro autómata, no hay en él un solo signo de que guarde aún algo que se parezca a un alma. El tipo llega al laburo, se enfunda en el delantal y comienza a arrearle a los pedazos de carne. Se comporta como un martillo neumático viviente y podía pasarse martilleando la carne y arrojándola en la bandeja  semanas enteras si de tanto en cuanto se le permitiera salir a fumar un cigarrillo. En realidad creo que siente verdadero pánico cuando se acerca la hora de volver a casa, y cada día encuentra una nueva cosa que hacer cuando dan las doce. Siempre encuentra algún zarrio por ahí tirado que es preciso volver a poner en la máquina, entonces Fransis le deja la llave y él se queda por ahí trasteando hasta que le dan las tantas. Cualquier día va a encontrarse consigo mismo viniendo al trabajo a las siete de la mañana. La verdad es que resulta descorazonador verlo así, es como si algo le hubiera succionado la vida y lo hubiera chupado hasta dejarlo pálido, como cuando ya te has bebido todo el jugo de uno de esos polines Burman Flash y te queda tan sólo el hielo transparente…  Únicamente esa serie de inercias cotidianas lo mantienen en movimiento, las directrices necesarias para curtir la carne y andar como un sonámbulo apilando los cuatro zarrios de la cocina.

 

Tania permanece en silencio. Sus ojos trasmiten una afectación enorme y me parece que están aguándose. Estiro un poco la manga del jersey y recojo una lagrimilla que rueda cuesta abajo por su moflete. Tania está llena de bellos sentimientos bajo esa fingida máscara de chavala punk que utiliza para que nadie le agobie demasiado. La verdad es que ese amigo tuyo ahora me da mucha pena- dice. Y ambos nos ponemos a mirar a través de la ventana. Todos estos días parecen ser una buena secuela del verano, que igual que los dominguillos que atestan el paseo con sus fiambreras durante el mes de Septiembre, se resiste a desaparecer y ceder el paso a las crujientes hojas del Otoño y a los chopos y pinos que inexorablemente irán quedándose calvos conforme nos adentremos en la dorada estación. Pero hoy hace una temperatura formidable, ¡y estamos a finales de Octubre!, aún pueden verse algunas lagartijas en las blancas tapias o pegadas a los vidrios de los faroles de hierro forjado que corren a lo largo de los pasillos de la ciudad, de esta ciudad romana con arterias de petróleo y un sótano donde aún duermen los viejos leones… Los amiguitos que pululan por la calle parecen del mejor júbilo y se intuye una buena dinámica a pie de calle, la atmosfera está descargada, y los tipos que duermen en el cajero de la esquina se han puesto a tocar la flauta y sus chuchos hoy no están tirados en el portal haraganeando, sino que se han puesto a mover la cola alegremente y a correr formando círculos. Parece que hoy la rueda gira renovada y vivificada, como un pedalier que jamás se detiene…, parece en definitiva, que ha llegado el momento propicio para darle una última pincelada a este retrato de Mohamed. ¡Ta-ta-chín…!

* He querido recuperar, de los empolvados cajones del siglo pasado, esta expresión; diantres, que me parece muy fónica y expresiva.

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* Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

“Le Noir Conillón”. Relato corto.

Publicado: octubre 23, 2014 en Artículos
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Blog 617 Noir Conillon

 

Le Noir Conillón.

 

El primer día que lo vio, era aún de noche en realidad, pero la luz velada de aquél baño se lo había mostrado de la manera más sinuosa que uno pueda imaginarse. Se había corrido una buena juerga con Chloé en el cuarto de su alcoba, pero tras el segundo round ella se había quedado dormida, y él algo insatisfecho. Chloé dormía estirada en el catre matrimonial cuando Mick abrió la gran ventana que daba a un patio de luces para respirar un poco de aire fresco. Desligó el cordel de la persiana y abrió la portezuela de madera. A esa hora de la madrugada el patio de luces permanecía habitualmente oscuro y en silencio. Encendió un Gauloises y fumó durante un rato apoyado en la veranda. Cuando se puso a contemplar el vacio del patio reparó en que la ventana que estaba justo enfrente suyo, y que daba al baño del piso de abajo permanecía abierta y la luz encendida. Lo siguiente que vio lo puso verdaderamente en trance. Una mujer se había sentado sobre el inodoro y comenzaba a deslizar sus bragas hacia el suelo, dejando al descubierto dos blancos muslos y una hermosa, hirsuta y negra pelambrera en el medio, que de pronto era acariciada por una mano delicada. Eso era todo lo que Mick alcanzaba a ver a través de la pequeña ventanuela de enfrente, pero de alguna manera aquél coño tan crudo con esa tupida mata negra alrededor le estaba pareciendo una iluminación, una manifestación asombrosa de natura y delicada animalidad justo enfrente del cercado domestico. Aquello era suficiente como para volverlo loco. La mano reseguía la uve de las ingles muy lentamente, haciendo bailar el dedo índice sobre algún punto con suma delicadeza y lo hacía bajar hasta el centro mismo de aquella pelambrera. Mick estaba muy impresionado por su negrura azabache, como un tizón, y por el aspecto salvaje que aquél coño presentaba. Chloé siempre iba tan rasurada como un recién nacido y su olor era bastante aséptico, el olor de algo permanentemente maquillado. Sin embargo, ese chumino de ahí abajo le parecía a Mick que siempre había permanecido en estado salvaje, que nunca había sido rasurado, pues parecía arremolinado y suave a la vez y sobretodo; profundamente negro. Le resultaba a Mick algo de lo más jugoso el contraste que producía la blancura de esos muslos llenitos y aquella hermosa mata de pelo azabache. A ratos, la mano parecía ejercer presión en mitad de aquel coño y entonces aquellas rodillas se apretaban. Mick pensó que era imposible que ella lo estuviera haciendo sin darse cuenta y entonces se puso aún más caliente. Tenía una buena erección entre las canillas y tenía a Chloé al alcance de la mano, pero le resultaba imposible contemplar esa idea, todo el espacio de su cráneo estaba lleno de ese negro conillón. Corrió hasta la cocina, pues el piso rodeaba el patio de luz y ese espacio estaba situado justo encima del baño de su vecina, y allí comenzó a dar taconazos contra el suelo, a abrir todos los grifos y a trajinar con los cacharos con tal de meter ruido para mostrarse aludido. Le fastidiaba enormemente la gran impotencia frente a la peliaguda situación y rondaba por la casa tratando de buscar alguna treta. Justo antes de enloquecer, se hartó, volvió a la habitación, se acercó y susurró en la oreja de Chloé que salía a comprar. En el rellano del piso de abajo había un gato que debía de habérsele extraviado a alguien y permanecía allí aovillado en un rincón. Mick llamó al timbre. Obturado por la llamada de la sangre no había pensado mucho en el asunto, ni siquiera se había planteado la posibilidad de que ella no hubiera actuado intencionalmente, pero eso lo descartó enseguida; a las cinco de la mañana, en aquél patio tan cerrado como un tubo, le parecía imposible que ella no se hubiera percatado de su presencia. La vecina de Mick abrió la puerta con un albornoz rosado abierto sobre la piel, y entre las dos partes de algodón volvió a encontrarse cara a cara con ese punto negro que ahora, dejaba entrever en su parte inferior el relieve de una delgada línea rosada. Mick sentía como el semen envolvía el interior de su cabeza como un caldo ardiente que lo recorría a lo largo del cuerpo y zumbaba para abajo hasta encabritar la punta de su polla, que se había hinchado y pugnaba por liberarse del calzón y asomar la cabeza. Su vecina se puso como loca cuando destapó aquello y lo agarró como quien arranca un rábano y lo atrajo hacia sí y fueron rebotando de esta manera por todas las paredes de la casa, magreándose, mordiéndose y chupándose igual que sedientos camellos. Sus cuerpos golpearon contra la tapia que cerraba el pasillo y cayeron al baño, donde Mick la tiró al suelo sobre una toalla empapada y comenzó a devorar aquél chumino peludo y jugoso hasta acabar con todo el mentón pegajoso y todo lleno de chorretones por el cuello. Sentía que todo aquél jugo estaba llegando a sus entrañas y le parecía de lo más deleitable aquél sabor y olor que le goteaba de la nariz. Ella había quedado en trance con las piernas abiertas en el aire y Mick aprovechó rápidamente para clavarle primero el glande, que estaba tan inflado y purpureo como una berenjena, y después la empujó lentamente hacia el fondo abriendo las paredes hasta topar con el final del recorrido. Entonces comenzó a bombear fuertemente y a golpear aquello que fuera que estaba allí al fondo. La chica parecía fuera de sí cuando recibía aquellos picotazos y sus ojos temblaban un poco. Mick permaneció un buen rato dándole al asunto, después la sacó de allí y se corrió sobre aquella sedosa pelambrera. Se quedó contemplando, mientras jadeaba, como el semen corría por los labios del coño y caía a lo largo de los muslos. Los dos se tumbaron mirando al techo, ella pidió a Mick un cigarrillo, y entonces oyeron un sollozo ahogado que provenía de fuera. Pusieron los ojos en la pequeña ventanuela que daba al patio de luz y allí asomada en cuclillas estaba Chloé contemplando toda la escena, envuelta en lágrimas, sollozando y con un shock importante que hacía que su pecho se hinchara y bajara espasmódicamente. Mick se sintió destrozado, y se quedó bloqueado, eso es todo. Estaba tan pasmado que no supo reaccionar cuando vio a Chloé quitarse los zapatos verdes, o cuando vio que entre lágrimas se encaramaba a la pequeña barandilla, lo miraba con una tristeza inacabable, y se arrojaba al vacío. Mick y su vecina oyeron el angustiado chillido, el golpe seco. Luego un silencio horripilante.

Mick jamás se repuso de ese mal trago. Algunos sábados, cuando salgo temprano a montar en bicicleta y atravieso la ciudad, lo veo deambular por las calles del centro. Se queda clavado en algún escaparate con la mirada tonta y así permanece durante un cuarto de hora, incluso cuando las rejas están echadas. No pongo demasiado esmero en hacer que no me vea, la verdad, el pobre diablo se ha quedado completamente mochales. No hay duda de que algo no ha quedado bien en Mick… En cuanto a mi novia, ha comprendido algunas cosas tan necesarias. Le había insinuado, antes de que se comportara de forma tan indecente aquél día, la importancia de andar con cuidado con no separarse demasiado del Tao, de cuidar eso que los hindús llaman el karma y todas esas sabidurías que suenan como una historia del Tebeo pero que vaya si tienen importancia. Ahora el boomerang ha girado la cola y ellos cargan con una enorme losa…

Radiografía de un poeta.

Publicado: agosto 21, 2014 en Artículos

blog 338 joseba elorza

fotografía de Javier Elorza

 

Radiografía de un poeta.

 

(Escena)

 

La mandíbula sobre la palma de la mano

el semblante áspero de vida mala

la voz tomada del mismo diablo

puesto en puntos, descose la última sonata.

 

A contradanza lee a Quevedo

Tornando en oro el lodo fatal

Más no averigua, ya no,

Su nave atrás en el mar muerto,

Arde igual que petróleo sobre agua;

Lo había perdido todo,

Después se perdió a sí.

 

Tanto si era destino,

Como fabricación,

Como si azar o pura necesidad:

Ya nada valía dos pavos

 

(Presentación 1 Pesaje 2. Golpes 3. Cartulinas 4)

 

Simio o poeta, genio deflagrado 1,

O drogata con hemorragia y fístulas en los labios 2,

Llagado de muerte al costado cual cristo 3.

La mujer de porcelana no se dobló,

él se ha partido de puro quebrado 4.

 

(Rueda de las manifestaciones)

 

Sus recuerdos son ojos,

Tornadizos, proteicos, aceitunados

Tan pronto surge como una alimaña

Tan pronto, su sabor de golosina.

Después le trepa una fiebre de ella.

A pesar de cada aislante puesto,

Por mor de mal agüero, en cada pata de su cama.

 

Otras veces, frunce sus labios y nimba,

Con una linterna de luciernagas,

La tristeza peladura de su tálamo,

Lo que le rebana el pensamiento en hogazas,

 

(Contragolpeo)

 

Cuando ELLA pasea  por dentro suyo

Él la repele con bibliografías enteras,

Con visitas nocturnas casi diarias

a la calle de las que nunca besan

Donde el hueso y el alma se confunden,

Entre cremas frías de aliviar  rozaduras.

 

Su sacerdotisa habitual, su adivina, su puta,

Tras la minuta  por viajar al otro mundo,

negra y solemne se complace al informarle;

 

– ESA MUJER TALLA A MEDIDA

DE SU BOSQUE QUEMADO TU PROPIO ATAÚD –

 

(De regreso a casa)

 

La noche aquella, se vio a si mismo

como un fantasma rutilante, siniestro,

rondando la calle de su destino ideal,

con el sombrero crepuscular cabizbajo,

allá por el tercer mes del doce,

sólo y desarbolado bajo el aguacero.

Como un trasto viejo, como un juguete roto.

 

(Comienza un monólogo interno)

 

Así las cosas -se dice-,

la misma calle dónde ahora, arropada,

mata el insomnio con Bencedrinas,

y se adormila de costado junto a su caja musical.

Y sus muñecas de porcelana,

Y su escrito en la frente;

“No me preocupa nada de nada”.

 

(Va rumiando…)

 

ELLA, la más bella segunda persona del singular,

La más singular de este mundo hosco y de porquería.

ELLA, dulce, ojerosa, jodida y atrayente,

Radiante en la alegría y en la tristeza, sólo ELLA me limpia.

 

(Caminando por la calle de ella. 3:00 AM. Éste día.)

 

Tan pronto incombustible rabia de lo perdido

Tan pronto inútil, maldito e inservible y otra vez la mano

Sosteniendo la quijada, cuándo descubre asombrado

Igual que un loco, que todo lo conocido es exacto,

Que lo conocido antes y lo cognoscible en el futuro es UNO.

 

(Plano General)

 

Escribió por aliviarse,

Por crearse su propia isla,

Llena de ella, sólo de ella,

Pero en aquél tiempo soleado

No en esta noche siempre víspera…,

¡Nunca ha llegado, eso nunca ha llegado!.

 

(Imagen)

 

Goyesco y oscuro,

Perdida la calma y desvencijado,

Edwart Lalo, fértil compositor,

Descompone miga a miga,

Los últimos pétalos de su memoria,

Entregado a su recuerdo,

 

A la tenue luz de una palmatoria

Acierta a ver sus ojos castaños

Como Racimos de  uva morena,

Y su boca, ¡Ah, su boca…!

 

(Subtítulo para idiotas)

 

Hoy es una noche de sol negro

Y nimba sus averiguaciones el poeta

En una hoja de receta blanca

Con un pliego al costado que algo,

Le recuerda que debe hacer

 

(Detonación)

 

Fin de la escena.

 

(Barcelona, 2005.)

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*Laszlo García se reserva los derechos de autor de éste texto

 

“Cut-up” Poema.

Publicado: marzo 18, 2014 en Artículos
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blog 401 grande

 

Cut -up

 

Nena nos largamos,

No voy a seguir buscando

Tú tampoco vas a encontrar

Nada mejor en este pueblo.

 

He encontrado un lugar

Donde fundar una vida,

Uno de esos lugares escondidos

Que es un remanso.

 

El monstruo aún

No ha metido allí la cabeza

y todo se encuentra

por primera vez.

 

He inventado un truco y

Viviremos fácilmente,

Flotando de aquí para allá

Como plateados atunes.

 

En aquello no habrá

Demasiadas complicaciones,

Es un juego estúpidamente fácil

Que se gana sin jugar.

 

Cálzate esas botas altas

Es todo lo que necesitarás

Para este rumbo tranquilo

¡Quiero que veas tantas cosas!

 

El arroyo cantarín y

Las picudas crestas

Y Las playas de bronce.

Los antílopes sonrientes y

Las primigenias piedras.

Y podremos revolcarnos

En los campos de mostazas

y joder durante todo el día.

 

Coceremos nuestro pan

En nuestra propia hoguera

Quiero enseñarte a ensamblar la leña

Y mantenerla caldeada.

 

Los desconciertos son allí

Como agradables sorpresas,

Contaremos con nuestro Yabyum

Y podremos pisar a fondo

 

Será divertido

Caminar con enormes sombreros

Y tragar cerveza al sol

Y fumar cigarrillos

Practicando el dicho chino

De hacer nada.

 

Déjalo todo aquí,

En México brota la hierba

Desde bien abajo,

El espíritu es duro

Y viejo como una concha,

Y la tierra cálida

Y fortaleciente.

 

Crecerá allí libre

Como una ciudadela Maya

En mitad de la jungla,

El manuscrito

que te haga inolvidable.

 

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*Laszlo García se reserva los derechos de autor de éste texto.

blog 384 tuning

Saltaba sobre las tabletas Kindem como un glotón, rajaba el envoltorio de una sola tacada -Zziiiiip-y después de amasar la pasta de cacao igual que una hormigonera, las engullía garganta abajo sin detenerse a saborear demasiado. El demonio de la ansiedad arañaba sus paredes internas enfurismado como aquél gato que una vez Jiphy había fumigado con parafina; sí, las horas se estrechaban y permanecía cada vez más nervioso.  De manera algo incongruguente se había atiborrado a base de tazones de café, lo menos ocho o diez, y tenía tanta cafeína en el cuerpo que pondría a cualquiera los pelos de punta. Se lavó los dientes por quincuagésima vez y guardó el cepillo en el bolsillo del traje. Este extraño rito se manifestaba en él cuando se hallaba nervioso; tomaba café como un loco y no cesaba de lavarse los dientes a cada rato. Al fin el nudo de la corbata que coronaba el Esmoquin había quedado del todo bien dispuesto engalanando todo el conjunto; traje negro con caída de pingüino, pantalones con raya, tan bien plisada como una autopista, y botines de brillante piel. No recordaba si había cerrado adecuadamente las presillas del estuche donde guardaba el violín cuando había que moverse, estaba revisando los cierres cuando sonó el timbre igual que un grillo eléctrico ¡rip riip!. Cerró el estuche del violín como un relámpago y bajó volando los cuarenta escalones hasta la portería. El delegado junto con el chófer lo esperaban afuera.

En la calle flotaba esa niebla alta que emborrona las aristas de las azoteas y también esa que corre a pie de calle, a la altura de las rodillas, tan típica de Praga en invierno. El coche de la delegación se deslizó a ritmo lento a través de las calles empedradas con la ruedas emitiendo un continuo flop flop que repicaba en sus oídos despistándole en el  repaso mental de las partituras que, aun que iba a tenerlas delante durante la interpretación, le gustaba imaginarlas sonando ordenadamente en su cabeza. Un tumulto se agolpaba en la puerta del edificio de La Opera. Contempló la umbría fachada, los dentados escalones de piedra que ascendían hasta la entrada, los retorcidos grabados que adornaban el friso, el portón de par en par abierto con las enormes planchas de roble como dos orejas que escapaban de la cabeza.

La avejentada berlina negra, con dos banderines de la delegación ondulando en el capó, se detuvo frente a una de las puertas laterales, el perfil de las ruedas contra el borde de la acera provocó un chirrido de caucho asfixiado. Enseguida se acordó de la piedra Pómez contra la pared de pizarra de su infancia. De alguna manera se sentía alejado de todo lo que veía, en su mundo interno la música sonaba incesante y armoniosamente. Había esperado su debut con santa paciencia, entregado en recitales menores que afrontaba con infinita pasión, empecinado como un buey en el estudio de los inimaginables vericuetos del solfeo, robándose a diario horas de sueño a fin de pulir su técnica para mantenerse afirmado en su genio cuando llegara tal día como hoy.

El camerino desprendía un olor fuerte a naftalina y al cuero viejo de los sillones de Barathea situados frente a cada espejo; las colgantes cortinas de arpillera, los biombos con ruedines oxidados, la tapicería con quemaduras, todos los objetos sobre los que ponía los ojos hacían que aquello le pareciera un lugar enmohecido y caducado. Por allí rondaban, cada uno embebido en el repaso de su obra, los otros artistas que copaban el cartel del festival. Le pareció distinguir flotando por allí a la poeta Luna Menguante, recitando algún poema en silencio. Fue aquella muchacha de rostro melancólico que le recordaba a un felino recién nacido, Luna Menguante, quien salió a escena en primer lugar. El siguiente sería él, y finalmente actuaría el físico Kwangu Sinderale, el Agitador de Guisantes. Éste pájaro –pensó para sí- debe salir a escena con todas esas barillas arrancadas de la parabólica y radio-receptores de frecuencia Beta y bolsas de guisante congelado y poner a danzar a las pequeñas bolitas verdes ; yo sólo tengo que hacer lo que hago cada día, oír cantar a mi violín. Y esto le resultaba asombroso y divertido, sentía un gran anhelo por probar la impresionabilidad del público al verle desvestir una a una las sesudas partituras de Ludwig. ¡Qué imponente resultaría el auditorio principal de toda Chequia! En sus lucubraciones paseaba por dentro de sus paredes y recordaba todo el inmueble tachonado de ribetes dorados y madera muy cara y muy señorial, roble o cedro o fresno americano, y lo menos cuatro plantas con sus cuatro palcos donde unos señores distinguidos se empolvan con rape y de vez en cuando estiran sus bigotes mientras aguzan el oído o echan un vistazo con uno de esos formidables monóculos. ¡Aupa! Ésta vez seré yo –se dijo- quien esté en el centro del monóculo.

Cuando se miró hacia adentro vio que tenía el convencimiento de acero. Las notas rodarían pendiente abajo como vagonetas mineras que pierden la vía y se quedan flotando en el negro vacío. Pasaría del modo más natural, sin forzar un sólo pensamiento, únicamente manteniendo la sangre a la temperatura del violín y las cuerdas. Tal vez fuera cosa del nerviosismo que uno siente antes de exponerse en la palestra, no sé si te ha pasado…, donde uno no es más que la formidable mangosta atravesada por un alfiler en mitad del tórax que permanece clavada al corcho, y debe provocar la miel y las alharacas del Ojo Único. Cuando uno es el asno que dice “ji jo, ji jo” y levanta las orejas y ve que todos están tan risueños y del mejor júbilo y entonces sabe que debe seguir y seguir, seguir a tientas, en blanco o boqueando, seguir hasta fragmentarse en virutas sólo porque la cadencia no se puede detener, sólo porque el aeroplano no puede detenerse en pleno vuelo, ¡Eh Harry, ni se te ocurra apagar los motores ahí arriba!; la cosa es seguir y seguir, seguir adelante o caer. Quizá podría encausar ese enigmático silencio proveniente del auditorio a su estado de contención zen y tuercas apretadas hasta la cabeza del tornillo, y al estar de aquí para allá, dando grandes zancos entre las bambalinas, mientras repasaba concienzudamente todos los puntos flacos de su técnica en Vibratto…, el caso es que de pronto advirtió que durante todo el lapso de tiempo transcurrido desde que la poeta había salido a escena, unos veinte minutos, no había llegado a sus oídos ningún sonido de la representación, ningún clamor, ningún run run de voces apocadas, ningún aplauso, ni siquiera un abucheo; nada. Silencio. Silencio… Un silencio extraño que no era  pura ausencia de ruido si no algo más sutil, lo que queda cuando todos callan al unísono, un silencio expectante y alargado. Un misterioso silencio Chino. Seguro que entre los camerinos y el auditorio –se dijo- habrá un largo pasillo, uno como el que une el metropolitano en Mustek con la boca que se abre en plaza Jungmann, ¡o acaso esa Luna lo esté elaborando tan fina y sensitivamente que los ha dejado a todos mudos y blanditos como Donut´s!

Luna Menguante surgió de detrás de uno de los biombos, había terminado su recital. Un vestido de talle corto blanco virginal y dentro la figura estilizada de la poeta que negaba con la cabeza lo que quiera que fuese que hablaba con su interlocutor. Tras verla un segundo, advirtió que algo tétrico había golpeado su pupila, algo decididamente siniestro y funeral en la presencia que desprendía la chica, algo cuyo detonante se le escapaba. Pero en este momento todo en él era paroxismo e inquietud por subir a tocar y batía alas como una blanda paloma que encara su vuelo, y la intuición siniestra que le había infundado la imagen de Luna se disolvió enseguida. Entonces uno de los tramoyistas enfocó hacía él la danzarina luz de la linterna y le dijo; – tú turno muchacho-.

blog 381 grande julien picaud

(Collage de Julien Picaud)

El negro telón de franela permanecía cerrado. Subió un par de escalones y caminó hacia el centro del escenario. A cada paso podía oír el el zuap zuap de sus suelas contra el entarimado de madera. Aquél silencio callado persistía, lo envolvía todo. ¡Éste debe ser un público enterado y respetuoso!- pensó-. Dispuso las partituras en el atril, abrió el estuche, tomó el violín como quien acuna a un recién nacido, se sentó y lo acomodó contra el pecho. Resiguió entonces con la yema del dedo cada una de las cuatro cuerdas de tripa en una caricia de reconocimiento, tal era su costumbre, y lo mismo hizo con las crines y la madera del arco. Ahora respiraría profundamente hasta fijar en su cabeza la imagen que una y otra vez había evocado antes de ejecutar cualquier pieza, su cable con la iluminación, su talismán, su mar amiga, la sagrada imagen de esa mujer blanca y abierta sobre las briznas a quien él empezaba a frotar a con suma delicadeza. El click se había producido. Empezaba con un Spiccato en La menor donde el vigoroso dedo –soñaba- descendía a través del plexo apartando la castaña melena, bajaba por el abdomen haciendo un salto en el ombligo e iba a morir a la embreada vulva. Aquí el arco se empleaba suavemente durante unos diez segundos, arriba y abajo, salpicando Does y Soles menores alternativamente en un simpático Trémolo. Según requería la obra, se había previsto que el telón se abriera a los treinta segundos de la interpretación, coincidiendo con la primera gran fuga del movimiento. Las pesadas cortinas del telón se desplazaron lentamente, arrastrando los faldones como una mopa. Entonces ante él, quedó desplegada la dantesca estampa.  No podía dar crédito a lo que tenía delante. Sus ojos clavados en el auditorio se abrieron hasta sus límites últimos, hasta rasgar las comisuras, dejando a la vista donde debieran estar sus ojos dos bolas de acero al rojo. Tenía delante el signo mismo de la insania. Una instantánea demente propia de los degolladeros de cerdos y mataderos, un jodido pandemonio de muerte y aberración, un infierno Quevediando donde rezumante aún, la carne abierta borboteaba sangre dondequiera que fijara la mirada. Todos los asistentes habían sido macabramente asesinados. Las fláccidas vísceras y órganos gelatinosos colgaban de los cuerpos por un delgado hilo. Los pies amputados estaban repartidos aquí y allá, las manos y antebrazos, las rojas entrañas salpicadas por toda la platea, los blancos sesos emplastados en la tarima, en el reposa-brazos, los hígados y bazos y riñones violáceos sobre viscosos charcos bermejos y brillantes. Un cuerpo sin cabeza gobernaba la primera fila, ésta había rodado unos metros más allá hasta quedar encajada bajo una butaca, el cerúleo rostro aún mostraba una lamentable sonrisa inmortalizada por la sección, junto a ella un puñado de dientes sueltos esplendían sobre la moqueta. Inermes cabezas colgantes estaban vencidas sobre los respaldos con la lengua fuera, con las entrañas abiertas sobre regueros que serpenteaban en el suelo, y todas esas miradas, ¡dios del cielo!, todas esas miradas detenidas de súbito. En el breve segundo que duró la aceptación de lo que estaba viendo, su cerebro racional digirió aquella carnicería a duras penas, sugiriendo el vómito, la tribulación, las lágrimas, el bloqueo… pero sin embargo, su cerebro derecho, el encargado de la espontaneidad y la artes, había sido adiestrado para ser impermeable al medio de tal manera, con tanto rigor, que en aquél primer segundo de estupor su mano siguió templada sobre el arco, interpretando de manera insolente, alegre y despreocupada. De pronto le vino el recuerdo del enigmático silencio previo. Recordó entonces el semblante de la poetisa minutos antes, el derrotismo y pena infinitos que transmitía, el estupor, el frío, el doblegamiento de su espíritu sensible. Su mano seguía con firmeza, ineluctable, aplicando el arco sobre las cuerdas, frotando con tibieza pero sin cesar a lo largo de las escalas, evocando las melodías del viejo Beethoven. Entonces comprendió algo; fuera cual fuese ésta siniestra prueba del destino, aquello que por azar o necesidad los trajo aquí, eso indeterminado por que adolecen científicos, filósofos y sacerdotes, “eso” había vencido a Luna Menguante, la había derrotado holgadamente hasta reducirla a un loco ataque de apoplejía al que seguiría un enorme trauma con Xánax y ansiolíticos y terapias de agua. Éste pensamiento lo fastidiaba, apreciaba mucho a la joven poeta, entonces se envalentonó como un gallo borracho, ¡con éste hueso no vas a poder! –se dijo-y empezó a bruñir el arco con fruición redoblada. Tenía una idea en mente, una que quemaba de repente como un fósforo en su nuca; ¡despertaría con su tonada de violín a todos esos hijoputas liquidados de las butacas, y a los de la platea y a los de los anfiteatros de abajo y también a los de arriba, y a los abyectos señorones del palco y a esas cacatúas repintadas que tienen por mujeres! Eso era, la fuga debía seguir su curso inalterable, el desprendimiento caería por igual sobre los ciegos y los visionarios, sobre los guapos y sobre los monstruos, sobre los ricos y sobre los hambrientos, sobre los sanos y los tullidos, sobre los locos, sobre los vivos, sobre los ángeles y los parias. Todo el auditorio volvería a ponerse en pie, que coño, ¡iban a oírlo hasta en el Congo!. Su mano se movía ahora con frenesí al tiempo que las delicadas marcas de agua florecían en su cabeza, rápidamente quiso poner en su mente la clara visión de un arroyo cantarín y transparente, ¡el agua! -musitó-, el agua que se cuela por las rendijas, la única fuerte y débil a un tiempo, la que se humilla y retrocede, la que vuelve y erosiona, la que se cuela en todos lados, entre el fango de las chozas y en los baños de palacio, ¡Agua!, la única absolutamente débil y, por tanto, sin una sola grieta.

Uno de esos espectros que pueden verse flotando por el extrarradio de algunas ciudades ex soviéticas con un carrito de alambres, una de esas sombras con dientes ponzoñosos como cascos de caballo y barba grasienta que van siempre cantando con el rostro encendido por el vino, fue el primero en responder al llamado del violín Éste espectro comenzó a emitir un débil tralalá que acompañaba las notas. Se puso en pie y caminó tambaleante a lo largo de la segunda fila del gallinero, con el cráneo aún abierto, hasta sentarse a la orilla del escenario con la tonada de Beethoven en los labios mientras batía unas palmas que hacían cuencos. El Niágara corría y corría bajo el arco del violín, cada vez más liviano, a través de la infatigable melodía. Otros muchos amputados y descuajeringados empezaban a abrir los ojos y caminaban hacia los acordes que iba arrojando el violín. Se plantaban allí delante con el pecho agujereado y las piernas cruzadas y escuchaban atentos. Entretanto él seguía y seguía rasgando a su Baby; ahora el Do mayor y estival, ahora Laes y Does por doquier, como confetis revueltos en el viento, luego el Do y el Si y el Re, y el agua corría, y las notas iban sobreponiéndose a la tragedia, y hasta los perezosos y los drogados despertaban, y las acuosas notas remontaban un puerto, y las notas livianas y danzarinas corriendo por los campo santos, abriendo los ataúdes, deshelando los fríos témpanos, coloreadas notas irrefrenables como bandadas de Tucanes, significantes notas aguadas que hacen un surco exactamente allí donde se abrirá el sendero. Él seguía tocando frenéticamente, dando gritos de alegría, hipnotizado, frota que frota la lamparita, bruñendo con la mano adelante y hacia atrás, arriba y abajo, siempre hipnotizado imaginando aquel cuerpo de ella, abierto y rebosante de luz sobre las briznas de hierba. Supo entonces que todo se reducía a una cuestión de fe. Todo lo que había que hacer era seguir y seguir, seguir en el dolor o en la indiferencia o en la turbación, seguir en Praga, en Belfast, en Crimea, en el Ghetto o en las paredes del manicomio, seguir firme o doblegado entre los ladridos y ante las hienas, seguir sin girarse ¡la hidra espera escondida justo ahí atrás con varios centenares de cabezas huecas!, seguir con verruga, exceso de grasa, la vesícula inflamada o Delirium Tremens, seguir para cada Juan, para cada Tom, Rosita o Jimmy, seguir para nada y para nadie. Seguir para uno. Simplemente creer y caminar sin pensar demasiado en la cosa; únicamente seguir y seguir…

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* Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

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Tony está en silencio frente a una caja de madera rebosante de tiras de embalaje. Sobresalen algunos hilos de papel de seda que se cimbrean con la corriente. Ha recibido al fin el esperado “Manual de supervivencia para el hombre solitario”.

Hace algún tiempo que Tony está varado en el sofá con un delgado hilo de humo negro viendo como se deslizan los días. Es como si su alma se hubiera escurrido por un boquete abierto en mitad del pecho. No siente el menor anhelo por vivir, pero tampoco siente el prurito de acabar definitivamente. Un marco lleno de hilarantes filigranas doradas reposa sobre el bureau, en su interior, puede verse el contorno de una mujer vestida de novia de la mano de un hombre ataviado de chaqué. La clásica estampa marital. No pocas veces la mirada de Tony se queda clavada como una barrena en la amarillada fotografía. Una fina imprimación de melancolía lo cubre entonces de los pies a la cabeza. ¿Dónde estará ella ahora? ¿Tal vez dándole el pecho a un pequeño mocoso? ¡Santo dios! Eso sería fatal, terminal… ¡Qué ocurrencias! Algo así como el último golpe, el tiro de gracia. Secretamente, cuando siente la vaciedad trepar por las patas de la cama como un desfile de blancos lagartos, y se dispone a pechar con la difícil noche hasta el último somnífero, recurre a menudo a esa maña de ponerse frente a frente con el pasado para abrir una grieta en el bloque de hielo del que se siente conformado y extraer del interior siquiera una gota de sangre. En la pugna por mitigar esa especie de insensibilidad fría, se apuntó a uno de esos clubs Doce Pasos, pero en mitad la tercera clase se vio a sí mismo como un imbécil, un fraude, ni siquiera se molestó en despedirse; se puso la cazadora y no volvió por allí. Una mañana bajó a ver a su vecino del entresuelo, Thiery el nervioso, y probó un poco de cocaína metálica, pero la cosa no funcionó, únicamente paso el día sintiéndose algo más tenso y empecinado con la idea de que una jirafa es un avestruz al revés.

Tal vez es una mañana tibia de Agosto, digamos las doce del mediodía, corre un aire transparente como glicerina y la gran bola de mantequilla parece una adiposidad en la violácea piel del cielo. El café es asqueroso, aguachirle, casi imbebible. Tony ha pasado la víspera bebiendo a gollete, empapuzándose los tragos a dos manos, como tratando de matarse a base de whisky con Sprite. Mantiene una alta tolerancia a cualquier alcohol desde que ganara el famoso concurso Diez Pavos Por Litro en Tárrega, aventajando en litro y medio al segundo aspirante. Aún curtido como está en los destilados, la pasada noche acabó por agarrarse una buena merluza y poniendo perdido de vomiteras y fluidos verdosos el living del hotel, el pasmado rostro del recepcionista homosexual, el pasillo, los toilettes de caballeros y especialmente los de maidemoiselles, las paredes de la habitación… tratando de olvidar el mágico cuerpo de Joana.

Tony y Joana se conocieron hace un año, una mañana lluviosa, bajo el mar. Ella disparó su arpón confundiendo a Tony con un pulpo. Las aguas estaban inquietas, la pleamar había arremolinado el fondo marino formando nubes de arena –diría Joana tratando de excusarse, y vio algo enorme que se movía entre las algas. A río revuelto,  ganancia de pescadores-se dice por ahí, y Joana conoce estrictamente el refranero, de la A a la Z. Le parece que esas frasecitas pueden muy bien vestir una conversación. Tony permaneció dos meses de baja con un buen agujero en el muslo, durante ese tiempo, Joana iba a visitarle y le llevaba pequeños estuches de Mon Cheries, cigarrillos Chester Red y algunos almanaques. Aquello fue un flechazo en toda regla, sin embargo, cuando Tony se hubo recuperado plenamente, la cosa no traspuso los umbrales de la jodienda.

blog 274

La nena es un bombón-aprecia Tony. En ella caminan de la mano diversos mestizajes, gitana, nórdica, catalana… alta, simpática, llena de candidez, con unos grandes discos verde absenta sobre las marcadas ojeras y una profusa mata de pelo rizado que le otorga cierto matiz necesario de asilvestramiento en contraposición a la candidez de su carácter y a la suavidad de su contorno. Pero no todo es Nopal y pétalos encarnados. Joana reviste un fallo ineludible a los ojos de Tony, una manía realmente descorazonadora; y es que a la menor ocasión, ella trata de colocarle alguna historia triste a cambio. La cosa gira habitualmente alrededor de un tipo, un novio que ella tiene en París, uno muy apuesto, el perfecto compañero de viaje, y que va a venir a quedarse con ella cuando acabe sus estudios de Meteysacametría. Otras veces Joana pone a relucir una serie de terribles historias familiares, lóbregos relatos que hablan de amputaciones a cuchillo, exilio, disentería y ruina, bacilos de koch, oclusión intestinal, bubones tumefactos y linfogranulomas, desesperación, suicidio. Tony empezó rodando esos golpes con naturalidad, la pobre tía pasa por una mala racha-se decía, pero con el paso del tiempo entendió que ésta manía  particular respondía a algún tipo de rasgo congénito más que a un proceso de trance temporal, y que cuando ese Fuego de san Antón rebullía, difícilmente podía uno escurrirse por la escalera de incendios. Lejos de lo que él pensaba, la cosa era completamente impersonal. Joana no necesitaba conocer de nada al interlocutor, simplemente entraba en un café y colocaba su historia. Así como se te acerca el filósofo del sábado por la noche. Tony no estaba dispuesto a tragar con ese ron, apenas le quedaba sentido del humor para sí mismo, y no estaba por la faena de ser un sparring de la Tristeza. No es uno de esos que se andan con componendas, detesta todo lo tibio y maquillado, y prefirió mostrarse franco con Joana; será mejor que busques un buen chico. Yo estoy liquidado. Sólo puedo ofrecerte este trozo de carne y una cama caliente. Para sorpresa de Tony ella esbozó una amplia y esplendente sonrisa.

Algún que otro domingo distraído, Tony descuelga el teléfono y es la voz de Joana la que corre por el cable. Entonces se encamina hacia el hotel de la carretera donde suelen darse cita, ocupan una de las mesas del living, piden vino tinto, intercambian algunos libros, casi siempre de algún pintor surrealista, entonces Tony planta una mirada que se queda allí mucho rato, flotando sobre los espigados pechos de Joana. Después suben a una de las habitaciones. Siempre encuentros furtivos. No inmiscuirse demasiado a fondo parece ser la norma, nunca fisgonear en la vida del otro, únicamente se recitan y reconocen el dialecto del chuf chuf chuf, o bien el plof plof plof, que suena como un Gong chino, o el schulp schulp schulp. Tony se da cuenta de que en los últimos meses ella ya no se parece tanto a La Tristeza, y que a la sazón, ha dejado de endilgarle esos túmulos funerarios en forma de historias tristes. Se diría que la parcela de su alma ha sido dragada. Que todo resbala ahora como un róbalo entre las manos. Que nadie va a quedar preso.

Hace algunos días Tony compró un par de entradas para la famosa función del Mago Pis. Pensó que sería una buena cosa no ir sólo, e invitó a Joana a ir con él. A ella le pareció maravilloso ver a ese gran mago y quiso acompañarle. Harían noche en Barcelona, podían hospedarse en alguno de los hostels cercanos al Mercat de Sant Antoni. Joana hizo las reservas a través de uno de esos portales de internet que puntúan la estancia de los viajeros desde una a cinco estrellas de satisfacción. Había reservado una cuatro estrellas.

Anoche el tráfico en la periferia era denso como un vino de la cosecha de 1750, y mientras subían los peldaños del teatro, el Mago Pis ya estaba envuelto en una gran llamarada azul. Las butacas estaban en la penúltima fila, y desde esa perspectiva Tony advirtió que las llamas parecían estar hechas del mismo papel de seda que había estado rajando la noche anterior para desenvolver el “Manual para hombres solitarios”. Aquello le decepcionó un poco. Ahora el mago hace su aparición desde un rinconcillo convertido en un auténtico Maorí, y empieza con la danza del Hapa Haka, salta una y otra vez contra las tablas del escenario como un lunático hasta caer transformado en un cien pies que empieza a trepar por el telón hasta esfumarse. Aplausos y vítores y chillidos restallan en la sala. Joana parece encandilada con la figuración, hipnotizada con los truquitos del mago. En la última función de variedades el Mago Pis debe convertirse en un billete de cincuenta euros en cuanto El Hombre de Negocios que ha hecho su aparición chasque los dedos. El Hombre de Negocios chasca su índice y pulgar y al momento el Mago Pis se convierte en un billete marrón. Los de las primeras filas dan un respingo hacia adelante pensando en hacerse con el billete. ¿On collons s´ha ficat el Mago?*- dice Joana embelesada. Tony aprieta con firmeza los ondulados cabellos, acerca la boca de Joana hacia la suya y le hunde la lengua en un húmedo y delicuescente beso.

A la salida del teatro Tony repara en que lleva a Joana cogida de la mano. Parece haber ocurrido con naturalidad, del mismo modo inconsciente con que uno traga la cerveza avanzada la noche. Falenas revolotean con aire automático entorno a los neones y lucecillas de las ramblas, corre una brisa fresca y vivificante, los peatones parecen sonrientes, cada uno en su jugada del tablero, cada uno tragándose felizmente a sí mismo, incluso hay un hombre rumano haciendo sonar “La Violetera” en su acordeón. En general, todo parece acudir a los ojos de Tony velado por un matiz color de rosa.

blog 273

En la guerrera de tony aún quedan unas cuantas monedas. De camino a la habitación Cuatro Estrellas se detienen en un bar de la plaza Orwell. Sentadas junto a un enorme barril de madera, hay un par de bolleras que saborean las largas piernas de Joana en cuanto la ven aparecer. A Tony le parece poder oír como mastican mientras sus raigones van colmándose de saliva. Contemplan la habitación las frías miradas en hilera de unos ciervos decapitados que permanecen adosados a la pared. El olor es el de la humedad, el arenque y el semen reseco. A Tony le cuesta un trabajo refrenar la arcada, pero a pesar de eso se siente del mejor humor y toma entre los dedos un bucle elíptico y dorado del cabello de Joana y empieza a juguetear con él mientras le habla con voz melindrosa acerca de la vida del pintor John Marin y otras bonitas gilipolleces, muy lambiscón, mientras van pegándole a la birra. De pronto Tony cae en la cuenta de que los ojos de Joana parecen aguados. Han empezado a humedecerse al tiempo que una brillante lágrima se escurre rodando mejilla abajo hasta hacerse estrellas contra el cinc de la mesa. Plop. Tony está como un pasmarote al que alguien hubiera dado el salto. No comprende la cosa pero empieza a intuir las trompetillas de la calamidad que se cierne, que se acerca a él a paso irrefrenable, que está ahí, detrás de esos ojos aguados arañando los vidrios. <Tony he estado al borde del precipicio- empieza Joana, el médico encontró algo en mí que no anda bien. Es una hormona, la prolactina o algo así. La tenía por las nubes y empecé a tragar las pastillas que él me recetó. Aquello era fuertísimo y estaba todo el día en casa con vómitos, jaquecas, mareos… ya sabes, en un estado lamentable y claro, empecé a deprimirme por no poder salir a la calle. Conforme pasaban los días iba sintiéndome más y más debilitada, casi como una mierda seca. ¿Entiendes lo que quiero decir? ¡Buff! Estaba por los suelos, pensando en los peligros y además sin ganas de nada. Y claro, cuando una está así, tan debilucha, y tan angustiada como yo soy, ya me conoces, pues una necesita algunos cuidados extra. Sabía que a ti no te podía llamar, tú nunca estás cuando se te necesita. Apareces y desapareces como una sombra. ¿Entiendes? ¡Necesitaba un compañero, alguien a quien poder abrazar joder! –Joana hace una pausa y respira entrecortadamente. Algunos espasmos sacuden su plexo, unos pequeños saltitos torácicos. Gimotea y suspira – así que… no podía seguir de esa manera…entonces… entonces recordé que Paul suele regresar de París por estas fechas para ver a su madre. ¡Es tan buen tío! Así que le llamé y al día siguiente pasó a verme. Y mira… Ah, no sé… ¡no sé qué me pasa cuando estoy delante de él! La verdad es que veo en él al perfecto hombre de mi vida. Es tan buen compañero, siempre escucha y no le gusta interrumpirme, pobre… Sólo tuve que llamarle y ya estaba ahí, preocupadísimo por el asunto de la Prolactina…>. Hace algunos minutos que Tony está con las cejas enarcadas hacia arriba mostrando una falsaria y desganada atención. Tiene el mentón encajonado en la palma de la mano con actitud de oyente, pero lo que oye francamente le importa un comino. Lo que realmente está pensando es en lo bien que está en el catre en los días fríos como éste, bajo el cobertor termodinámico Pikolín Doble, con una Bombardier en la mano mientras afuera el mundo se jode de frío y él en cambio está calentito contemplando en televisión el Formidable Late Show de los Jóvenes Abuelos Danzarines. Disculpa, será un momento- dice Tony, salgo a fumar un cigarrillo. El aire corre por la calleja como las aguas de servicio. Mierda, ¿quién coño le ha preguntado nada? ¿Por qué querrá envenenarme con su lóbrega vida?. Tony siente el anhelo de escupir a dios en mitad de la cara por su estrafalario sentido del humor, pero no cree que pueda llegar tan alto. No consigue dar crédito a la extraña actitud de Joana. No puede creerlo, no llega a comprender la maldita monomanía de ella; ha vuelto a hacerlo. De nuevo ella le ha colocado su historia de penuria y tristeza. Y esta vez se lo ha montado sin apenas despeinarse, con la naturalidad con que uno se sacude una catalina del zapato. Ella vuelve a parecerle uno de esos personajes de angustiado carácter que Dostoievsky utiliza en sus novelas, vuelve a semejarse a la personificación de la Tristeza. Por más que redoble esfuerzos, ya no consigue registrarla en su cabeza como un ser humano, más bien la ve como una enorme masa melancólica conformada por todos los átomos del elemento dramático. En lo que tarda el papel en permutarse en ceniza, Tony ha pasado de sentir las primeras punzadas vivificadoras de la reconciliación y armonía con la Vida, a caer de plano en los dominios de su habitual insensibilidad fría. Le cuesta sus buenos minutos reposicionarse mentalmente, sopesar el asunto, como se dice. De pronto ha perdido todo interés por esa tía, no siente el menor anhelo. Podría ir con ella a esa maldita pensión. Ella dejaría suavemente caer su ropa, se acercaría lentamente y mirándole a los ojos cerraría la mano sobre su pilila. Conocía todo el protocolo de Joana. Después joderían violentamente hasta que él acabase por escupir los últimos diamantes blancos sobre su boca. Todo esto le pareció a Tony un proceso cansado esta vez. No quería volver a ser un hombre industrioso. Lo suyo con Joana estaba liquidado. Sintió el tacto del vacío que se enroscaba a su cabeza como un turbante. Quizá finalmente estuviera convirtiéndose en un ser humano. Dejó atrás el tugurio sin girar la cabeza y caminó con sesgo tranquilo y reflexivo a lo largo de calle, tal vez buscando el mar, tal vez un cuartucho donde agarrarse una buen fije a base de alcohol. Decididamente-pensó, es mejor abandonar a la Tristeza allí donde esté.

* En castellano: “¿Dónde cojones se ha metido”

*Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

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Ha caído la primera rata. Parecía que iba a escurrirse entre las traviesas de metal pero finalmente Ghulam le ha acertado en el vientre. Se trataba de un ejemplar tremebundo. La implosión ha sido semejante a la que produce un cerote que aterriza sobre el charquito del inodoro. ¡Paff!  Un click metálico, un seco estallido y el brazo de Ghulam ha quedado suspendido en la misma posición, impávido y firme, mientras el destartalado martillo seguía escupiendo humo en su mano. No se ha desplazado un solo milímetro. Las ratas se han puesto vivarachas con el estruendo del tiro, salen ahora enloquecidas de todos los agujeros emitiendo un silbante y agónico rumor. Aparece una gran cascada de ratas dondequiera que pongo los ojos, una marabunta que asola por todas partes, a borbotones, como una gran mancha de gris petróleo, encapotada de pelo y partes rosadas, que avanza histérica y voluble. Ghulam suelta cuatro tiros dibujando una muralla china alrededor de la biga donde estamos sentados para mantenerlas a raya. Esta vez ha conseguido volverlas realmente locas. No cabe duda de que este templado amigo del Pakistán sabe manejar un arma. Resulta asombroso verlo tan plácido y calmo, embutido en una negra camiseta con una estampa de Mickel Jackson serigrafiada en el pecho, su rostro beático y despejado oteando a las ratas saltar una a una por los aires, armando una buena carnicería con esa mueca sonriente plantada en mitad del jeto. Tariq se encuentra unos metros más allá. Tiene el teléfono echando humo pegado a la oreja, da un brinco para que las ratas no se lo merienden y sigue de palique con su novia como si tal cosa, sentado en las oxidadas escaleras del vagón, con las patas colgando sobre las inquietas cabezas negras. Hemos llegado hasta aquí con el viejo Peugeot de Tariq. Un lugar ilocalizable en los mapas del ayuntamiento . Descuajeringados, laxos y drogados hasta los ojos, en algún ignoto punto entre Bonastre, Barcelona y La ciudad de los Atlantes, con una estúpida sonrisa torcida en mitad del rostro.

Podría ser el siglo XIX cuando uno se encuentra aquí; todo presenta un matiz desgastado, las tablas raídas y abiertas a lo largo del andén, los oxidados tramos de vía, el descuajeringado edificio de la estación, los robles y pinedas cenicientas. Este anacronismo me encandiló desde el primer día. A menudo, cuando la cosa se pone grave, alguno de mis vecinos del Pakistán se acerca hasta esta vieja estación de tren buscando algún tipo de tregua. Algunas veces tras un faux pas también yo me dejo caer en esta explanada. Resulta un lugar apacible rodeado de pequeños picachos, una estación de tren en ruinas, un ramal de vías muertas; de lo mejorcito para desprenderse por unas horas de la hastiada civilización.

Reverbera el sol allí arriba como un fogón de gas, tembloroso aún, pero a cada minuto más y más afianzado sobre la caseta donde el antiguo guardabarreras hacía girar la agujas de las vías tiempo atrás, cuando se establecieron las grandes líneas que corren a lo largo de la costa y el tráfico ferroviario que circulaba de la península hacia Europa pasaba por este lugar. Vías muertas que rajan las tierras de la vid y son tragadas por la boca de algún túnel para revivir más tarde allí, tan lejos que la mirada flaquea, como un brillo dorado que va resiguiendo la orilla; todo un puñado de cabellos de Paladio que se pierden entre la falda de las Serralades Litorals.

Me froto los ojos, caliento mis manos exhalando una vaharada de cálido aliento y enciendo un Chester mientras me pongo a pensar en la truculenta noche pasada. Uno jamás es consciente de las barbaridades que ha llevado a cabo durante la noche hasta que asoma la mañana, la mañana después, cuando consigue despegar el alcohol y los stupefacients que habían quedado adheridos al cerebro como un molusco y verter una mirada serena sobre el estado de las cosas. Me aterrorizo como una gallina de Guinea al ponerme a recordar. Poco a poco las imágenes van sucediéndose, se desembarazan de la cascara y surgen como nuevos y frescos polluelos. En este goteo veo la sombría figura de Ghulam, acodado contra la barra del After con ojos de loco, completamente poseído y desorbitado, vigilando a Camille como un halcón mientras el tipo del tatuaje en el cuello se acercaba a coquetear con ella. Tariq que salta igual que un muelle del taburete, como uno de esos ventrílocuos que están escondidos dentro de una caja mágica, y mira a Ghulam queriendo decir; ése listo está sobrepasándose con tu chica. Éste espera con la mirada condensada en la escena, su pecho se hincha y suelta el aire tranquilamente, con las costillas destacándose como el fuelle de un acordeón. Debía estar yo parloteando en algún rincón de la pista de baile, sin perder bocado de lo que estaba pasando. A lo largo de la noche me sentía expansivo y relajado, gozando de un día propicio después de pasar largos días en la mala, incluso estaba a punto de conseguir la dirección de una sílfide danesa con un rizado coiffure sobre la cabeza y largas piernas lechosas bajo un vestido azul, pero al ver la mano del tipo tatuado bucear en la entrepierna de Camille pensé ¡Se fini!. Comprendí que la noche iba a cambiar de signo rápidamente. Iba a tomar la mala senda.

Forcejeo conmigo hasta que logro aislar una serie de secuencias de la pasada noche, imágenes vagas que se presentan en mi chola como ráfagas intermitentes envueltas entre la frondosa nébula. La visión de tres gorilas con una altura de doscientos centímetros, arrojándonos como una percha cubierta por un traje barato a los aparcamientos de la P 16. Los tres tirados en el suelo. Un tumulto histérico apiñado alrededor, buitres  frotándose las manos y sonriendo porque les ha tocado palco en primera fila. Entre el pandemonio, el fulano del escorpión tatuado en el cuello, seguido de tres o cuatro de sus secuaces recién salidos del matadero que hacen su aparición, las cabezas rapadas, los músculos hinchados por alguna válvula, escupiendo entre dientes con las miradas enfermas de Tétano. Dan pequeños pasos apoyando las puntillas con las piernas arqueadas al estilo de Wyatt Earp, se abren paso entre el círculo de infelices que nos rodean como a bestias exóticas y se quedan plantados frente a nosotros. Uno de ellos parece el más excitado, lleva en el cuello el famoso collar del poder blanco y es el primero en lanzarse a patear a Tariq. Camille suelta un espeluznante chillido. Permanece fuera de sí, inmovilizada por unos tipos que la agarran como un árbol. Reparo en una gilipollas de extranjera mellada al lado de Camille, inmediatamente ha sacado su Iphone del bolso  -¡Mon dieu! ¡mon dieu!  va musitando-, mientras se dispone para grabarlo todo. El tipo con el escorpión grabado en el cuello, y otros dos o tres matarifes atiborrados de coca, entran a la brega pateando a diestro y siniestro, calzados con esas botas que llevan los trabajadores de la metalurgia. Un poderoso puntapié en el hígado deja a Ghulam tirado sobre las rodillas con un delgado hilo de sangre colgando de su boca. Parece bastante feo. Me doy cuenta de que la sangre reviste unas tonalidades más oscuras cuando no se ve por televisión. Trato de espolearme a mí mismo, me digo para adentro- vamos arriba, arriba, arriba, tienes que reaccionar o estás jodido-. Apenas logro ponerme en pie cuando un duro golpe en el cogote me deja medio aturdido. Me tambaleo. Zozobro. Siento que mis músculos se vuelven mantequilla. Me desplomo y caigo de hinojos sobre las palmas de las manos. Acto seguido una tempestad de golpes se precipita sobre mi. ¿Cuántos deben ser, dos, tres? No puedo distinguirlo. Me parecen las aspas de un molino de voluntad inexorable que va a martillearme eternamente.

Los golpes llueven aquí y allá, oigo el ruido de huesos crujiendo como seca madera, un delgado pitido que atraviesa mis tímpanos, me envuelven el calor y embotamiento en las sienes. El tiempo se ha detenido y todo ocurre despaciosamente. Sube una sensación extracorpórea , igual que si mi mente permaneciera muy alejada de mi cuerpo, como si yo también estuviera entre los monstruos morbosos que nos contemplaban desde ahí afuera. No puedo detener el goteo de golpes, no puedo hacerle frente, no dejo de preguntarme cuánto durará. Nadie va a contar hasta diez, aquí no. Freddie Roach no se encuentra junto al ensogado a punto de arrojar la blanca toalla. Primero me colman la rabia e impotencia, luego acabo aceptando cada golpe, sin oponer resistencia, siento como suben en forma de latigazos nerviosos a través de la espina dorsal para acabar atenazando la nuca. Uno y otro y otro más. Internamente, intento evocar el Tao. Cielo y tierra tratan a todos como a perros de paja. Puedo aceptarlo Todo con tan sólo aceptarlo, no tratándolo de aceptar. Vive y vivirás. Confía y habrá confianza. Muere y morirás. No debo buscar el Tao porque soy el Tao, todos y cada uno de mis apéndices. Acepto cada puntapié y agradezco aún seguir respirando. Puedo verme ex proceso, como expuesto en una vitrina recibiendo el linchamiento, pero no consigo desembarazarme del dolor. El dolor duele igual, aunque duele desde aquí afuera. Suplico y rezo. Que esto acabe de una vez, de la forma que sea; pero que sea ya. En cambio no acaba y las cortinas están cerrándose. El negro telón me envuelve, me encuentro cada vez más abajo, abajo y más abajo, a cada segundo más alejado de la luz del mundo exterior que apenas adivino allí arriba como una claraboya a la que no alcanzan mis brazos. Sumergido, cada vez más sumergido y más abajo, en la espesura de la inconsciencia donde dominan el negro boca de lobo y los tonos obscuros y un silencio atroz. Las formas del exterior van diluyéndose lentamente a la par que la honda paz me colma. El collage de rostros observando entre la marabunta, los angustiosos quejidos y lamentos, la polvareda, los empeines que vienen y van… todo va emborronándose, todo parece aguado, las imágenes pierden solidez y se convierten en levísimas sombras que acaban por difuminarse del todo.

Mis párpados están a punto de uncirse para siempre cuando, un único y delgado haz de luz cae a través de la pequeña rendija de mi ojo, en mitad de la guarida en que estoy sumido, y me permite ver la testuz de Ghulam girada hacia mi. Se encuentra a escasos metros arrebujado en el suelo mientras recibe los brutales golpes. Su voz balbuce algo que no consigo captar. Advierto que me dirige una mirada de complicidad, hace una extraña mueca con la boca, algo como una media sonrisa y con la mirada lleva mi atención hacia su vientre. En esto, se voltea como un gato, saca una pistola de su abdomen y la encañona contra la rodilla del mastuerzo haciéndole un boquete de varios centímetros en mitad de la rótula. ¡POM! El estallido deja quieto a todo el mundo, incluso la desdentada franchute ha dejado caer su Nikon. El chillido del agujereado hombre es la única fisura que abre el vasto silencio, va dándose grotescos impulsos sobre la pierna sana mientras brama como un león marino fondeado entre las rocas. La Fontaine brota de su pierna con un chorro espeso. Su cabeza se ha vuelto purpúrea, las venas de su frente forman nudos a punto de estallar. Se hace un rumor de exclamaciones, alaridos y gritos de alarma. Hay un enorme revuelo entorno a nosotros. ¡Vámonos de aquí!- grita alguien. Todo el mundo sale por patas entre el bullicio, también los siniestros amigos del quejoso tullido al que Ghulam acaba de perforar, que queda en mitad del solar jimplando.

Recuerdo haberme arrastrado como una serpiente hasta el Peugeot, allí estaban Camille, Tariq y Ghulam esperando con el motor ronroneando como un gato. Me arrellané como pude en el asiento posterior, ¿Qué ha pasado allí adentro?- dije con el pulgar señalando a nuestra espalda, y justo antes de que pudieran contestar perdí el conocimiento.

 

 

blog 217 la tv

 

Me despierta el fru-fru de un abanico en la oreja. Es Camille que está aventándome. Contemplo los ojos de color almendrado. Sus lindas facciones diminutas que, bajo la maraña de pelo azabache, arremolinado por una nuit de trouble, hacen que parezca algo así como un perro de Pomerania. ¡Alain, gracias a Dios! exclama- y al momento aparecen Tariq y Ghulam, llenos de magulladuras y tachones de sangre seca, y comienzan a pellizcarme los mofletes, me hunden el dedo y me tiran de la perilla. Luego  formulan una serie de preguntas acerca de mi estado de salud, que si quiero ver a un médico, si me encuentro bien, si tengo algo feo y que si tralalá. Pregunto a Tariq si tiene algo de eso. Sale volando hasta el maletero del Peugeot y en un santiamén está de vuelta metiéndome una bolita en la boca. El faquín del coche de Tariq es algo así como la trastienda de una farmacia, al contrario que sucede con el resto de automóviles, resulta muy estimulante que alguien eche el seguro cuando uno está adentro.Parece que los cuatro hemos preferido estafar a las heridas en vez de curarlas. Como musita el refrán…” Sólo hay dos cosas que puedes hacer cuando estás mortalmente jodido, y las putas no malgastan el tiempo fumando droga”. Los cuatro estamos sanos y salvos. Respiramos tranquilos. Espontáneamente nos pasamos la mirada los unos sobre los otros. Nuestros ojos rebosan esa clase de confraternidad que surge entre unos que han doblegado juntos un duro escollo. Es en este momento que Ghulam cae víctima de uno de sus ataques de risa apoplética, que a la sazón acaba inoculándonos a todos igual que un microbio que flotara en la atmósfera.

Encuentro un lugar a parte, a la sombra de un enorme risco rodeado de arbustos que semeja un blanco rinoceronte que hubiera quedado atrapado entre la espesura. Me dejo caer junto a su vientre, sobre la hierba fresca. En el alfeizar de una de las ventanas de la estación está piando un pájaro mañanero que, con el primer tronido, bate frenéticamente las alas y levanta vuelo. Camille y Ghulam están abrazados sobre una viga, se han puesto a disparar a las alimañas, un turno por tacada. Veo a una de esas ágiles ratas que baja de la barraca que está junto a las vías del tren, luego se esfuma siguiendo las guías paralelas. Me invade un dolor agudo al intentar girar el torso. Me llevo la mano al costado, varias de mis costillas flotantes están partidas, flotando por el tórax, totalmente descoyuntadas, y con cada movimiento noto sus pinchazos contra la carne. Siento la perola inflamada, como uno de esos Tam-Tam africanos después de una sesión de iniciación a la tribu, con el cerebro terriblemente abotargado y abollado. Nada parece demasiado grave. Trato de serenarme .Tengo una enorme necesidad de aclarar mi cabeza. Masco la goma regalándome con su acre sabor, austero y campesino. Trago su aroma endemoniadamente atractivo y encandilante. Engullo toda su aura de derrotismo, sabiduría y quietud con sólo acercarlo a las aletas de la nariz. Tiens! El Gran Autonomizador  ya insufla su candela en el interior de mis esponjosos pulmones y esto supone un jarro de agua fría sobre cualquier motor que haya permanecido demasiado tiempo a punto de arder. La garganta quema a la par que la atmósfera va tornándose más grata, más querible, más amable, en tanto que el opio presta a toda cosa la cualidad de ser amada. Pronto se acerca sinuosamente esa flexibilidad espiritual, la mente despejada, las anchurosas miras. Las encías van cubriéndose de saliva mientras la boca se me hace literalmente agua. Es la bendita leche de amapolas que la Bayern tiene a bien cultivar entre sus amplias extensiones adquiridas en atención a los bazos vilicosos, hígados enmohecidos y cerebros enfermos de los parias y pobres demonios que andan siempre en pos de “un vasito de agua por favor” para verter, disolver y tragar la panacea y que mis impertérritos amigos del Pakistán, tras una épica y chiflada incursión por los campos de Andalucía, se han ocupado en extraer, rajando primero el bulbo, aglutinando todo su caldo y desecándolo después al sol. Contemplo la caldeada colilla del Chester humeando entre mis dedos, ese milagro de la combustión resulta la realidad más tangible que tengo a mano. Dentro, empiezo a cocer asombrosas reflexiones que vienen rodadas, como las escenas de un cinematógrafo. Inquiero algo acerca de los alcaloides, de los otros alcaloides, los tóxicos a los que se la gente se entrega cuando llega a casa tras sus actividades habituales y siente el peso de la vaciedad caer sobre sus espaldas, los tóxicos que son mucho peores que el opio o el hashís; los diarios, la radio, la televisión, las adormilantes sectas de Youtube. Mientras hago estas disertaciones, una oruga amarillenta cae en mi hombro desde la pinaza, permanezco inconmovible mientras la contemplo reptar ante mis narices. Los tóxicos auténticos lo dejan a uno en libertad de soñar sus propias ensoñaciones –rumio-, pero estos tóxicos moralizantes lo obligan a uno a tragar los sueños pervertidos de hombres cuya única ambición consiste en mantener sus puestos, en atención a lo que se les exige que hagan. Esta clase de alcaloides regularizados no molesta en nada a los gobiernos, ni a los banqueros podridos, ni a las corporaciones demoníacas, al contrario, consigue que hombres cuyos salarios apenas permiten asomar la cabeza entre las aguas no agarren un hacha e irrumpan en una sesión del parlamento dispuestos a tomarse el asunto por su cuenta. Mientras tanto, se penaliza a quien trata de ganarse la vida vendiendo… ¡cuando es la administración quien debería regularizar, someter al famoso control de calidad y distribuir legalmente las substancias! Resulta de una grande leprosidad moral, de un sadismo fuera de lo común que pone los pelos de punta, el que los gobiernos tiendan la boina en las incautaciones, mientras los consumidores tienen que apañárselas con mierda cortada con todo tipo de veneno, ¡con líquido de batería!, que han de ir a buscar hasta el más perdido de los muelles, hasta la más estrafalaria bocacalle. Mierda que sería cuanto menos algo más natural, menos nociva, si estuviera sujeta a controles de sanidad, como el resto de productos que pululan por el orbe. Ahora la viscosa Oruga se ha colado en el bolsillo de mi camisa; tengo unos Chester´s, un lapicero romo y una Oruga peluda. A todas luces, el estúpido capirote del tatuaje en el cuello que ayer abordó a Camile, no se hubiera comportado como un chivo en celo si hubiera estado mascando hoja de coca en lugar de Nolotil triturado. Esto me lleva ipso facto a la ominosa hipocresía consentida en que están sumiendo al mundo, esta suerte de intervencionismo moralizante, voraz y absorbente como jamás se había visto, que se inmiscuye en las esferas personalísimas del individuo en aras de esa clase de seguridad que se respira en el cementerio, y que les viene como anillo al dedo para justificar los grilletes y mordazas y cámaras de video-vigilancia que nos garantizan una vida salubre, higienizada y moribunda. Tomo a la oruga en la palma de la mano, me aseguro de que puede verme o cuanto menos intuirme, y ensayo con ella mi discursito; ¡Óyeme demagogo! ¡ Escucha esto chiflado religioso! ¡Atiende malévolo corporativista! ¡Pon la oreja siniestro tirano! ¡Escucha bien señor presidente!… ¿Qué hay con que uno tome cada mañana para almorzar un bistec rociado con salsa de chinchetas y clavos, a quién importa si acompaño todo esto regando mi estómago con una copita de ácido prúsico, y quién ha de vetarme a hacer todo esto, quién cree tener más potestad sobre mi cuerpo que yo mismo, y lo que es aún más lunático, quién se atreve a modular las tonalidades de mi espíritu, de mi consciencia? La Oruga mira al orador golpeado, la Oruga cierra sus ojos y se echa a temblar. ¡Elevarán una gran fortificación donde repose la nación más segura del mundo y, cuando echen los goznes y cierren las puertas repararán en que todos los que han quedado dentro presentan el tono azulado del cadáver.Apenas han transcurrido dos días con sus dos noches desde que muriera el Gran Prócer Madiba, el verdadero emancipador del sud de África, Nelson Mandela, y las mismas hienas que lo hubieran llevado de vuelta entre rejas por un puñado de monedas, están hoy congregadas en su sepelio con falsarias caras de circunstancias, dorándose la píldora unos a otros, aprovechando la ocasión para ventilar algún negocio turbio junto a la capilla ardiente del gran hombre. Día a día, esta hedionda y asquerosa escala de valores se ve manifestada axiomáticamente en todo el arsenal de fruslerías y cachivaches que van metiéndonos con cuña, pequeñas personificaciones de las monstruosas mentes retorcidas que las engendran, que tienen que engendrarlas para seguir pugnando en el mercado de la demencia, secadores de pelo cu-cut, tazones comestibles, absurdos teléfonos con rayos láser, pedazos de caca reciclables, inodoros invisibles, inadvertidos aparatos de aire acondicionado, mastubadores humanos, aviones indestructibles, salchichas bomba, lechugas auto-florecientes, libros que leen solos, felpudos que dan los buenos días… Mientras, en sus escuelas se incuba poco a poco otro Jack el Destripador, uno que crecerá frustrado, vilipendiado y escupido a manos de sus compañeros de aula por no pertenecer a tal o cual frontera artificial, o por no poseer una u otra maquinita desternillante. Y cuando ese aciago florezca, no será un día de sol pequeña oruga…

 

blog 42

 

Elevo el pescuezo sobre la línea Maginot que el opio ha establecido entre el mundo de las ideas y el mundo exterior, el de las formas. El mito de la caverna, las sobras jugando fuera. Traspongo el umbral de la vida interna para salir a campo abierto. Puedo ver a mis amigos tirados sobre las briznas de hierba, junto a los vagones destartalados. Tomo entre los índices a la suave Oruga, poso su mullido cuerpo sobre una pequeña hoja de morera ¡arrivederci pequeña amiga! ¡Y no olvides lo que te he dicho! Me acerco junto a la trouppe. Cuando llego están en mitad de una acalorada discusión. Ghulam y Tariq están hablando en Urdu. Camille permanece sentada con los brazos rodeando sus rodillas, contemplando la escena con gesto aburrido mientras juguetea con uno de sus cordones. Tariq parece encendido, gestualiza ágilmente, hace molinetes con los brazos y no para de pasearse de uno a otro lado. Su mujer ha estado llamándolo a filas a través del teléfono. ¡Está como loca! dice Tariq. El niño ha pasado la noche llorando y con unas décimas de fiebre, ella ha pasado la noche tratando de localizarlo, pero éste ni mu. Hors de combat. Así que ha tenido que improvisar una excusa. No ha podido encontrar algo más rocambolesco; ha estado comprando una camisa. Después ha perdido el tren y ha decidido hacer noche en Barcelona.  <¡Coño! ¿no has podido encontrar algo más verosímil?> Sostiene una lata de cerveza entre los dedos, va echándose al coleto largos tragos, como si tratase de agua. <No, la cabeza muy loco tío. Ella gritando todo el rato, muy fuerte, niño gritando y llorando todo el rato, yo gritando y gritando. Ella oír ¡paff, paff! de disparo. Yo decir ella que coche estropeado. Mucho problema amigo. Ahora tengo que comprar una camisa.>

¡Ah! ¡El carácter pakistaní! Estos camaradas oriundos de Karachi, no pueden expresarse si no es al máximo… No pueden llevar a cabo nada que no nazca en su máxima expresión; si se trata de jodienda, entonces es la mayor de las jodiendas; si se trata de recato, viven tan comedidamente como pajarillos de invernadero; si deciden llevar una vida religiosa, lo hacen al pie de la letra, como sólo lo ángeles o los santos podrían. Recuerdo cierta aserción que Ghulam soltó una vez, como respuesta a mis averiguaciones acerca del Ramadán y que tiempo después, cuantas más vueltas doy entorno a ella, tanto más siniestra y aterradora me parece. Esa clase de postulado que da libre curso a toda acción, por macabra y desquiciada que ésta sea. El cuadro era formidable, digno de un William Blake o un Edward Hopper. Habían instalado un Kebab debajo del cochambroso piso de alquiler en que vivía entonces, uno de los primeros que abrieron en la ciudad. Descendí los dos peldaños que dan acceso al Kebab, pasando junto a los fardos de sudorosa carne que giraban sin tregua, hasta llegar a la máquina de tabaco. Al fondo del tugurio se vislumbraba la adusta figura de mi amigo, parsimoniosamente sentado en una silla, con el torso flexionado hacia adelante y un pie descalzo sobre la rodilla. En su mano derecha refulgía una enorme cimitarra árabe. Cuando me aproximé hasta él con la idea de pedirle que me cambiara unas monedas para sacar tabaco, vi que estaba cortándose las uñas con esa especie de sable curvado. Uno como el que debió empuñar Boabdil el Chico en sus escabechinas. Ghulam no debía llevar más de un mes en la península por entonces, y no le resultaba en absoluto embarazoso podarse la uñas con un sable en mitad del restaurant. Viendo la total inocencia con que se conducía, sentí la necesidad de ponerle sobre aviso acerca de nuestras moderadas y falsarias costumbres. Le dije que la gente de por aquí iba a tomarlo por un chiflado si andaba por ahí con ese sable. Estuvimos de cháchara un buen rato, sorbiendo un delicioso té con leche que preparó en un abrir y cerrar de ojos. En algún punto de la conversación le ofrecí un cigarrillo. No podía fumar, estaba de Ramadán. ¡Caray, no sé como podéis arreglároslas para seguir un régimen tan estricto durante todo un mes! Yo no podría –le dije- ,mi voluntad me juega malas pasadas. Entonces alzó la cabeza y se quedó mirándome fijo a los ojos. Su mirada parecía absorber toda la serenidad de la atmósfera y, esbozando una misteriosa sonrisilla de antílope, musitó; “No existe una sola cosa que un hombre de fe no vaya a hacer por Dios”

De vuelta a la ratonera. Tariq está electrizado, la alocada idea de la camisa ha enraizado y se ha hecho fuerte en él, al punto de llegar a obsesionarle. Es vivo, ágil, inteligente, astuto…pero puede empecinarse en algo tanto como el más testarudo de los alemanes. Ante otra clase de motivos me hubiera negado en redondo a acompañarle, pero resulta que Tariq, a pesar de sus enormes patinazos para con ella, vive enteramente entregado al amor de su mujer. En su inocencia casi preescolar, aupada por los coletazos de un vórtice interno de opio y alcohol que aún rebulle, cree que su mujer va a pasar por alto los hematomas, los cortes y magulladuras sanguinolentas, siempre y cuando él se presente en casa con una camisa impoluta. Así, ¡Tout par la chamise!. Lo que podría ser una cuña que anunciase a los marcianos nuestra manera de ser tan desinteresada.

Dejamos atrás la vieja estación de trenes y nos dirigimos como un tiro hacia Barcelona. El Peugeot corcovea como una novilla bajo un chaparrón cada vez que Tariq hunde el pie en el pedal de acero. Un poquito más de presión y todo saltará por los aires. En uno de los peajes hago una guiñada a una tía que ha parado al lado su todoterreno. La gachí echa un vistazo al interior del coche y escupe a través de la ventanilla. La escupida produce un chasquido curioso, sordo, contra el pavimento. Luego acelera y sale espantada, quemando las ruedas. En su mirada llena de asco adivino que si hubiera podido matarme allí mismo, a sangre fría, sin que nadie la viera, no hubiera dudado un instante. ¡Has estado muy brusco! –me hace notar Camille. Es el jugo de Estramonio, que recorta con una enorme tijera todo aquello superfluo, dejando a la vista únicamente la anchoa que hay dentro de cada aceituna. ¿Urbanismo, educación, civismo, cortesía, lenguaje…qué es toda esa jerigonza? ¿A quién puede interesarle lo fútil, cuando se encuentra en el mismo epicentro de la cosa? ¿Quién puede pedirle al diablo que espere mientras uno va a hacer aguas menores?

Diviso una serie de granjas salpicadas a lo largo de la autopista, los panzudos depósitos de agua, las pilas de trigo, el ganado perdido. El resto son naves, fábricas de cemento, vertederos de electrodomésticos, todo lo que entra y sale por la puerta trasera de la civilización. Los postes de teléfono atraviesan a cien por hora haciendo intermitente a un lejano pueblecito. Reparo en la Moreneta, que asoma a lo lejos como unos cuantos pigmeos con las lanzas alzadas. El contorno de serrucho, los dientes picados de Caoba, las garras vueltas hacia el cielo. Y arriba del todo; el pedrusco a la obstinación del hombre. Suba ud. hasta los brazos de la virgen mediante nuestro teleférico por la módica suma de cinco euros con cincuenta. Los cargos públicos y eclesiásticos, los trabajadores del teleférico, los parados y los veteranos de guerra, las embarazadas y parturientas, los amputados y los desvalidos, gozan de un descuento especial. Todo parece indicar que un hombre sano no debería subir ahí. El Peugeot nos desliza a paso firme hasta la periferia de la ciudad. Tariq sigue con un solo pensamiento en la mente: encontrar una buena camisa. Cuando llegamos a la Avinguda Diagonal recapitulo que esta larga avenida es la raja transitada de la enorme mujer, siempre abierta y solícita, llamada Barcelona. Todo quien entra o sale de ella lo hace por aquí, y ella os acoge en su cálida matriz llena de luces y chirivías. Utiliza un perfume caro y cuando os movéis por sus entrañas debéis pasar luego por caja. De camino a una camisería pakistaní en la calle Doctor Dou rebasamos un camión, hay algo que me llama poderosamente la atención, algo que en otras circunstancias hubiera pasado por alto pero que ahora está absorbiendo la atención de cada una de las antenas de mi parabólica, hipnotizado y con las varillas desplegadas ante algo tan ineludible como el oso blanco de Tolstoi, algo semejante a una sanguijuela de la que no puedo desprenderme que se ha pegado a mis ojos. Leo esto en uno de los laterales del remolque pintado con letras de medio metro;

“Estás de suerte; ¡Dios está en tu corazón!”

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*Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

 

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Caben las copas y las manos se hacen multitud. Veo a la vida presenciar la orquesta de los cristales ML

 

Parece que los nuevos gramófonos del siglo veintiuno continúan aullando las sinfonías de Debussy. Aquí la noche se aquieta cuando dan las tres de la mañana en el reloj del gallo loco y las siluetas de los petroleros encallados semejan un juego de sombras chinas desfilando por la pasarela que deja el foco de la luna. El largo ventanal fincado hacia el océano hace las veces de cinematógrafo, por aquí discurren las escenas más variadas con agradable parsimonia cuando las bridas de la imaginación se desatan y el viento empieza a ulular su canto noctámbulo. Esos monstruos de acero posados sobre la línea del mar y el fanal de un pescador extraviado son los únicos objetos que se interponen en mi línea de tiro con la negra lava de la noche. Encaramado en el alféizar de la ventana, con las piernas colgando, cubierto por la influencia desparalizante de Achille-Claude Debussy despliego cada una de mis antenas, desenrosco el formidable catalejo y echo un vistazo más allá. En mi ojeada al mundo estiro el cuello con tal desproporción que las últimas vertebras van saltando una a una de sus yuntas. Finalmente, el pensamiento echa alas. Tengo la mirada puesta sobre el viejo portón de madera recamado de garabatos, firmas y recordatorios de la calle Alsina, en todo el ajo de Buenos Aires.

La vieja pensión de tres al cuarto reconvertida en sala cultural donde el vocalista de Sumo, Luca Prodan, enarboló sus últimas notas, fue el lugar donde oí mencionar el nombre de Marcela Lockdos por primera vez. Habían desplegado un enorme rollo de papel de Kozo a lo largo de la pared del patio de luz y un proyector vomitaba las imágenes de la vida de Jim Morrison. A continuación reponían la grabación de una serie de entrevistas realizadas a algunos artistas locales, pintores y escritores en su mayoría, a propósito de las canciones de Jim. Estaba disolviendo agua en el whisky, acodado en una de las barras que habían improvisado cuando me llegó la voz de Lockdos a través de los parlantes, cortante y acariciadora a un tiempo, en un delgado hilo de frecuencia tan liviana que conseguía rajar el aire donde se alzaba el pandemonio de voces y abrirse paso entre el ruido de la sala hasta caer a través de mis oídos como un dado que ahora redoblaba en el cubilete. La poetisa aparecía recitando su composición, en su porte templaba esa amalgama de serenidad y convencimiento propia del Zen y las filosofías orientales. En un acto casi fisiológico tiré del cordón de tela del desgualdramillado Moleskine y anoté; Marcela Lockdos, poetisa local. No recuerdo uno sólo de los versos que ella pronunció en su poema in memoriam al fenecido cantante, pero no olvidaré la belleza con que aquellas frases habían sido construidas. En el curso de los dos o tres días que siguieron puse patas arriba los anaqueles de casi todas las librerías del Micro-Centro de Capital Federal buscando algún libro de la enigmática poeta, una comezón de curiosidad irrefrenable por la obra de Lockdos se había adueñado de mí como un lagarto interior al que se necesita dar pábulo. Cuando estaba a un paso de abandonar la busca, tras peinar de arriba abajo una docena de librerías y bibliotecas, hallé su “Músculo verbal” enterrado bajo una pila de libros en la sección de poesía alternativa del Ateneo de Corrientes. Su lectura minuciosa supuso el impacto de un negro y desconocido meteorito cuyos fragmentos incandescentes se habían incrustado sobre mi piel y refulgían cómo sangre fresca. El descubrimiento fue tal que decidí escribir una carta a la poetisa donde le transmitía mis impresiones acerca de un poemario que se me antojaba a todas luces distinto, brillante y novedoso. Transcurridas dos semanas volvía del restaurant donde estaba empleado como friegaplatos., al doblar por Cuba vi al cartero detenido junto a la estafeta del portal buscando la ranura adecuada, dubitando con las manos en el chaleco mostaza. Luego introdujo el sobre en la caja de chapa. Era una invitación en que la poetisa me invitaba a ir a visitarla a su casa de San Martín.

 

 

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“Poesijazz y otros tangos indie”. Poemario a dos manos de Marcela Lockdos y Chema Lagarón.

 

Abrió la puerta un hombre de aspecto rocoso con unas ridículas pantuflas cuyos empeines eran cabezas de panda, <¡Hola! ¿Cómo están? Usted debe ser Laszlo…Pero pasen por favor! >. Frank Montolivo hablaba moviendo significativamente las comisuras de la boca y su flamante mostacho de canciller se combaba y estiraba, empequeñecía o se tornaba grueso según la danza su rostro. Era el marido de Mariela, una mujer de pelo ceniciento famélica como una radiografía, ambos eran amigos de la poeta, pasaban por allí a la hora del mate y decidieron entrar a hacerle una visita. Paulette, mi hermana argentina, que solía mostrarse escéptica a estas incursiones mías se decidió a acompañarme en el último momento. La estancia rebosaba libros y botellas. Dominaba el rostro severo de Frida Khalo sobre un lienzo, en mitad del comedor, los ojos rojos y dorados ardiendo al fondo de la gruta, el salvaje animal que permanece contemplativo en el disimulo del cuadro. Marcela Lockdos aparece envuelta en un delantal con una sonrisa de cabo a rabo, los ojos velados por el agua, acuosos, dos bolas de fuego líquido donde predomina el azul mercurial. Ha preparado un budín de ciruelas que trae en una bandeja, trae también un azucarero y una jofaina donde hierve el té de Peperina. La conversación discurre entorno a los círculos de la pintura, Paulette y Marcela coinciden asombrosamente en sus gustos. Luego hacen aparición las Cícladas y el laberinto de Cnossos, las alfombras de brocado y las losas de damero, el término Piriforme, la música de los címbalos y laúdes, la sombría figura de Goya y las obras de Matisse, la duda de si el bife de chorizo o el cordero asado, Roberto Arlt, los volcanes Etna y Vesubio, los círculos circadianos, el nuevo puente de granito que divide la General Paz. Las trazas y notas anaranjadas de un Malbec rosado casaban como un guante con el delicioso budín de ciruela y acabaron por dilatar la tarde igual que un muñeco de nieve bajo la lluvia. Excepto un par de alusiones laterales a “El espacio umbilical de las naranjas” que hizo Frank, nadie quiso enturbiar la atmósfera distendida de aquella velada sacando a colación los libros de Lockdos. Se intuía en Marcela esa clase de humildad que desdeña hablar de sí para ceder la voz a los demás. La noche cayó como un pajarito, nos dimos largos abrazos y prometimos repetir el simposio. Marcela envolvió unos bocados de budín y los dejó caer en el bolsillo de mi gabán <para el viaje> exclamó sonriente.

Hicimos el trayecto de regreso a Belgrano en una de esas serpientes articuladas que van resollando hondos gemidos metálicos al detenerse y al reanudar la marcha. El colectivo dejaba atrás el barrio de San Martín bamboleándose sobre los ejes a uno y otro lado, exactamente igual que Paulette, completamente embebida en la lectura de “El Sinthome”, devanándose con uno de esos abracadabra que Lacán suelta en sus libros de psicoanálisis; “Diez veces un anciano de cabellos blancos aparece en escena. Diez veces resopla y suspira. Diez veces dibuja lentamente extraños arabescos multicolores que se anudan entre sí y con los meandros y volutas de su palabra unas veces embrollada y otras liberada. Una multitud contempla estupefacta al hombre-enigma y recibe el ipse dixit aguardando una iluminación que se hace esperar. Non lucet, no hay claridad ahí dentro, y los Teodoro buscan fósforos. Sin embargo, piensan: cuicumque in sua arte perito credendum est, quien ha probado ser hábil en su arte merece crédito. ¿A partir de cuándo alguien está loco?”

 

Ver a través de un ángel.  Soliloquio.

 

 

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Por más que demos vuelta a la manzana,

las esquinas siguen siendo las mismas. ML

 

Diez veces estoy colgado en el quicio de una ventana observando a los omniosos petroleros flotar en la noche con su bagaje de cisnes enfermos. Diez veces Achille Debussy dispuesto a veintisiete mil millones de nuevas sonatas aullando a los equinoccios a través de Baremboin. Diez veces se precipita una caudalosa lluvia de zanahorias coloradas como narices que se clavan en la tierra hasta horadarla y salir por los árticos. En ese apocalipsis vemos a Lockdos caminar flotantemente bajo un sombrero Hongo dirigiéndose a hacer el pan. Las lapiceras han sido afiladas previamente en los huecos de la dentadura de una pantera, el papel ahora se abre como blanda madera cuando Lockdos se dispone a usar la lengua del corazón. Es misión exclusiva del poeta lograr localizar el agujero por el que la humanidad salga de sus crisis. Allí donde encalla la ciencia, y la numerología muerde su propia cola, el poeta surge de la luz y sombra y rasga el telón, abriendo a nuestros ojos el vasto horizonte inexplorado. En la constante actitud de la tijera que abre el ensamblaje de los nuevos escenarios encontramos a Lockdos faenando desde que rompe el alba hasta que el sol decae. Realiza su faena con la involuntariedad de un estornudo, nada en Marcela es fruto del esfuerzo, la fuente es el agua y el agua es la fuente. No tiene que mover un pelo; vive en, por, y para lo que escribe, y lo hace con fecundidad asombrosa. En ella la divina locomotora permanece siempre chamuscando carbón, sin un motivo para avanzar ni un motivo para andar hacia atrás, se mueve en planos verticales de Tártaro, Di Yu y Nirvana. Su lenguaje reviste una cualidad fuera de lo común, cuando Lockdos pronuncia, por ejemplo, la palabra Xilófono, no es como cuando nosotros pronunciamos la misma palabra. Las reverberaciones que se desprenden son enormes y sus palabras vienen caminando hacia nosotros por su propio pie y, esto, ¡Es importantísimo y quiero subrayarlo hasta rebanar la hoja!; los poemas de Marcela Lockdos son criaturas vivas que nacen y mueren en el arrollo de la humanidad, alejadas del lugar donde finca la polvareda muerta de los libros con los que se devanan los hombres del tanatorio en busca de un viejo fósil que mostrar al mundo con diferente acentuación. El medio en que florece es el acuoso, todas sus composiciones están conformadas por dos partes del elemento hidrógeno y una de oxígeno, y en virtud de la suave factura de estos materiales su poesía se mueve livianamente entre los hombres y mujeres como una bailarina de ballet, con esa ausencia de componente barroco. A ninguno de sus poemas puede aplicarse el calificativo de denso o recargado, son plumas sueltas de animales vivitos y coleando. En cuanto a sentimientos tiene la manga rota, parece un Bukowski al revés y se muestra prodiga y sin ambages cuando se trata de indicar el lugar donde el bisturí debe abrir la carne como una cremallera para dejar partir a las Hidras y Quimeras, a las Caloblepas, a las serpientes marinas y al Basilisco. Pertenece a una remota casta de millonarios en espíritu que danzan por la vida regalando aquí y allá pedazos de existencia. Afirmada en el signo de los protones encuentra en la alegría su modus vivendi, su modus operandi y el espacio umbilical donde clavar la semilla de sus palabras. He logrado hacerme con varios de esos campos abonados por Marcela Lockdos en forma de primeras ediciones de sus libros, he pensado que preservando estos ejemplares quizá mis nietos puedan salir algún día de un mal trago económico, quizá garantizar la especie a los badulaques y parias que serán como yo.

 

Hoy me desperté sin rayas y sin embargo la jaula seguía ahí, sobre mi cabeza como un sombrerito de cotillón. ML

Broken birdcage

Marcela  publica a diario en www.besandoazulejos.blogspot.com y en www.facebook.com/lokdos.poesia

 

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* Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

 

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Prelude

 

Cuando la industria dictamina aquello que es  y aquello que no es arte, es axiomático que todo lo que puedan poner sobre el mostrador donde se amorra la turba social adquiera la forma de bulbos sospechosos, epicenos y castrados, andróginos culturales volubles como pompas, bisoñés, postizos, fuegos de artificio y fraude perfumado con eau de boheme. El verdadero arte jamás podrá verse maniatado al cumplimiento de un encargo, no puede cerrar sus filas ante el especulador de turno, no sabe de las exigencias y caprichos de una moda fugaz. Cuando esto ocurre el ente creador se diluye despacio – ni siquiera muere- en las aguas de la corriente, en el mundo de las hormigas y las abejas. La pulsión creadora no nace en la mente, donde domina la lógica y el pragmatismo, y no nace en el corazón. Nace en un territorio por conquistar, absolutamente desconocido y peligroso, donde los temerarios se aventuran con linternas y piolettes siempre bajo el prurito –en términos freudianos- de matar al padre, de poner patas arriba el estado de cosas dominante en la sociedad que le rodea. Nace en el justo medio del plexo solar, detrás del estómago, donde se unen las terminaciones nerviosas del cuerpo y el espíritu, impelido por eso que D.H. Lawrence bautizó como “conciencia de la sangre”. Esa conciencia de la sangre responde únicamente a impulsos primarios, cavernarios e instintivos, donde se baten a espada el fuego y la materia. Los riesgos son los mayores; quien tenga la osadía de crear debe correr bordeando los propios límites del espíritu, siempre fregando el guarda-raíl. Al rebasar ese margen se encuentra tête à tête con la locura. Tal y como yo veo las cosas la manifestación artística vive en la obstetricia de un vientre descontento, en un líquido amniótico agriado, y tiene en su alumbramiento la misión de cambiar el orden prevaleciente. Se asemeja en esto al Ecce Homo, la imagen del Cristo ensartado en la cruz, cuya misión en la tierra fue enseñar mediante un gesto definitivo y revelador que pudiera agitar la conciencia de los hombres, aun a cuenta de la propia muerte. Así cómo el occiso en la cruz a manos de la turba significó una muerte vivificadora, una muerte para la vida, el martirio que vive secretamente el alma del creador se convierte en luz cuando es arrojado a los ojos del mundo. El extraño saurio pone el huevo que tenía embotado en las entrañas y sale a dar un fresco paseo. La tarea de tracción, seccionamiento, disección con pinzas Koch, embalsamamiento y el  cortar la yema del huevo es trabajo de vampiros; críticos, correctores de estilo y otras rémoras que viendo frustrada su vocación viven de sus contrarios. Resulta imposible visualizar al artista esperando una retribución a priori; crea porque está en su naturaleza, no sabe hacer otra cosa, y si caen en su vieja boina algunas monedas sabe bien que son de prestado y las emplea para mantener la cabeza sobre la línea de flotación. Comprará lienzos, tubos de pigmento, licores y cigarrillos…todo lo necesario para seguir su periplo hasta la próxima fusión fría, la siguiente pugna que desplace un átomo de verdad hacia la superficie, una y otra vez, a izquierda y derecha, maniobrando a tientas, aniquilado y resucitado en cada obra, y así hasta la postrer sublimación. “El artista se debe a su público” dicen por ahí. Lo que yo digo es que os están tomando el pelo. Lo que digo es el cuento al revés; “el público (se) debe a su artista”. ¡Y cuánto y tan caro nos debemos a él! ¡Con cuánta iluminación, plenitud, gozo, alegría, clarividencia, estremecimiento y aprendizaje nos ha envuelto a costa de su alto negocio con ángeles y bestias inmundas! Recuerdo cuando mi hermano puso ante mis ojos El Idiota. Leer a Dostoyevski por primera vez supuso un cambio completo de plano, fue un acontecimiento tan importante en mi vida como el primer amor. ¡Pero el artista se debe a su público…,- claman los voceros del mundo– y el acné aparece por encerrarse en el baño y por no pisar la iglesia, y ya puedo sentir la lava de una arcada viscosa, borbotando espasmodicamente, convulsionando, subiendo tráquea arriba con la inmanencia de salpicarlo todo!. Propongo que ahora, -improbable y querido lector- caminemos juntos de la mano hacia la húmeda cárcel Siberiana donde los estratos dominantes –los portadores de le intouchable raison de la época- mandaron a este genio creador, a este coloso ruso que todo cuanto escribió fue para siempre, pidamos un bis a bis con el viejo Fiodor y reclamemos lo que nos debe. Viremos por un momento hacia el manicomio donde Nietzsche vivió sus últimos días y entonemos para él la frasecita de marras, movámonos hacia la vaciedad del estómago hambriento de Van Gogh y mascullemos esa canción; ¡El artista se debe a su público! ¿No te has enterado, Vincent? ¡Pues empieza por cortarte el pelo y buscar un empleo serio!, ¿crees que tu no vas a pasar por caja, que puedes seguir en deuda con nosotros eternamente? ¡Antes de que eso ocurra te volveremos tan loco que acabarás por arrancarte de cuajo tu propia oreja!

Quiero presentaros a algunos artistas verdaderamente poseídos con quienes he ido cruzándome en el camino. Estos poseídos son del tipo “que se debe a sí”, no se vendieron ni se venden barato, son implacables en la certeza de su arte y día a día se afirman en su creación, hacen luz de gas al silbato que llama a cuadrar filas y su meta –puedo afirmar, ¡de existir alguna meta!- no responde al tintineo de unas monedas, sino al arte en sí mismo; punto de partida y viaje de regreso a casa.

 

El invariable y poseído Rey del Regaliz

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“…y en la izquierda tengo una incoherencia, en la derecha tengo una yegua y arriba tengo la luna na más”

 

Cuando echo un vistazo alrededor no puedo dejar de contemplar la devastadora estampa de hombres que permanecen amarrados a la tierra con gruesas cadenas, como barcos en el amarradero. Los menos de toda esa humanidad, hombres rebeldes dotados de una fuerza y pureza de espíritu anómala, consiguen separarse de la huella del desmonte que va dejando tras de sí el redil de cabras y ovejas que a todo contestan afirmativamente. Estos rebeldes forcejean consigo y la sociedad hasta partir la quilla del barco. El invariable poseído Migué Benítez bombea el corazón con el frenesí de una manada de bisontes, apoyado en las patas traseras da el último tirón y avanza llevando a rastras un enorme terrón conglomerado de tierra que permanece uncido al último eslabón con que la cadena lo tenía sujeto al pavimento. Suelto, libre, desenraizado, el poeta encadenado ha puesto a bailar los corta-fríos y el acero ha cedido, va tocando trompeta, va dando brincos formidables, hace un pito catalán a los guardias civiles de la garita y sale zumbando, haciendo cabriolas sobre la rueda trasera de su podenco; maneja el gas con la derecha, con la izquierda hace danzar una botella al viento. Es un Atila que ha florecido en los suburbios y como el caballo del Huno guerrero allí donde las gomas de su potra tascan no vuelve a crecer la hierba. Deshace el puente, esconde los cables por dentro del bombín y clava el estribo. De la casa de las amapolas emergen sones de timbales árabes y tiranteces de cuerdas flamencas, el resto de la tribu lo espera con flechas de ansiedad, los otros delincuentes están batiendo palmas cuando hace su aparición el Rey del Regaliz.  De un oscuro rincón sale al viento un halcón, libre, como las olas del mar; es la voz del migué que va poniendo a tono su garganta. El moribundo ídolo de madera queda reducido a cenizas cuando hace su puesta en escena el ídolo de corazón y arteria. La grabación ha comenzado y en todo Jerez de la Frontera puede oírse el estremecimiento del animal salvaje que ahora canta desde el sótano de la sangre. Las blancas calles empedradas, las plazas y comercios se han detenido, sólo un viento revoltoso cruza los pasillos de la ciudad subiendo hacia el cielo las bolsas de plástico y algunas plumas de paloma. En el estudio de la tribu delincuente de los Matajare las luces que alertan del On The Record están en verde. El invariable poseído Migué Benítez comienza su canción. Es la tonada del lobo solitario que se desenvuelve liviana y fraternalmente entre los hombres porque los ha trascendido, es un Santo y la luna es única compañera de francachela cuando todas las conexiones están cortadas. No es un errabundo que vaya a quedarse transitando una vía muerta ni es de los que se encierran, el pescado viene negro y pone en marcha un truco de avanzado escapista; va a prometerse en matrimonio con la luna, lo tiene todo ordenado en la chola. Ha encontrado un bonito Edén para Eva, no faltan guitarras ni bolitas marrones, le tiene flores malva en las jardineras y una caja de cartón para poderla amar. A esa luna suya eleva desgarradoras alegorías mientras las falanges de sus dedos se mueven con asombrosa agilidad danzando de cuerda en cuerda, de rama en rama, picando la caja con duros nudillos, marcando los interludios, avanzando a machete con furia y pasión increíbles, y en la garganta la carótida amoratada a punto de estallar empuja la sangre sosteniendo en alturas inconsiderables la áspera y rota voz que va cantando al pálido astro; “Me tiene y me entretiene, juega con mis cascabeles por la noche, en la oscuridad. Le estoy haciendo una carreta pa que suba y baje en ella con las alas de cristal. Yo siempre la querré, ella me hace florecer, como el moho en la chatarrería…”.

 

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La ordalía ha sido establecida, los sones sagrados de la sangre han alcanzado las orejas de los hombres, ahora el gran cebú duerme enterrado en la hierba hasta la papada. En el lapso de estos nueve años, los homenajes y reverencias al poeta se suceden in crescendo. Hace exactamente un mes y catorce días el invariable poseído Migué Benítez hubiera alcanzado la edad de treinta años. Uno no puede dejar de contemplar lo que hubiera sucedido si este Rimbaud de Jerez hubiera alcanzado la edad madura. Su poesía plena, completa, irreverente y honesta, cargada de símbolos e imágenes brotó con la fertilidad del manantial que mana agua purificada. En su pecado podemos encontrar la marca del poeta, su inocencia absoluta. Decididamente sumergido en la boca del diablo, desafiante, conocedor de su Don singular se entregó en cuerpo y alma a él hasta caer exhausto. Su grito desesperado a la vida enmudece las sirenas de los patrulleros que, persiguiéndolo de vagón en vagón,  lo intentaron fijar a la tierra. Hoy el gorrión vuela tan alto como el corazón humano alcanza a ver, y su canto se esparce como pólvora por las cuatro esquinas del mundo. Hoy el aire de la calle nos huele a las canciones del migué.

 

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· En este punto te pongo el sello en el dorso de la mano para que puedas volver a entrar cuando gustes. En el siguiente post hablaremos de otros artistas poseídos.

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*Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.                

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“…largo, inmenso, lógico desarreglo de todos los sentidos” A. Rimbaud.

Mis amigos aun no saben que me he vuelto majareta. Mis amigos no saben que ya no fumo, ni me drogo, ni que estoy tan enamorado. Bien. Mis amigos no saben que no tengo amigos. Soy un elemento discordante allá donde pongo el pie. Yo estoy fuera de circulación. Nadie puede darme alcance; cuando se acercan a mí, ya estoy en otra cosa. No he bebido demasiado aprisa, no es el golpe fulminante de una insolación, ni una herida aun abierta, ni he tragado demasiadas pastillas. La simiente estaba en mí antes del alumbramiento, es el cuajo negro de todos mis ancestros. Yo no he hecho más que exprimir el jugo de toda acción hasta quedarme con la cáscara en la mano. Ahora escucho el clamor que reclama el cumplimiento de mi signo. No es posible estar sólo en la multitud. No se puede escribir en los aeropuertos ni sobre el abdomen de una mujer. No se puede estar en el perihelio del remolino tomando notas. Es necesaria una especie de renuncia para escribir honestamente, es necesaria una especie de muerte para cantar con fuerza a la vida. Yo no busco inflar un nombre ni alcanzar la gloria. Shamaddi, así suena lo que busco. Es una estrella titilante y la busco día tras día hasta caer doblado sobre mis rodillas con el último adarme de fuerza. La busco inexorablemente para aprender a Cantar en el Suplicio. La busco en las vagonetas del metro codo con codo, la busco en los rostros vacíos, en las miradas crudas, en el seco desierto y en el corazón mismo del fruto. Yo busco ser aceptado para hacer mil pedazos la tarjeta de bienvenida. En mi torre de ignara no escucho consejos ni pongo atención a los comentarios. Es como si hablarais el chino. El ruido metálico de las hachas afinándose a mi espalda me deja frío; la filoxera de las alabanzas y cumplidos no me mueve ni un pelo. Persigo la verdadera fuga, un Nilo fértil y creciente, rotundo; nada de estornudos creativos y chorritos de pis. Vivo preso de una matinée d´ivresse seis de los siete días, el séptimo día trabajo manipulando materiales conformados por lo divino. Me he visto con el cañón de mi propia pistola entre los dientes, y he tenido que desplazar la piedra de fríos ataúdes escarpados para mi envergadura hasta dar con la verdadera clave; vivo como si esos sueños fueran posibles y solo me rendiré cuando haya recorrido todos los caminos equivocados.

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“Con este Yo edifico todo el universo y permanezco separado para siempre.” Krishna.

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*Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto

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Desde el barril donde estaba sentado en la tosca sala de madera salpicada de serrín del bar Bodegó en el barrio de pescadores, podía ver el esplendente cristal de la lonja al final de la calle recortado en dos mitades por la enorme y desarbolada silueta de Boudrouff , que caminaba con paso arrastrado y cabeza colgante hasta el bar dónde de vez en cuando nos reuníamos para beber. Era un barrio de casas bajas y unas doce o quince calles. En el mes de Febrero, cuando subían las aguas y los diques se iban de madre, el barrio se llenaba de toda clase de peces brillantes que quedaban atrapados en los recodos y alcantarillas de las calles, asfixiándose al sol cuando la barriga del mar volvía a posarse un escalón por debajo. Durante el curso de varios días una ráfaga maloliente de pescado podrido se paseaba trasponiendo puertas y cerrojos, impregnando  las callejuelas y plazas del barrio de un olor tan denso que podía mascarse. Una befa hedionda que enverdecía los rostros de los peatones. El trabajo de los gatos de cuellos hábiles arrancando tiras de carne blanca con eléctricas sacudidas y las partidas de salubridad del ayuntamiento no conseguían aplacar la peste hasta que habían concurrido unos días. Boudrouff recaló hace ocho años en el barrio de pescadores procedente de la Carcassonne, desde entonces, tiene el pellejo y las ropas impregnadas de ese hedor a pescadería.

Los tragos corrían habitualmente a cargo de Eulali, un Ampurdanés diminuto  aficionado a parlotear de putas y alimentación ecológica, que se encargaba del bar, y que nos suministraba el pimple a cambio de ciertos encargos de distribución. El santo y seña era un golpe en la vieja lámpara de la entrada. Bou traspuso el umbral como tantas otras tardes, como casi cada tarde, caminando de ese extraño modo en que los pies se mueven en cuña formando una uve que va barriendo la calzada. Los pequeños ojos de ardilla de Boudrouff, dos cojinetes negros incrustados al tun tun en mitad del pálido rostro, parecían saltar como cabras alimentadas con cocaína la tarde en que nos contó aquella historia de la faraona.

Como cada mañana Boudrouff salió espantado de su casa, con los calcetines y zapatos en la mano , maldiciendo a voz en cuello a su mujer, Marion. Ella era una mujer fría. Se mostraba gélida como un témpano con su marido. Las peleas entre los dos se habían convertido en moneda común, el disturbio, la confrontación, los insultos, el rencor, empezaban a mellar la relación igual que una caries descuidada. Era una estampa de lo más corriente encontrarse al pobre diablo con la cara repleta de arañazos. Cuando perdió su empleo como troceador de atunes en el almacén de congelados, los billetes empezaron a esfumarse y ella dejó de darle mortadela. Apenas se acostaban. Lo tenía apartado en el dique seco, no se dejaba meter un solo gol; él se acercaba y la apretaba contra su cintura y ella se escurría como gelatina o se comportaba con tal sequedad que él no tardaba en abandonar. Marion en cambio era de lo más cariñosa con los amigos de Boudrouff, y les plantaba su trasero redondo en mitad de la cara cuando se arrellanaban a beber cerveza en los sofás de su casa, después les pedía que le pellizcaran el culo y les invitaba a hacerle una visita cuando su marido no estuviera en casa. Boudrouff permanecía sombrío y reflexivo, probando la amarga hiel a grandes tragos. Yo no podía ver a aquella puta zalamera, desde el primer día en que nos presentaron advertí que iba a tener a Bou danzando alrededor del cráter de un volcán. Durante un tiempo, cuando estaba solamente en el nadir del descubrimiento de su mujer y todavía permanecía poseído y ciego, empezó a destinar el dinero de la ganja a pagar a su mujer para que se fuera a la cama con él. Entonces ella se volvió todo miel y complacencia. La cosa funcionó durante algunos meses, pero los ingresos eran intermitentes y al poco tiempo volvió a ser como antes.

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El portón de la vieja casa espetó como el último coletazo de una traca detrás de Bou. Sapos correosos, blasfemias y gas mostaza brotaban a chorro de la boca de Boudrouff mientras caminaba descalzo hasta uno de los bancos de la calle con los zapatos, calcetines y camisa colgando de una mano, y trazando gestos groseros y desesperados con la mano izquierda . En su mente zumbaban ruidosamente todo tipo de vías de escape. Maquinaba hacerse con un cacharro y desvalijar el cajón de la gasolinera, un billete de embarque a cualquier parte y chiau chiau, se fini; hipoteca, catástro, facturas de luz y agua, mujer, padrastros en las manos, úlcera y disturbios espirituales liquidados de una sola tacada. Componía miga a miga toda suerte de delirios en su chola para alejarse, para desembarazarse definitivamente de aquella mujer cruda y hostil.

Deambulaba sin dirección fija de calle en calle, sumido en un profundo paroxismo, cuando algo en su bolsillo empezó a sacudirse. Miró la pantalla del teléfono. Una figura verde parpadea en uno de los vértices de la pantalla. <Ols, estoy On Fire, ¿vienes?>  <¡Claro! Estoy en 20´> <Ardo. No me tardes> <¿Dónde vives?> <República 10, 1º 2ª, esc B> <¿Sigues guay?, estoy llegando…> <¡Corre!>  La faraona era una mujer hermosa a matar y reactiva como goma 2, los signos de la raza gitana se manifestaban mayestáticamente en sus largos ojos negros y encedidos como dos tizones al rojo, una mirada despiadada y fulminante, la piel de barro y un culazo oferente y pleno capaz de eclipsar el mismo sol. No había hablado con ella más de dos veces, y siempre sucintamente. No tenía la menor idea de porque la faraona lo había elegido a él para su lasciva complacencia de aquella mañana de resaca y cielos color butano. Brincó de dos en dos los cuarenta peldaños hasta poner el pie en el pasillo y caminó hasta el primero segunda. La puerta permanecía entornada, dentro se percibía una obscuridad boca de lobo. Una voz jadeante llegaba  del fondo de la casa <Estoy aquí, entra…>. Se atiesó el cuello de la camisa, dio un respingo hacia delante y entró. La fuerte fragancia de incienso de limón chamuscado se colaba a través de las aletas de su nariz. El olor amargo del moho de la estancia cerrada a cal y canto, los efluvios y vapores del sexo impaciente podían percibirse aquí y allá. Oliscando ese rastro tropezó con la pata de algo que parecía un piano, luego se golpeó la cabeza con un falso techo. <Estoy aquí, por aquí…> seguía cantando la voz. En la habitación de la que provenía la voz reinaba la penumbra absoluta, nada podía distinguirse allí. <Túmbate aquí, ven, aquí a mi lado…> Tanteó el espacio, se sentó en el vértice de la cama y se descalzó. Una mano súbita lo aferró de los pelos y colocó su cabeza entre dos muslos prietos y flexionados antes siquiera de que hubiera podido quitarse los gallumbos. Sintió la aspereza de una ruda mata de pelo en su nariz y colocó la lengua en aquella raja empapada. Los muslos morenos presionaban con fuerza su cuello y cabeza contra la humeda obertura, con cada molinete de la lengua la faraona se retorcía en un espasmo tembloroso que sacudía todo su cuerpo de la punta del pie al cielo de la boca. Cuando esa clase de muerte se acercaba ella lo apartó de un empellón, le pasó la mano por la boca secándole el impregnado mentón  y lo hizo tumbarse a lo largo de la cama, templó entre sus manos el enhiesto pedazo de carne y se lo llevó a la boca con la naturalidad con que una yegua baja la cabeza hasta la hierba del prado. Boudroff permanecía en trance cuando ella abrió con un movimiento rápido el cajón y extrajo los grilletes. Cuando quiso darse cuenta estaba esposado al cabezal de forja, ella parecía tener una enorme destreza en engrilletar a un hombre. A pesar de lo enrevesado de aquél cuadro, él se sentía formidablemente. Reparó en que la cama estaba llena de restos de chicle que estaban enganchándose en su pelo corporal. La faraona había desplegado un chal y lo hacía resbalar sobre sus pezones largos e inflados, luego le agarró la verga, enroscó el chal alrededor y empezó a moverlo arriba y abajo mientras le hablaba de los signos del zodíaco. Los acuario como Boudrouff eran leales, generosos, apasionados y tenían dificultades para olvidar un mal golpe. Era una mujer generosa y repartida, y cabalgó sobre Boudrouuf con la furia de un acorazado hasta caer doblada. Él no lo consiguió hasta que logró que ella accediera a quitarle las esposas. Un chorro de luz rosada se posó en la espalda de la faraona cuando Boudroff encendió el flexo para poner a rodar un disco de Paco de Lucía que había por allí extraviado. Era una espalda hermosa y firme, tachonada de lunares. Fumaron de una chinita que ella escondía en algún cajón, luego ella se metió al baño a lavarse y se arrancó con una de las canciones que sonaban por el altavoz con esa profundidad de tono con que sólo los miembros de la etnia gitana son capaces de cantar, expulsando todos los demonios en un grito agónico y eterno. Bou estaba echado sobre la cama apurando la colilla entre los labios cuando ella le ordenó que se marchase, pero antes, dijo, debes hacerme la cama. Así que él extendió aquellas sabanas violáceas a lo largo de la cama, metió los faldones entre el colchón y el somier, alisó los pliegues con la mano lo mejor que supo y colocó las almohadas. La faraona le acompañó hasta la puerta y se plantó ante él clavando en su rostro aquella dura mirada, le enderezó las solapas, y mientras su mano descendía apaisando la vieja camisa, colocó en el bolsillo un billete de 50 y cerró la puerta de un golpe. Durante el plazo de un minuto se quedó clavado contemplando aquél billete marrón, luego se dirigió hacia el Bodegó.

Boudrouff tenía una amplia sonrisa dibujada en la frente cuando acabó de contarnos su historia. A través del ojo de buey podía verse la vidriera de la lonja brillando como un pedrusco. Eulali sacó de la alacena una botella de Borgoña y rellenó los vasos. Cuando se está en una situación de verdadera necesidad –sentenció Boudrouff- acaba consiguiéndose aquello que se necesita. ¡Brindemos por eso Bou!. Los vasos de vino desfilaron como las irrefrenables unidades de un ejército, con paso lento y continuo. Aquella tarde volcamos sobre la mesa algunas historias que se habían cocido día a día en las calles de la ciudad de los petroleros y que habían ido cayendo en el pozo del olvido. Pasada la medianoche Eulali bajó la reja y cerró el chiringuito. De regreso a casa rebasaron por mi lado al menos tres coches patrulla con ese aire sonámbulo y absurdo de patitos de goma girando dentro del cubo, sin embargo, ese matiz color butano de la tarde persistía en el cielo y a todo objeto prestaba su luz fabulosa. Boudrouff había conseguido olvidar el drama de la vida por unas horas. Podría enfrentar la semana con fuerza renovada. Me puse a meditar en lo que había dicho acerca de la verdadera necesidad que se ve satisfecha…No le faltaba una pizca de razón. Lo que no sabía Boudrouff es que entre Eulali y yo pagamos a la faraona uno de los verdes. Así es cómo funcionaban las cosas en el barrio. Cuando se está con el agua al cuello la enigmática maquinaria de la vida pone a girar sus ruedas dentadas y se produce el milagro de la humanidad.

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*Laszlo García se reserva los derechos de autor de este relato.


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Lento, constante, implacable, el calvario de su recuerdo caía a cada minuto de mi frente como un albaricoque cae del árbol. Podía oír el ruido del fruto golpeando la tierra seca. Posado en el suelo el recuerdo se pudre despacio y con cada descomposición una nueva simiente se clava en la tierra. La humedad facilita el resquebrajamiento de la cáscara y el tallo sube hacia la luz abriéndose paso a través de la tiniebla del subsuelo con vigorosidad y celo renovados. Mediante las condiciones de calor y agua necesarias, brota y brota. Prolifera con la involuntariedad con que los Dientes de León florecen en mitad del más chamuscado de los desiertos. Una gota de atención, un momento de distracción en el forcejeo, una asociación indebida a cuenta de un Volkswagen negro que atravesara la calle y ya la tenía danzando por los surcos de mi cerebro como un saltimbanqui apuñalador, pinchando carne aquí y allá, trepanando fibras con el huso y las uñas lacadas de verde. Se presentaba como un cosquilleo en el cerebro que pasada una hora se tornaba en torturadora punción en las sienes y al amanecer ya era un verdadero monstruo de proporciones fabulosas con las manos y dientes teñidos de sangre y ácido prúsico.

Me había convertido en un sonámbulo sostenido por un palo de fregona. En la noche hube de batirme con todos los demonios de la traición, la humillación, el delirio y la desesperación. Permanecía atiborrado de pastillas para acallar las voces que empezaban a hablar en cuanto me extendía a lo largo del catre. Tenía una pirula de cada color; la roja obturaba las reminiscencias de sus labios tan bermejos como un higo recién abierto, su cálida vagina y el borrón rosáceo de sus pechos. La verde, como toda esperanza, era inocua y fraudulenta, un bluff para colegiales. La pastilla azul desplegaba un malecón para contener las incursiones de su mirada fija, incontrovertible, absolutamente decidida. Esa clase de mirada de alguien que ha medido bien sus fuerzas y está dispuesta a entregar hasta el último jugo de salvia para desvalijar el cofre de sus anhelos, suceda lo que sucediere, con la determinación de un soldado de hojalata o un loco. La mirada unívoca del águila y el quebrantahuesos, esparcida y concreta a un tiempo, nunca sonriente. El relente de serenidad en la mirada azul que muestra el océano cuando se traga a los barcos y a los hombres. Durante las noches en que todo aquél infierno se hacía humanamente insoportable doblaba la dosis y rezaba a dios. Sí, rezaba a dios, a cualquier dios y al mismo tiempo lo maldecía y escupía con todas mis fuerzas. Jamás había rezado antes de Ella, ni una sola palabra. El asunto había dejado de tratarse de pasión. Una noche sobre las losas petrificadas y húmedas de la estación de Francia acabó con eso. Se asemejaba  más bien a una estampa de total aniquilación psicológica a la que se llega escuchando la mentira sostenida una y otra vez como certeza a lo largo de los días, la cantinela a la que uno se agarra ciegamente como a una baliza en alta mar mientras todos los signos de la razón indican la dirección opuesta, y a propósito de la cual viene a advertirnos algún buen amigo con un gesto de complicidad en el hombro. De alguna manera ella se había colado en mi alma y estaba apagando cigarrillos en sus paredes.

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Los devoradores de opio en sus delirios tuberculosos me parecían cosa de risa y probablemente hubiera acabado en el manicomio de no ser por los contrapesos que mi hermano colgaba de cada una de mis orejas, por el pragmatismo brutal de Big Fransis cogiéndome de las solapas y zarandeándome en mitad de la discoteca para traerme de vuelta a la tierra, la sonrisa de acero de Boudrouff partiéndose el plexo de risa al verme caminar barriendo las paredes con el trago en la mano.

En mi particular Temporada en el Infierno estuve constantemente mordiendo el freno, envuelto en ese mecanismo natural de autodefensa que impide que uno se vuele la tapa de los sesos. Ese mismo instinto de protección hacia el sufrimiento mantenía mi mano quieta cuando trataba de pasar a limpio nuestra historia, o cuando Ella se presentaba de súbito en la residencia de estudiantes y descendía los cuatro escalones haciendo bailar su trasero levantado y respingón, entonces se acercaba a mi oreja y balbucía algo prometedor que iba a cambiar el curso de las cosas.

El invierno ha pasado dejando un reguero de orín, Taoísmo y emulsiones de yodo, ahora estoy sentado en esta misma silla desde donde la contemplaba desplegar para mí todo su teatro de variedades. Hoy vuelvo a oír los pedales de la vida girar incesantemente, tengo las mandíbulas inquietas por hincarle el diente a cada amanecer, las pupilas dispuestas hacia la luz y los motores girando a 35.000 vueltas como morsas enloquecidas por el silbato. Hoy me he desprendido del yugo que apresaba el cuello del buey Apis y he colocado sobre sus cuernos un disco solar. Hoy vuelvo a estar de vuestro lado.

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* Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.

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Un trabajador del censo de Le Havre interpreta  una melodía de Chaikovski con un martillo y un telefonillo de ducha sobre una plancha de metal mientras su amigo lo enfoca con el ojo de una cámara.  Andan matando el tiempo que les queda para completar su jornada laboral. Una nariz porruna de cuyas ventanas brotan largos pelos hirsutos y arremolinados, un monstruo sin ojos y su amigo camarógrafo, que no ceja en el empeño de mostrarnos su cara sonriente y babeante, con todos los síntomas de la idiocia marcados a fuego. He encontrado a estos dos –sin querer- en You Tube, cuando me disponía a ver uno de esos vídeos que muestran algunos milagros de la naturaleza. Permanecía ansioso y desbocado, con todas las balas de acero dispuestas a lo largo del cañón, por echar un vistazo a uno de eso prodigios de la natura cuando de súbito, un ente ajeno a mis querencias – uno de esos mecanismos infernales y automáticos programados vaya a saber por quién- salta como un resorte y pone en marcha el vídeo de los dos pincha-uvas de Le Havre.  La cabeza del guerrero purpúreo, claro, empieza a declinar y a mirar hacia abajo. Huelga decir que profeso una alta dosis de tolerancia para con quién alumbra arte, arte con telefonillos de ducha, arte con cubos de basura, arte con cera de orejas o arte con fístulas. Lo flamígero, lo que escama, lo que insufla hiel a mis encías y provoca la sublevación e inflamación de mis pelotas, es no poder elegir los contenidos que No quiero ver.

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La hedionda, superflua y cucarachera televisión es un medio masivo de obligada digestión, es necesario permanecer sonámbulo y ser lo suficientemente gilipollas para no reparar en este lance a estas alturas del film. De igual manera ocurre con los diarios; politizados, magreados, manipulados, violados, sodomizados hasta los ojos en beneficio de quien pincha y corta. Los medios de comunicación masivos, mal que nos pese, han perdido de vista desde hace mucho tiempo la ecuanimidad e imparcialidad –eso, al presente, es un canto de sirena- cuando no se han declarado en almoneda al mejor postor.

– ¡García! Para mañana quiero una enorme cabecera en letras amarillo chillón que aborde el tema de las aves migratorias hacia la estepa rusa.

– Pero jefe…¿y qué hay del asunto de la imputación de la infanta? Tenemos la exclusiva de las fotos en que se la ve saliendo de los tribunales guarnecida entre sus guardaespaldas! Esa es la noticia de la semana señor director, y aquí en la redacción llevamos todo el día volcados con eso…

– García es usted más tonto de lo que creía…¿usted quiere conservar su empleo como redactor? ¡Pues a los jodidos pájaros coño!

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Pretendemos que internet es otra cosa, una caja de pandora donde todo  tiene cabida, una biblioteca infinita como la que preconizó Borges en su Aleph, un recinto inacabable dónde puedes encontrar absolutamente todo; desde la aberración más innombrable que haya podido realizarse sobre la tierra, hasta la flor del más sabio de los pensamientos. La gracia radica, a diferencia de lo que sucede con la drogo-televisión, en que es uno mismo quién elige el contenido.  Un  verbo –importantisimo- que aprender; seleccionar. Saber sopesar, distinguir, descartar, elegir.

Conocen como la palma de la mano las grietas de nuestras paredes biológicas, sus fisuras y goteras. Realizan inverosímiles escrutinios antropológicos, meticulosos estudios de mercado para saber cuándo y porque se mueve uno sólo de nuestros cabellos de cliente potencial. Tienen preparado todo un arsenal de futilidades, muerte y cachivaches de colores para endilgárnoslos por el culo. Saben que estamos esperando nuestra dosis en el brazo y están del mejor humor por ello. Saben que somos auténticos yonkies y tienen toda la merca en sus almacenes, redacciones, farmacias, consultorios… preparada para ser debidamente postureada.

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Amparados en la certeza de nuestra endeble condición humana, siempre tan frágil y voluble, nos fumigan con todo tipo de información que no necesitamos para nada.  ¿De qué me sirve saber que un demente ha irrumpido en un colegio de Boston rajando niños a diestro y siniestro? No lo sé… ¿Voy a hacer algo al respecto? ¿Puedo evitarlo? Me temo que no, y no obstante lo cual, debemos empatizar con su dolor, con el dolor de sus familias, debemos contemplar con los ojos bien abiertos los brazos y piernas amputados aquí y allá, desparramados por el suelo como en el matadero, debemos ponernos continuamente en sus zapatos y decir para nuestro capote; “¡Oh dios mío pero que locura!, menuda carnicería, las cosas no andan bien…”. Lo que resulta más desconcertante es que nos encantan estas escenas (nos encantan como a disgusto, ¡pero nos encantan, nos chiflan!) y es que todo lo estrambótico, morboso, sangriento y chiflado nos lleva como el mosquito hasta el vinagre. Desde luego, quién se lucra vendiendo el catálogo del horror, la desesperanza y calamidad -que es el mismo que lo provoca- lo sabe y se frota las manos con socarrona fruición.

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                  Fabrican las balas y también las vendas

Lo que te viene en este momento, improbable y querido lector, no es otra cosa que el correspondiente “este cabrón insensible se ha vuelto majareta”. Desde luego que estoy tronado, como todo un redil de cabras, pero esa información no va a servirte de gran cosa. Te propongo realizar una prueba. Piensa detenidamente Para qué te han servido y Qué has hecho al respecto para con los huracanes en Cuba, los Tiffones en Tailandia, las peleas de gallos en Medellín, las matanzas en Burundi, los yacimientos de oro en el Canadá, el cambio presidencial en los Estados Unidos, las violaciones en cualquier parte, los fusiles de asalto rusos a precio de saldo en manos de niños del Afganistán, el sabueseo a lo largo del mundo, de una a otra esquina, en busca del archivillano Bin Laden y su aniquilación. Quizá haya caído en tu dvd algún documental, tal vez esa película –tan agradable- de los pueblos barridos por el maremoto de Tailandia y…poca cosa más. Lo que sí hacemos es vivir en el filo de la navaja, en la angustia y el miedo continuos “por todo lo que está pasando” y que en absoluto necesitamos saber ni podemos cambiar.

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Me doy cuenta de algunas cosas trascendentes cuando me doy cuenta;  los nuevos artefactos, dispositivos y chirimbolos tales como televisores, teléfonos móviles, tabletas y ordenadores salen de fábrica cada día más estilizados, finos y apaisados. Pronto podremos llevarlos pegados a la frente o los sobacos como una tirita. ¡Eso Sí es relevante! Pantallas planas para encefalogramas planos…Nos van dejando algunas pistas.

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Es exactamente en este escenario incierto de caos y arenas movedizas en el que el pastor se ha tirado a dormir y las ovejas van perdidas, donde comienzan los lobos a esbozar una sonrisa torcida y a lustrarse los colmillos para el gran festín… Es en este propicio caldo de cultivo donde florecen como líquenes en agua estancada; los voceros.

-To be continued-

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* Laszlo García se reserva los derechos de autor de este texto.